Los doctores Denton A. Cooley y John C. Norman Jr. Foto: Texas Heart Institute

La idea es tan futurista, que parece digna del mism√≠simo Tony Stark, pero es muy real, o lo fue. Durante cerca de diez a√Īos, dos de las organizaciones cient√≠ficas m√°s prestigiosas de Estados Unidos compitieron por un objetivo improbable: crear el primer coraz√≥n artificial alimentado por energ√≠a nuclear.

Corr√≠a el a√Īo 1967, y nadie ten√≠a una tecnolog√≠a que permitiera fabricar un reactor nuclear del tama√Īo de un coraz√≥n como el que Iron Man lleva implantado en el pecho. A√ļn hoy es pura ciencia-ficci√≥n. Sin embargo, para esa fecha s√≠ que hab√≠amos enviado varios sat√©lites al espacio que obten√≠an su energ√≠a gracias a un motor de Plutonio.

Ese motor es lo que en t√©rminos de ingenier√≠a se conoce como un generador termoel√©ctrico de radiois√≥topos o RTG por sus siglas en ingl√©s. Lo que produce la electricidad no es otra cosa que el calor que emite una peque√Īa cantidad de Plutonio al decaer.

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La idea comenz√≥ a ser explorada en paralelo por dos organizaciones cient√≠ficas: El Instituto Nacional del Coraz√≥n (NHI), y la Agencia de la Energ√≠a At√≥mica (AEC). Ambas contaban, por cierto, con el apoyo de fondos federales para llevar a cabo sus investigaciones. El reto fue asumido con dos enfoques diferentes. El NHI comenz√≥ a dise√Īar una v√°lvula card√≠aca funcional que no produjera rechazo en el paciente cuya energ√≠a proven√≠a de un dispositivo nuclear externo. El AEC trat√≥ de integrar ambos dispositivos en uno solo que pudiera implantarse.

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Los doctores Denton A. Cooley y John C. Norman lograron, entre 1972 y 1974, implantar con éxito en vacas varios corazones artificiales alimentados por Plutonio-238. Los animales lograron sobrevivir durante unas horas, pero el sistema distaba mucho se ser perfecto. El principal problema era que el isótopo radioactivo genera una considerable cantidad de calor que no es fácil de disipar. Eso por no mencionar el riesgo de una posible intoxicación por radiación y los problemas de aislamiento que generaba.

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A finales de los 70, y en plena guerra fría, se sumó una nueva preocupación al proyecto: que alguien decidiera robar el plutonio de los pacientes con un corazón atómico para fabricar armas nucleares. finalmente, la idea se abandonó porque sus inconvenientes eran mucho mayores que la supuesta ventaja que ofrece una fuente de energía de larga duración como el plutonio. Los dos proyectos nunca se retomaron.

El corazón de AbioCor implantado en 2001. Foto: Heart Pioneers.

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A d√≠a de hoy, la ciencia sigue tratando de dise√Īar un coraz√≥n completamente funcional que pueda sustituir el de una persona. Estamos cerca, pero a√ļn no hemos perfeccionado la t√©cnica. En 2001, la compa√Ī√≠a AbioCor logr√≥ implantar un coraz√≥n artificial con √©xito. Su receptor, Tom Christerson, vivi√≥ con √©l durante 512 d√≠as. La mayor parte de los pacientes que se han sometido voluntariamente a estas intervenciones solo sobreviven unos meses. [Physics Today v√≠a Science Alert]


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