Saltar al contenido

3I/ATLAS ya era un visitante rarísimo por venir de otro sistema estelar. Lo sorprendente es que ahora su composición química podría estar revelando de qué parte de la galaxia escapó

Los astrónomos han estudiado las huellas químicas dejadas por este cometa interestelar al calentarse cerca del Sol y creen haber encontrado algo excepcional: indicios de que se formó alrededor de una estrella más vieja y pobre en metales, muy lejos de nuestro entorno cósmico.

Cuando un objeto interestelar cruza el sistema solar, lo normal es que apenas nos dé tiempo a mirarlo antes de que vuelva a perderse en la oscuridad. Pasó con ʻOumuamua. Pasó también, aunque algo mejor, con Borisov. Y por eso 3I/ATLAS ha despertado tanto entusiasmo: porque esta vez la visita ha llegado con una oportunidad científica bastante más jugosa.

No solo hemos podido detectar que viene de fuera. También hemos empezado a leer qué llevaba dentro. Y eso, en astronomía, es casi como pedirle el pasaporte químico a una piedra helada nacida alrededor de otra estrella.

Lo importante de este cometa no es solo su trayectoria. Es lo que empezó a soltar al acercarse al Sol

3I/ATLAS ya era un visitante rarísimo por venir de otro sistema estelar. Lo sorprendente es que ahora su composición química podría estar revelando de qué parte de la galaxia escapó
© NASA, ESA, STScI, D. Jewitt (UCLA) y J. DePasquale (STScI).

La clave del estudio, publicado en arXiv, está en algo muy sencillo de explicar y muy valioso de observar: cuando un cometa se acerca al Sol, sus hielos empiezan a calentarse y a sublimarse, es decir, pasan directamente de sólido a gas. Ese material expulsado forma parte de la cola y la coma del cometa, pero también deja al descubierto una cosa muy útil para los astrónomos: su composición química.

En el caso de 3I/ATLAS, esa liberación de gases ha permitido hacer algo que rara vez puede hacerse con tanta claridad en un objeto interestelar: medir proporciones isotópicas. Dicho de forma menos áspera: no solo ver de qué está hecho, sino también leer pequeñas pistas químicas que delatan dónde y en qué condiciones se formó.

La pista más llamativa está en el nitrógeno. Y no encaja bien con nuestros cometas

El equipo liderado por Cyrielle Opitom, de la Universidad de Edimburgo, utilizó observaciones de la molécula CN obtenidas con el espectrógrafo UVES del Very Large Telescope (VLT). A partir de ahí detectaron algo bastante llamativo: una relación isotópica de nitrógeno 14N/15N mucho más alta de lo habitual.

Y cuando decimos mucho más alta, no hablamos de una pequeña desviación. Hablamos de una proporción aproximadamente el doble de la que solemos ver en cometas del sistema solar.

Eso importa bastante. Porque estas relaciones isotópicas funcionan, en cierto modo, como una huella de origen. No señalan una dirección exacta como un GPS, pero sí acotan el tipo de entorno donde ese material pudo haberse formado. Y en este caso, la señal apunta a algo bastante concreto.

La química de 3I/ATLAS sugiere que no nació en un entorno como el nuestro

Además del nitrógeno, el estudio también detectó una proporción elevada de carbono 12C/13C. Aunque en este caso los valores no se alejan tanto de los cometas del sistema solar, la combinación completa de señales químicas sí parece contar una historia distinta.

La interpretación de los investigadores es que 3I/ATLAS podría haberse formado alrededor de una estrella más antigua y con baja metalicidad. Es decir, un entorno donde había menos elementos pesados disponibles que en regiones como la nuestra.

Eso no significa que venga de fuera de la galaxia ni nada parecido. Pero sí sugiere que su origen estaría en una parte de la Vía Láctea bastante distinta del vecindario donde nació el Sol.

Ahora mismo hay dos zonas candidatas. Y ambas están bastante lejos de casa

3I/ATLAS ya era un visitante rarísimo por venir de otro sistema estelar. Lo sorprendente es que ahora su composición química podría estar revelando de qué parte de la galaxia escapó
© NASA / Goddard / LASP / CU Boulder.

Con los datos actuales, el equipo considera que el origen más plausible para este cometa estaría en el disco exterior de la galaxia o en el llamado disco grueso. Estas regiones no son precisamente el centro turístico de la Vía Láctea. Se asocian, en general, a poblaciones estelares más viejas, menos ricas en metales y químicamente distintas de las zonas donde solemos encontrar estrellas como el Sol.

Y eso vuelve a 3I/ATLAS bastante más interesante de lo que parecía al principio. Porque ya no estamos solo ante un objeto que vino “de fuera”. Estamos, potencialmente, ante un fragmento helado que se formó en un barrio galáctico completamente diferente al nuestro y que, por pura casualidad cósmica, ha cruzado por aquí lo justo para dejar algunas pistas.

Lo más fascinante es que este cometa no solo se está moviendo por el espacio. También está trayendo memoria química de otro sistema

Ese es, quizá, el verdadero corazón de esta historia. A menudo pensamos en los objetos interestelares como curiosidades dinámicas: cosas que pasaron por aquí, nos sorprendieron y siguieron su camino. Pero 3I/ATLAS deja ver algo mucho más interesante. Su composición sugiere que estos cuerpos también pueden funcionar como cápsulas químicas de otros sistemas planetarios.

No estamos viendo solo una roca o una bola de hielo errante. Estamos viendo material formado alrededor de otra estrella, en otro entorno, bajo otras condiciones, conservado durante millones o miles de millones de años y entregado brevemente a nuestros telescopios. Y eso convierte cada medición en algo bastante más íntimo de lo que parece.

Aún no tenemos una respuesta definitiva. Pero ya no estamos tan a ciegas como antes

Conviene decirlo: esto todavía no cierra del todo el caso. Algunos trabajos sobre la trayectoria de 3I/ATLAS apuntan a posibilidades ligeramente distintas, y los propios autores reconocen que aún quedan observaciones por analizar. Pero incluso con esa cautela, el avance es importante.

Porque por primera vez estamos empezando a hacer con un objeto interestelar algo más sofisticado que seguirle la pista: estamos empezando a reconstruir su lugar de nacimiento. Y eso, si se confirma en futuros visitantes, puede cambiar bastante nuestra relación con estos cuerpos.

Ya no serían solo intrusos raros que cruzan el sistema solar. Serían algo mucho más potente: mensajeros químicos de otras regiones de la galaxia. Y sinceramente, cuesta pensar en muchos visitantes más interesantes que ese.

También te puede interesar