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Ciencia

China enterró un ejército de 8.000 soldados hace 2.200 años. Unas huellas dactilares acaban de revelar quiénes estuvieron realmente detrás de su creación

Durante décadas se creyó que los guerreros de terracota fueron obra de artesanos adultos. Un análisis de 79 huellas antiguas apunta a una historia mucho más compleja, con mujeres y menores entre sus fabricantes.
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Hace más de 2.200 años, un artesano presionó sus dedos contra la arcilla húmeda de una armadura. Tal vez estaba fijando un adorno, uniendo dos piezas o simplemente alisando una superficie. El gesto duró unos segundos, pero dejó una marca que sobrevivió al horno, al entierro y al paso de más de dos milenios. Ahora, aquella huella se ha convertido en una pista inesperada sobre uno de los monumentos más extraordinarios de la antigua China.

El Ejército de Terracota, construido para acompañar al emperador Qin Shi Huang en la muerte, ha sido estudiado durante décadas. Sin embargo, todavía existía una pregunta difícil de responder: ¿quiénes fabricaron realmente sus miles de soldados? Un equipo de arqueólogos chinos examinó 79 huellas dactilares conservadas en las esculturas y encontró indicios de que la enorme obra no dependió exclusivamente de hombres adultos. Las mujeres y los menores de edad también podrían haber participado en su fabricación, según el estudio publicado en Journal of Cultural Heritage.

Las manos que construyeron un ejército para la eternidad dejaron pistas sin saberlo

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Las figuras del ejército imperial se modelaban mediante distintas piezas de arcilla que posteriormente eran ensambladas. Algunas uniones conservaron marcas de los dedos de sus fabricantes. © Heritage Science.

El Ejército de Terracota fue descubierto en 1974 por agricultores que excavaban un pozo cerca de Xi’an. Desde entonces, los arqueólogos han identificado miles de soldados, caballos y carros destinados a proteger simbólicamente al primer emperador de la China unificada, fallecido en 210 a. C.

La magnitud de la obra exigió una organización industrial extraordinaria para su época. Investigaciones anteriores ya habían demostrado que las esculturas se elaboraban por partes y que la arcilla era distribuida entre distintos talleres, donde los artesanos ensamblaban torsos, brazos, piernas y cabezas antes de cocer las piezas. Pero las marcas de fabricación, los materiales y las inscripciones no bastaban para reconstruir las características de quienes trabajaban allí.

Para investigar esa dimensión humana, los científicos del Museo del Mausoleo de Qin Shi Huang y de la Universidad de Shandong examinaron una sección de la fosa principal conocida como T23. Allí documentaron 91 huellas en 36 figuras. Después de descartar doce posibles impresiones repetidas de una misma persona, seleccionaron 79 marcas suficientemente claras para analizarlas.

La investigación original explica que muchas aparecían en brazos, corazas y cabezas, especialmente en zonas donde los trabajadores debían presionar la arcilla para unir componentes o incorporar pequeños detalles decorativos.

El resultado desafía una idea que llevaba décadas instalada en la arqueología

China enterró un ejército de 8.000 soldados hace 2.200 años. Unas huellas dactilares acaban de revelar quiénes estuvieron realmente detrás de su creación
Las corazas de los guerreros contienen numerosos detalles modelados en arcilla. Algunas de las huellas estudiadas aparecieron en estas zonas, donde se fijaban piezas y adornos durante la fabricación. © CGTN.

Las crestas de las huellas dactilares presentan pequeñas diferencias relacionadas con el crecimiento corporal. En términos generales, la separación entre crestas suele aumentar durante la infancia y presenta variaciones estadísticas entre hombres y mujeres adultos. Sin embargo, determinar la edad o el sexo de alguien mediante una sola huella antigua es extremadamente difícil. La arcilla se contrae al secarse y cocerse, mientras que las características de diferentes grupos demográficos pueden superponerse.

Por eso, los investigadores utilizaron un modelo estadístico bayesiano desarrollado para estudiar poblaciones antiguas. En lugar de identificar a cada artesano individualmente, el sistema calcula qué combinación de grupos demográficos resulta más compatible con el conjunto de marcas.

Los resultados fueron llamativos: aproximadamente el 45% de las huellas se atribuyó estadísticamente a hombres adultos, el 32,7% a mujeres adultas y el 22,3% a menores de 15 años. Estas cifras no significan que un tercio de todos los fabricantes fueran mujeres ni que uno de cada cinco trabajadores fuera un niño. Representan una estimación de la distribución de las huellas conservadas, no un censo de personas.

Los autores reconocen que los trabajadores menos experimentados pudieron dejar más impresiones que los maestros, quienes probablemente utilizaban herramientas y eliminaban las marcas durante el acabado. Además, los modelos se apoyan en datos de poblaciones europeas actuales, lo que introduce incertidumbre al aplicarlos a la China antigua. Aun así, las diferencias encontradas sugieren que el grupo de personas que manipuló aquellas esculturas era considerablemente más diverso de lo que se había supuesto.

Mujeres, aprendices y trabajadores forzados: la otra historia del ejército imperial

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Las distancias entre las crestas de las huellas dactilares permitieron realizar estimaciones estadísticas de edad y sexo, aunque sin identificar individualmente a los artesanos. © Xiaoxi Li y colaboradores / Journal of Cultural Heritage.

El hallazgo encaja con otras pistas conservadas de la dinastía Qin. Algunos documentos legales e inscripciones de la época mencionan la participación de mujeres y jóvenes en talleres supervisados por el Estado, lo que cuestiona la idea de que toda la producción artesanal a gran escala dependiera de hombres adultos.

Los arqueólogos también habían identificado marcas de control y nombres de talleres en los guerreros. Estas inscripciones revelan una producción organizada, donde distintas unidades debían responder por la calidad de sus piezas.

La nueva investigación plantea que algunas mujeres pudieron realizar tareas de modelado, decoración o acabado, mientras que los menores quizá participaron como aprendices o ayudantes. No obstante, estas funciones concretas son hipótesis: las huellas permiten inferir características demográficas, pero no reconstruir qué responsabilidad tenía cada trabajador. Tampoco está demostrado que todos los grupos identificados trabajaran bajo las mismas condiciones. La construcción del mausoleo imperial involucró una enorme movilización de recursos humanos, incluidos artesanos especializados y personas sometidas a trabajo forzoso.

El principal límite del descubrimiento es su escala. Las 79 huellas proceden de una única sección del conjunto y no permiten conocer la composición de todos los talleres que funcionaron durante años. Los investigadores proponen ampliar el análisis a otras fosas y mejorar las bases de datos de referencia.

Durante más de dos milenios, los guerreros permanecieron inmóviles, conservando los rostros, las armaduras y los detalles que sus creadores modelaron cuidadosamente. Ahora, pequeñas marcas que ni siquiera estaban destinadas a ser vistas comienzan a recuperar otra parte de aquella historia: la de personas cuyos nombres desaparecieron, pero cuyas manos dejaron una huella que ni el tiempo pudo borrar.

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