En un rincón de Asturias existe un pueblo donde todavía quedan viviendas, una escuela, un cine, una iglesia y hasta un antiguo consultorio médico. Sus calles fueron diseñadas para albergar familias, sus instalaciones ofrecían prácticamente todos los servicios necesarios y, durante décadas, cientos de personas desarrollaron allí su vida. Hoy, sin embargo, muchas de esas construcciones están vacías, deterioradas y rodeadas por una vegetación que poco a poco comienza a recuperar el terreno.
Se llama Soto de la Barca y algunos lo conocen como el «Chernóbil asturiano», aunque aquí nunca ocurrió un accidente nuclear ni hubo una evacuación masiva. Su historia es la de una comunidad que nació alrededor de una central térmica y perdió buena parte de su razón de ser cuando la instalación cerró en 2020. Pero existe un detalle todavía más desconcertante: el municipio recibió 3,5 millones de euros para recuperar parte del poblado y terminó devolviéndolos porque el proyecto no consiguió ejecutarse.
El pueblo que una central eléctrica construyó desde cero para sus trabajadores

La historia comenzó en los años sesenta, cuando el desarrollo industrial del suroccidente asturiano impulsó la construcción de una central térmica junto al río Narcea. La instalación, que comenzó sus operaciones comerciales en 1965, utilizaba carbón de Asturias y León para producir electricidad. Pero la empresa necesitaba algo más que maquinaria. También requería técnicos, obreros y familias dispuestas a instalarse cerca de las instalaciones. Así nació Soto de la Barca, un poblado diseñado por el arquitecto Ramón Vázquez Molezún que llegó a albergar aproximadamente 500 habitantes.
El proyecto era mucho más ambicioso que un simple conjunto de viviendas. Según la reconstrucción histórica publicada por La Voz del Trubia, tenía escuela, cine, piscina, club social, economato, iglesia, instalaciones deportivas y consultorio médico.
Durante sus mejores años, la central llegó a contar con unos 250 trabajadores. Posteriormente amplió su capacidad hasta disponer de tres grupos generadores, convirtiéndose en una infraestructura relevante para el suministro eléctrico regional. Sin embargo, el modelo energético comenzó a cambiar. Las exigencias ambientales, la pérdida de competitividad del carbón y los compromisos de descarbonización aceleraron el declive de las centrales térmicas españolas.
En diciembre de 2018, Naturgy solicitó el cierre definitivo de las unidades que seguían funcionando. La instalación dejó de producir electricidad con carbón en junio de 2020 y su clausura fue autorizada administrativamente ese mismo año. La decisión quedó recogida en una resolución del Boletín Oficial del Estado.
Había 3,5 millones de euros para salvarlo. El dinero terminó siendo devuelto

El cierre dejó una pregunta difícil: ¿qué hacer con un pueblo construido para una industria que ya no existía? Naturgy acordó ceder el complejo residencial al Ayuntamiento de Tineo y, en 2023, apareció una oportunidad. El Instituto para la Transición Justa concedió 3,5 millones de euros para transformar el antiguo poblado en viviendas colaborativas, mediante un proyecto que obtuvo la máxima valoración nacional en su convocatoria.
La iniciativa contemplaba recuperar 14 viviendas unifamiliares, mejorar accesos, acondicionar espacios públicos y crear un modelo de alojamiento compartido con instalaciones comunitarias. Sin embargo, el proyecto se encontró con problemas administrativos. El gobierno municipal que asumió en junio de 2023 afirmó haber recibido expedientes con plazos comprometidos. Además, uno de los trabajos técnicos necesarios para urbanizar el poblado no llegó a completarse. Finalmente, el Ayuntamiento tuvo que devolver los 3,5 millones de euros en 2025. La subvención se perdió por el incumplimiento del calendario, antes de que las obras pudieran ejecutarse.
El concejal de Urbanismo, Pablo Fernández, describió la situación como un «regalo envenenado». Aunque la cesión ofrecía la posibilidad de recuperar el poblado, también implicaba asumir el mantenimiento y la rehabilitación de construcciones con valor patrimonial y necesidades económicas considerables.
La central desapareció, pero el futuro del pueblo continúa atrapado en el pasado

Mientras se frustraba la rehabilitación, la antigua central térmica fue desapareciendo. Su torre de refrigeración fue demolida en diciembre de 2023 y otras estructuras cayeron durante los meses siguientes. Naturgy confirmó que el desmantelamiento había alcanzado el 100%, mientras el poblado residencial continuaba deteriorándose.
Las viviendas vacías han sufrido robos, actos vandálicos y problemas de conservación. Sin embargo, Soto de la Barca no está completamente deshabitado: todavía conserva una pequeña población censada, aunque muy lejos de los cientos de residentes que tuvo durante su época industrial.
El municipio estudia nuevos usos, desde viviendas públicas hasta instalaciones culturales, pero en febrero de 2026 seguía sin disponer de un proyecto de rehabilitación definitivo.
La paradoja es que la zona sí está recibiendo nuevas propuestas energéticas. En julio, el Gobierno español adjudicó a La Barca Energía un proyecto hidroeléctrico de bombeo de 320 megavatios, con una inversión comprometida superior a 400 millones de euros. No obstante, se trata de una iniciativa energética regional, no de un plan específico para restaurar las viviendas abandonadas.
Soto de la Barca representa así una de las contradicciones más visibles de la transición energética: España consiguió cerrar una industria contaminante y desmantelar su infraestructura, pero todavía no ha encontrado qué hacer con la comunidad que aquella industria dejó atrás.