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Ciencia

La misión soviética que estuvo a punto de aterrizar en Fobos y desapareció por un fallo inesperado

Dos sondas soviéticas viajaron a Marte con una misión extraordinaria: explorar su luna más grande y convertirse en pioneras de una nueva era espacial. Sin embargo, una cadena de errores frustró sus planes
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En la exploración espacial, un pequeño error puede arruinar años de trabajo y millones de kilómetros de viaje. A finales de los años ochenta, la Unión Soviética preparó una de sus misiones más ambiciosas para estudiar Fobos, una luna de Marte que escondía numerosas incógnitas. Las sondas debían fotografiar su superficie desde distancias mínimas, analizar su composición y desplegar los primeros aterrizadores concebidos para posarse en un satélite de otro planeta.

El proyecto contaba con tecnología innovadora, instrumentos científicos internacionales y una estrategia que podía cambiar el rumbo de la exploración planetaria. Pero las dos naves terminaron protagonizando una historia muy distinta: una se perdió por un error de programación y la otra quedó fuera de control justo cuando estaba a punto de culminar su objetivo.

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©YouTube

Un proyecto que debía abrir una nueva etapa espacial

La historia comenzó en los años setenta, cuando la comunidad científica soviética debatía cómo competir con Estados Unidos en la exploración del Sistema Solar. Mientras algunos defendían concentrar los esfuerzos en Venus, otros querían recuperar el protagonismo en Marte. Los grandes proyectos para enviar vehículos y traer muestras del planeta rojo resultaron demasiado complejos, por lo que surgió una alternativa más modesta: estudiar Fobos.

La luna marciana ofrecía una oportunidad excepcional. Su origen seguía siendo un misterio, su composición era poco conocida y su escasa gravedad facilitaba las operaciones espaciales. Además, explorarla permitía a la Unión Soviética avanzar en un terreno en el que la NASA no tenía entonces una misión equivalente.

En 1988 despegaron las sondas Fobos 1 y Fobos 2, construidas sobre una nueva plataforma denominada UMVL. Cada una transportaba numerosos instrumentos científicos desarrollados con la colaboración de investigadores de distintos países. El plan contemplaba estudiar Marte, aproximarse a Fobos y liberar dos tipos de aterrizadores: una estación fija y un pequeño vehículo capaz de desplazarse mediante saltos.

Dos naves y una cadena de errores

La primera en desaparecer fue Fobos 1. El 7 de julio de 1988 abandonó la Tierra rumbo a Marte y comenzó a recopilar información sobre el Sol y el espacio interplanetario. Sin embargo, el 29 de agosto recibió una secuencia de instrucciones que contenía un error aparentemente insignificante.

En uno de los comandos faltaba un carácter, habitualmente identificado como un guion. El ordenador interpretó la instrucción de forma equivocada y desactivó los propulsores encargados de mantener la orientación de la nave. Sin poder dirigir sus paneles solares hacia el Sol, las baterías terminaron agotándose.

La situación se agravó porque la secuencia no había sido verificada correctamente antes de transmitirse. El 2 de septiembre, Fobos 1 dejó de responder y, tras semanas de intentos infructuosos, la misión fue declarada perdida.

Su gemela consiguió llegar a Marte en enero de 1989 y comenzó a acercarse progresivamente a Fobos. Durante varias semanas tomó fotografías, estudió el planeta y refinó los cálculos necesarios para preparar el despliegue de los aterrizadores.

Pero el 27 de marzo ocurrió lo impensable. Mientras la sonda realizaba una maniobra para volver a orientar su antena hacia la Tierra, perdió el control de actitud. La última señal débil llegó durante apenas doce minutos. Después, el silencio.

La investigación apuntó al fallo de los procesadores encargados de controlar la orientación. El sistema de votación del ordenador podía dar ventaja a dos procesadores averiados frente al tercero que todavía funcionaba. Además, la nave carecía de un modo de emergencia capaz de recuperar automáticamente una orientación segura.

Los aterrizadores que nunca tocaron la superficie

Las dos sondas transportaban tecnologías diseñadas para resolver uno de los mayores desafíos de Fobos: posarse sobre un cuerpo cuya gravedad es extremadamente débil.

El primer dispositivo era la DAS, una estación autónoma de unos 67 kilogramos que debía anclarse al suelo mediante un arpón. Tras el contacto, desplegaría sus patas, paneles solares e instrumentos para estudiar la composición y las propiedades mecánicas de la superficie.

El segundo era el PrOP-F, apodado «la rana» por su peculiar forma y su mecanismo de desplazamiento. Este vehículo debía realizar pequeños saltos de aproximadamente veinte metros para investigar distintos puntos del terreno. Sus instrumentos medirían propiedades físicas del suelo, temperatura, magnetismo y composición elemental.

Sin embargo, ninguno llegó a desplegarse. La pérdida de Fobos 1 eliminó uno de los conjuntos de aterrizadores y la desaparición de Fobos 2 acabó con las posibilidades de completar el experimento.

Una misión fallida que dejó descubrimientos importantes

Pese a su desenlace, Fobos 2 consiguió reunir información científica de enorme valor durante sus dos meses en órbita marciana. La nave obtuvo 37 imágenes de alta calidad de Fobos, que permitieron identificar accidentes geográficos desconocidos y mejorar los mapas de la luna.

Las observaciones también aportaron pistas sobre su composición y estructura interna. Su densidad relativamente baja sugería que podía contener una cantidad considerable de espacios vacíos, una característica importante para comprender su origen.

Marte también se benefició de los instrumentos de la misión. La sonda obtuvo imágenes térmicas de amplias regiones ecuatoriales, elaboró mapas mineralógicos y estudió la atmósfera superior. Sus mediciones del escape de iones ayudaron a comprender cómo el planeta pierde partículas hacia el espacio.

Aun así, el fracaso tuvo consecuencias para el programa espacial soviético. La plataforma UMVL debía servir como base para futuras misiones planetarias, pero los problemas de las Fobos debilitaron la confianza en el proyecto. La posterior Mars 96 también terminó en fracaso, y otros planes quedaron cancelados o aplazados.

El desafío sigue pendiente

Algunos elementos de las Fobos tuvieron una segunda vida. La etapa de propulsión ADU sirvió como antecedente del sistema Fregat, utilizado posteriormente en lanzamientos espaciales. Además, la idea de emplear pequeños vehículos saltarines reapareció en misiones japonesas y europeas a asteroides.

Ahora, la misión japonesa MMX se propone recoger muestras de Fobos y transportar un pequeño rover desarrollado por Alemania y Francia. Su objetivo es avanzar donde las sondas soviéticas no pudieron llegar.

La historia de las Fobos demuestra que la exploración espacial no depende únicamente de alcanzar un destino. También exige sistemas capaces de sobrevivir a fallos, programas rigurosamente verificados y tecnologías preparadas para situaciones imprevistas.

Décadas después de aquella aventura, Fobos continúa esperando su primer visitante artificial sobre la superficie. El sueño soviético no llegó a cumplirse, pero dejó conocimientos y desafíos que todavía impulsan a quienes intentan resolver los misterios de esta pequeña luna marciana.

 

[Fuente: Eureka]

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