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La inmunidad de rebaño no nos salvará del coronavirus

Ilustración para el artículo titulado
Ilustración: Elena Scotti

Si no hemos podido contener la pandemia de covid-19 al menos podemos esperar a ese punto en el que todos hayamos pasado la enfermedad y seamos inmunes ¿verdad? Es una idea tentadora, solo que en la práctica no funciona. La inmunidad de rebaño no nos salvará de la enfermedad. Solo la vacuna lo hará.

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La inmunidad de rebaño puede salvarte del covid-19 como individuo, pero no sirve para mantener el rebaño a salvo ¿Lo que estoy diciendo suena contraintuitivo? Echemos un vistazo a cómo funciona la inmunidad de rebaño y lo que puede pasar si dejamos que la naturaleza siga su curso en este caso concreto.

Cómo funciona la inmunidad de rebaño

Cuando una enfermedad contagiosa potencialmente mortal se extiende por una población solo deja dos cosas a su paso: muertos o supervivientes. En muchas enfermedades ocurre que estos supervivientes se vuelven inmunes al patógeno que los enfermó. Un primer dato al respecto del covid-19. Se cree que sobrevivir a la enfermedad te hace inmune a ella. Lee otra vez. SE CREE. Aún no estamos seguros de cómo funciona esta inmunidad y durante cuánto tiempo lo hace (más sobre eso luego).

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Inmunidad significa protección. Un individuo inmune puede pasearse a sus anchas por esa población sin miedo a sufrir la enfermedad. La inmunidad de rebaño consiste precisamente en eso. Si todo el mundo es inmune a la enfermedad, una persona que no lo sea puede estar protegida porque está rodeada de gente que sí lo es. La enfermedad no se transmite.

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La inmunidad de rebaño es precisamente el objetivo de las campañas de vacunación. Pongamos que el 95% de la población es inmune al sarampión. Si una persona con sarampión entra en ese grupo el patógeno tiene pocas oportunidades de transmitirse hasta una persona que no sea inmune. El 5% de personas que no están vacunadas están protegidas porque la enfermedad no puede contagiar a las suficientes personas como para llegar hasta ellas.

Por supuesto, la persona no vacunada puede tener muy mala suerte y toparse de bruces con el visitante infectado. Entonces se contagiará (y quizá muera), pero como la mayoría de la población sigue siendo inmune la enfermedad no tiene posibilidades de extenderse causando una pandemia. Se limita a un puñado de casos anecdóticos.

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El porcentaje de población inmune necesario para alcanzar la inmunidad de rebaño depende de la enfermedad. El sarampión es extremadamente contagioso. Cada persona infectada puede contagiar a entre 12 y 18 personas en una población en la que nadie es inmune. Covid-19 no es ni de lejos tan contagioso, pero los investigadores aún están determinando su tasa de contagio o número R0. Se estima que está entre 2 y 3. Eso significa que para frenar su expansión solo necesitamos que el 60% de la población sea inmune.

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¿60%? Suena genial. Hagámoslo

No tan rápido. Antes escuchemos las palabras de una epidemióloga. Ellie Murray es profesora de epidemiología en Universidad de Boston, y apunta una cara de la inmunidad de rebaño que normalmente se pasa por alto: “La idea de alcanzar la inmunidad de rebaño para volver a la normalidad no suele tener en cuenta un detalle, y ese detalle es que para alcanzarla tenemos que enfermar todos.”

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Es cierto que es posible enfermar de covid-19 y que sus síntomas no revistan gravedad, pero hay personas que contraen el coronavirus y se ponen muy enfermas y/o se mueren. Incluso aunque sobrevivan, muchos pacientes deben pasar semanas ingresados con atención médica constante. Algunos superan la enfermedad pero con secuelas importantes a largo plazo como daños en ciertos órganos. Ni siquiera sabemos aún cuáles son las secuelas del covid-19 a largo plazo porque los primeros pacientes de la historia en sobrevivir a ella lo han hecho hace solo unos meses.

¡Oh! Y eso sin contar que para alcanzar la inmunidad de rebaño va a morir gente a mansalva. El porcentaje de víctimas mortales aún es objeto de debate científico porque depende de cada persona y de cómo contabilices las víctimas, pero se cree que ronda el 3%. Solo en Estados Unidos eso significa dejar morir a millones de personas.

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Ilustración para el artículo titulado
Foto: Getty Images

Esto es algo que la gente que defiende la inmunidad de rebaño como método de lucha contra el coronavirus no ha entendido bien. La inmunidad de rebaño funciona contra el sarampión porque EXISTE UNA VACUNA. Para hacerte inmune al sarampión basta con que te pongas la vacuna, no necesitas contraer la enfermedad. Con el covid-19 la única manera de ganar inmunidad es enfermando. ¿Quieres apostar tu vida a la lotería? Tienes tres posibilidades sobre cien de morir. ¿Qué puede salir mal?

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Pero si sobrevivo a la enfermedad al menos seré inmune ¿no?

Quizá. Por un tiempo quizá. El problema ahora mismo es que no sabemos cuánto tiempo dura la inmunidad al covid-19. Si nos basamos en lo que sabemos sobre otros coronavirus esa inmunidad podría durar alrededor de un año.

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Incluso aunque la inmunidad sea de por vida hay otro problema. Ningún grupo va a estar compuesto solo por supervivientes mucho tiempo. Nacen nuevos niños, llegan viajeros y migrantes de otros países. El número de supervivientes inmunes irá diluyéndose y haciendo que el patógeno tenga más fácil llegar hasta los no inmunizados. El sarampión es de nuevo el mejor ejemplo de esto. Hasta que no descubrimos la vacuna, las epidemias de sarampión se repetían cada pocos años cobrándose miles de vidas, la mayor parte niños que no estaban inmunizados. Las cifras serían diferentes con el covid-19 porque su mortalidad es más baja, pero el principio de funcionamiento sigue siendo el mismo.

Bueno, pero ¿y si contagiamos solo a la gente joven?

El primer problema con esta frase es el sujeto. Contagiamos... ¿Quiénes contagian? ¿Tú? ¿Nosotros? ¿dios? ¿Hay un departamento de infecciones del que aún no he oído hablar? Hay personas jóvenes muriendo de covid-19. ¿Quién va asumir la responsabilidad de contagiarles a ver qué pasa sabiendo que hay un porcentaje de fallecidos? Ya para empezar hablamos de una decisión muy problemática desde el punto de vista ético.

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Pero vale. Imaginemos que estamos de acuerdo (Solo para que quede constancia: no estoy de acuerdo) en dejar morir a algunos jóvenes en pro del bien común. Esa es la idea subyacente a las propuestas de reabrir los colegios y dejar que la gente joven vuelva a trabajar mientras mantenemos a los ancianos secuestrados en sus casas.

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El problema, como apunta Murray, es que no existe ninguna manera de controlar una infección de esta manera tan selectiva. La inmunidad de rebaño funciona sobre la estructura de una red de contactos y los filamentos de esta red no pueden cortarse del todo por muy burros que nos pongamos con el confinamiento. Basta una sola exposición al virus en una residencia de ancianos no inmunizados para desencadenar una catástrofe.

El segundo problema es que para lograr la inmunidad de rebaño contra el covid-19 solo tenemos que alcanzar el 60% de inmunizados, pero no tenemos un mecanismo para parar la enfermedad cuando llegue a ese porcentaje. Las epidemias tienen su propio momento y en cuanto sobrepasan un determinado porcentaje el impulso sencillamente las hace seguir. Si tuviéramos un interruptor para parar la pandemia en seco ¿no crees que ya lo habríamos pulsado hace tiempo?

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Y sigue estando la cuestión de quién asume la responsabilidad de todo el tinglado. Enviar a gente a la muerte escondidos en la estadística sigue siendo enviar a gente a la muerte. Hacerlo con voluntarios no hace que las pegas éticas al asunto sigan siendo enormes, y crear una estructura social basada en la inmunidad a una enfermedad ya se hizo antes, y apesta a desigualdad.

Establecer la inmunidad de rebaño contra el covid-19 sin una vacuna no solo no será efectivo, sino que supondrá un coste de vidas humanas que al menos yo no estoy dispuesta a asumir, ni directa ni indirectamente. Aceptar esa propuesta no es la manera de vencer a la enfermedad. Es la confirmación de que habremos perdido.

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Texto original escrito por Beth Skwarecki para Vitals. Traducción al español: Carlos Zahumenszky.

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