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La falsa "gripe española" o por qué ya no bautizamos enfermedades con nombres de lugares

Ilustración para el artículo titulado
Captura de pantalla: Shutterstock

Todas las organizaciones políticas y de salud (la OMS, por ejemplo) llaman a la enfermedad que causa el nuevo coronavirus por su nombre acordado, COVID-19. Pero algunas personas se obstinan en que deberíamos llamarla “el virus chino” o vincular su nombre a una ubicación. Eso es una mala idea, y he aquí porqué.

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Muchas enfermedades del pasado llevan el nombre del lugar donde se originaron, y eso resultó ser una mala idea por muchas razones. Una de ellas es que su origen a menudo es impreciso. La gripe pandémica de 1918 recibió el nombre de “gripe española” en muchos países, no porque comenzara en España, sino porque los gobiernos no querían que se supiera que estaban experimentando un brote de una enfermedad mientras seguían en guerra. Los periódicos españoles no estaban censurados, por lo que fueron los primeros en informar al respecto. El virus en realidad se originó en otro lugar, posiblemente en Kansas. Por lo tanto, un nombre geográfico más preciso podría haber sido “gripe estadounidense” o “gripe de Kansas”.

Pero nadie quiere que su lugar de origen sea infame por dar nombre a una enfermedad, sea un origen preciso o no. ¿Cómo te sentirías si vivieras cerca del río Ébola o del bosque Zika?

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Los nombres imprudentes pueden interferir, además, en el tratamiento adecuado de un brote. Cuando hubo un brote de peste en el Chinatown de San Francisco, en 1900, el racismo y la xenofobia anti-chinos contribuyeron a la discriminación, la estigmatización y una política de salud chapucera.

Los sentimientos anti-chinos también son un problema con el coronavirus. Centrarse en quién tiene una enfermedad nunca será tan efectivo como centrarse en cómo contenerla adecuadamente. Al virus no le importa de dónde vienes. Cualquiera puede contraerlo.

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Por todas estas razones, la Organización Mundial de la Salud emitió directrices hace unos años sobre cómo nombrar enfermedades de una manera que las describa con precisión, sin estigmatizar personas o lugares, o incitar miedo innecesario. Ahora se supone que las enfermedades se nombran por sus síntomas, características y la causa de la enfermedad, si se conocen. COVID-19, abreviatura de “enfermedad por coronavirus descubierta en 2019”, es un nombre apropiado. Esto es lo que no recomiendan:

Conviene evitar algunos términos, como los referidos a lugares geográficos (por ejemplo, síndrome respiratorio de Oriente Medio, gripe española, fiebre del Valle del Rift), nombres de personas (por ejemplo, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, enfermedad de Chagas), especies de animales o alimentos (por ejemplo, gripe porcina, gripe aviar, viruela símica), referencias culturales o a poblaciones, industrias o profesiones concretas (por ejemplo, enfermedad de los legionarios) y términos que suscitan miedo (como desconocido, mortal, epidémico).

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Así que, sí, hubo enfermedades nombradas de esa manera en el pasado, pero la comunidad de salud pública aprendió de sus errores y ya no los repite.

Cualquiera que defienda, hoy, en 2020, un nombre geográfico para una enfermedad es el ingenuo de esta historia (¡envíales este artículo!) o está tratando de provocar deliberadamente sentimientos xenófobos. Los líderes mundiales ahora se culpan mutuamente por el virus, lo que es una tontería. Es un virus. Así que tomémoslo en serio y llamémoslo por su nombre real.

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