Saltar al contenido
Ciencia

La galaxia que guarda el secreto químico de la vida. El telescopio James Webb detecta moléculas orgánicas complejas en una protoestrella fuera de la Vía Láctea

En la Gran Nube de Magallanes, a 160.000 años luz, el telescopio James Webb identificó compuestos como metanol, etanol y ácido acético en el hielo interestelar de una joven estrella. El hallazgo sugiere que los procesos químicos que preceden a la vida son universales y pueden surgir en entornos muy distintos al nuestro.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Durante décadas, los astrónomos se preguntaron si los ingredientes fundamentales de la vida podían existir más allá de nuestra galaxia. Ahora, esa respuesta comienza a tomar forma.

En una nube de polvo y hielo que orbita una joven estrella de la Gran Nube de Magallanes, el telescopio espacial James Webb ha detectado por primera vez moléculas orgánicas complejas fuera de la Vía Láctea. El hallazgo marca un antes y un después para la astrobiología: la química que dio origen a la vida podría ser mucho más común de lo que imaginábamos.

Un hallazgo pionero más allá de nuestra galaxia

Hallazgo inédito en una galaxia vecina. El James Webb detecta moléculas esenciales para la vida en el hielo que rodea una estrella en formación
© NASA, ESA, R. Kirshner (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics and Gordon and Betty Moore Foundation), and M. Mutchler and R. Avila (STScI).

La investigación, publicada en The Astrophysical Journal Letters y liderada por Marta Sewilo, astrónoma de la NASA y la University of Maryland, describe un descubrimiento sin precedentes: cinco moléculas orgánicas —metanol, etanol, formiato de metilo, acetaldehído y ácido acético— fueron halladas en el hielo que rodea a la protoestrella ST6, una estrella en formación dentro de la Gran Nube de Magallanes.

Hasta ahora, los científicos solo habían detectado metanol en hielos de nuestra galaxia. El nuevo estudio extiende esa frontera a otra galaxia por primera vez, demostrando que los procesos químicos que forman las moléculas prebióticas pueden desarrollarse en ambientes completamente distintos al nuestro.

Incluso se detectaron señales débiles de glicolaldehído, un compuesto esencial en la formación del ARN, aunque su confirmación requerirá observaciones adicionales.

“Por primera vez comprobamos directamente que los ingredientes de la vida pueden formarse fuera de la Vía Láctea”, explicó Sewilo. “Esto cambia todo lo que pensábamos sobre la universalidad de la química orgánica”.

Un laboratorio natural para estudiar el universo primitivo

La Gran Nube de Magallanes, situada a unos 160.000 años luz, es una galaxia satélite de la nuestra y una de las más estudiadas del cielo austral. Su principal característica es su baja metalicidad, es decir, una cantidad reducida de elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Esa composición la hace similar a las galaxias jóvenes del universo temprano, cuando los metales aún eran escasos y la radiación ultravioleta más intensa.

Este entorno extremo la convierte en un laboratorio cósmico ideal para entender cómo pueden formarse moléculas complejas en condiciones diferentes a las de la Vía Láctea. Los científicos sostienen que, si la química orgánica puede prosperar en un lugar tan hostil, entonces debe ser una consecuencia natural del cosmos, no una rareza local.

“Lo que aprendemos aquí puede aplicarse a galaxias mucho más distantes y antiguas”, señaló Sewilo. “La Gran Nube de Magallanes es una ventana al pasado químico del universo.”

La mirada infrarroja del James Webb

El descubrimiento fue posible gracias a la sensibilidad sin precedentes del instrumento MIRI (Mid-Infrared Instrument) a bordo del James Webb Space Telescope.
A diferencia de otros observatorios, el JWST puede detectar la luz infrarroja que atraviesa las nubes de polvo interestelar, permitiendo analizar el espectro químico de hielos situados a miles de billones de kilómetros.

Durante las observaciones, el telescopio registró débilísimas señales espectrales que correspondían a vibraciones moleculares específicas de los compuestos hallados. Estas “huellas digitales” químicas confirmaron la presencia de las moléculas orgánicas directamente en el hielo interestelar y no en el gas circundante, una distinción crucial para entender cómo se forman y conservan.

“Gracias a la resolución del James Webb podemos identificar estructuras químicas que antes eran invisibles”, explicó Sewilo. “Cada línea espectral es una pieza del rompecabezas de la vida.”

Un universo químicamente fértil

Hallazgo inédito en una galaxia vecina. El James Webb detecta moléculas esenciales para la vida en el hielo que rodea una estrella en formación
© NASA.

La presencia de compuestos orgánicos en el hielo que rodea una estrella naciente tiene implicaciones profundas. Estas moléculas —formadas por carbono, hidrógeno, oxígeno y otros elementos livianos— son los bloques constructores de la vida tal como la conocemos. Su hallazgo en una galaxia con condiciones tan distintas sugiere que la química prebiótica no es un privilegio de la Tierra ni de la Vía Láctea, sino un fenómeno universal.

Esto implica que los ingredientes fundamentales para la vida pudieron haberse formado desde las primeras generaciones de galaxias, mucho antes de la aparición de sistemas planetarios maduros como el nuestro. En palabras de Sewilo, “el universo parece tener una tendencia natural a producir los ladrillos químicos de la biología”.

Las huellas del futuro

El equipo planea extender la búsqueda a otras regiones de la Gran Nube de Magallanes y a su vecina, la Pequeña Nube de Magallanes, con el objetivo de comparar la abundancia de estas moléculas entre galaxias. Hasta ahora, solo se conocen cuatro fuentes en la Vía Láctea y una en la Gran Nube con detección confirmada de moléculas orgánicas complejas en hielo.

Si futuras observaciones confirman la presencia de glicolaldehído y otros compuestos relacionados con los ácidos nucleicos, podría establecerse la primera evidencia directa de precursores biológicos fuera de nuestra galaxia.

Más que un descubrimiento astronómico, este hallazgo es una invitación a repensar la vida como un fenómeno cósmico, no terrestre. Entre las sombras heladas de una galaxia vecina, el James Webb acaba de revelar algo más que moléculas: una promesa silenciosa de que la química de la vida podría repetirse en otros rincones del universo.

Compartir esta historia

Artículos relacionados