Entre hace 16 y 11.6 millones de años, un joven caimán se topó con lo que parecía un suculento bocado en lo que hoy es Sudamérica. Sin embargo, la presa resultó ser bastante ambiciosa, ya que no se trataba de cualquier animal.
Temible y con una mordida letal
Era un phorusrhácido, un gran carnívoro por derecho propio, conocido popularmente como “ave del terror”. Estas aves, hoy extintas, no se rendían sin pelear, a menos, claro, que ya estuvieran muertas y el caimán simplemente estuviera carroñeando. Pero todo indica que ese no fue el caso. El encuentro entre estos dos depredadores tope realmente ocurrió, y lo único que queda como testimonio son unas cuantas marcas de mordida en un hueso fosilizado que data del Mioceno medio. Para los paleontólogos, este hallazgo ofrece una rara ventana a una interacción alimenticia prehistórica entre dos formidables, pero muy distintos, animales.
“La evidencia de interacciones tróficas directas entre depredadores tope ha sido históricamente poco estudiada”, escribieron los investigadores en un estudio que reconstruye el enfrentamiento, publicado este miércoles en la revista Biology Letters. “Las presas suelen ser herbívoros u otros animales que no se encuentran en la cima de la red trófica”, es decir, que no son depredadores tope. Este caso anecdótico de un “depredador tope acuático alimentándose de un depredador tope terrestre” contribuye a comprender mejor la complejidad de las redes alimenticias tanto en ecosistemas modernos como antiguos, explicaron los científicos.
Para analizar el antiguo enfrentamiento, los investigadores escanearon el fósil ya identificado del ave del terror y crearon un modelo digital de las heridas. Luego convirtieron las marcas de dientes en moldes negativos para compararlas con dentaduras de crocodiliformes (grupo que incluye a cocodrilos, caimanes y aligátores) provenientes de La Venta, un importante yacimiento fósil ubicado en Colombia, de donde proviene el espécimen.
“Las comparaciones con ejemplares del actual caimán negro (Melanosuchus niger) sugieren que las heridas fueron causadas por un gran caimán del grupo caimaninae, de entre 4.6 y 4.8 metros de largo”, explicaron los investigadores, entre ellos el biólogo Andrés Link, de la Universidad de los Andes. “En el conjunto fósil actual de La Venta, la mejor coincidencia para un caimán de ese tamaño sería un espécimen juvenil o subadulto del gigante Purussaurus neivensis, el crocodiliforme más grande de la fauna de La Venta.”
La fatalidad en estado puro
Dado que las marcas en el hueso del ave no muestran señales de cicatrización, lo más probable es que el animal no haya sobrevivido al ataque del Purussaurus neivensis, o que ya estuviera muerto cuando ocurrió.
En última instancia, el estudio arroja luz sobre la interacción entre “algunos de los depredadores tope más emblemáticos del Mioceno en Sudamérica”, lo que sugiere que las grandes aves del terror tenían más amenazas de lo que los científicos habían considerado hasta ahora.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Lucas Handley. Aquí podrás encontrar la versión original.