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Ciencia

La Generación Z descubrió que algunos de los trabajos más protegidos frente a la IA no están en una oficina, sino detrás de una caja de herramientas. Cada vez más jóvenes cambian la universidad por un oficio que les permite cobrar antes y abrir su propia empresa

Las matriculaciones en estudios técnicos están creciendo mientras Estados Unidos acumula miles de vacantes para electricistas, mecánicos y fontaneros. No es una huida masiva de la universidad, sino una generación que ha empezado a hacer las cuentas de otra manera.
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Durante décadas, el camino hacia la estabilidad parecía escrito de antemano: estudiar una carrera universitaria, conseguir un empleo de oficina y ascender hasta alcanzar un puesto directivo. La Generación Z entró al mercado laboral justo cuando esa promesa empezó a resquebrajarse.

Las matrículas universitarias pueden implicar años de estudio y una deuda considerable, mientras que muchos puestos administrativos y tecnológicos están sufriendo despidos, externalizaciones y automatización. Al mismo tiempo, Estados Unidos necesita personas capaces de instalar cableado, reparar maquinaria, mantener sistemas de climatización o construir los centros de datos que permiten funcionar a la propia inteligencia artificial.

No significa que toda una generación haya renunciado a la universidad. Sin embargo, sí existe un movimiento medible hacia profesiones que durante años fueron presentadas como una alternativa secundaria.

Las aulas técnicas están recibiendo cada vez más estudiantes

La Generación Z descubrió que algunos de los trabajos más protegidos frente a la IA no están en una oficina, sino detrás de una caja de herramientas. Cada vez más jóvenes cambian la universidad por un oficio que les permite cobrar antes y abrir su propia empresa
© Unsplash / Christian Agbede.

Los datos preliminares del National Student Clearinghouse Research Center muestran que, durante el otoño de 2025, las matriculaciones en mecánica y reparación aumentaron un 10,4% en las instituciones estadounidenses de dos años. Las especializaciones en tecnologías de ingeniería crecieron otro 8,3%.

La oportunidad laboral ayuda a explicar el cambio. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos calcula que el país necesitará cubrir una media de 72.700 puestos de electricista cada año hasta 2035. La profesión tenía en 2025 un salario mediano de 63.190 dólares anuales, por encima de los 50.980 dólares correspondientes al conjunto de ocupaciones.

En fontanería, instalación de tuberías y sistemas de vapor, el salario mediano alcanzaba los 63.800 dólares. Se proyectan alrededor de 42.000 vacantes anuales, muchas de ellas provocadas por trabajadores que cambian de profesión o llegan a la jubilación.

La ironía es difícil de ignorar. La inteligencia artificial puede reducir determinados puestos de oficina, pero necesita centros de datos, nuevas redes eléctricas y gigantescos sistemas de refrigeración. Toda esa infraestructura debe ser construida y mantenida por electricistas, fontaneros y técnicos de climatización que ya escasean.

El objetivo no es conseguir un despacho: es quedarse con la empresa

La Generación Z descubrió que algunos de los trabajos más protegidos frente a la IA no están en una oficina, sino detrás de una caja de herramientas. Cada vez más jóvenes cambian la universidad por un oficio que les permite cobrar antes y abrir su propia empresa
© Unsplash / Yunus Tuğ.

El principal atractivo tampoco parece limitarse al salario. El Blue-Collar Report 2026 de Jobber encontró que el 77% de los jóvenes encuestados quería convertirse en propietario de un negocio.

Un 46% consideraba que los oficios ofrecían mejores oportunidades para conseguirlo, frente al 24% que escogía las profesiones que requieren una titulación universitaria. Además, un 34% veía los trabajos técnicos como el camino más rápido para progresar económicamente, mientras que un 27% señalaba a la universidad.

Los resultados deben leerse con cierta cautela. Jobber es una plataforma comercial vinculada a empresas de servicios y su encuesta abarcó a 1.033 estadounidenses de entre 18 y 20 años, no a toda la Generación Z. Aun así, refleja un cambio de percepción importante: ser electricista o mecánico ya no aparece necesariamente como un plan alternativo, sino como una puerta hacia la independencia económica.

Los aprendizajes profesionales también permiten generar ingresos mientras se adquiere experiencia. Eso reduce el coste inicial y facilita empezar antes, aunque los aprendices suelen cobrar menos hasta completar su formación.

Cambiar la universidad por un oficio tampoco garantiza dinero fácil

Los empleos manuales tienen su propia letra pequeña. Pueden implicar esfuerzo físico, desplazamientos, turnos nocturnos, exposición a lesiones y trabajo en condiciones incómodas. Muchos exigen años de aprendizaje, certificaciones y licencias estatales. Los sueldos de seis cifras existen, pero suelen corresponder a especialistas experimentados, muchas horas extra o propietarios de negocios, no a cualquier trabajador recién incorporado.

La universidad tampoco ha dejado de ser rentable para millones de personas. Lo que está desapareciendo es la idea de que constituye el único camino respetable hacia el éxito.

Para una generación que ha visto cómo un algoritmo aprende en meses tareas que requerían años de formación, trabajar con sistemas físicos ofrece algo especialmente valioso: una demanda que no puede resolverse únicamente instalando otro programa. Y para muchos jóvenes, la meta ya no consiste en ocupar una oficina. Consiste en aprender el oficio, comprar una furgoneta y terminar siendo quienes contratan a los demás.

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