Una enorme extensión de Siberia está quedando cubierta de nieve a una velocidad sorprendente. Durante octubre de 2026, el manto blanco avanzó rápidamente sobre regiones de Rusia, Mongolia y Asia Central, convirtiéndose en uno de los episodios de expansión de nieve más intensos de las últimas tres décadas.
El fenómeno ha despertado el interés de meteorólogos y aficionados al invierno, que consideran que una acumulación temprana de nieve podría anticipar temperaturas extremadamente bajas en Europa durante los próximos meses.
Sin embargo, la ciencia plantea una conclusión inesperada: aunque la nieve siberiana puede influir en la circulación atmosférica, no constituye una garantía de que el continente europeo experimente un invierno especialmente frío.
De hecho, un análisis de casi medio siglo de observaciones demuestra que esta relación ha perdido gran parte de su capacidad predictiva.
Por qué la nieve de Siberia podría influir en el invierno europeo
La teoría tiene su origen en investigaciones publicadas en 2011, que planteaban una conexión entre la expansión de la nieve durante octubre y el comportamiento de la atmósfera en los meses siguientes.
La clave no está necesariamente en cuánta nieve se acumula, sino en la velocidad con la que se extiende sobre el territorio euroasiático. Cuando grandes superficies quedan cubiertas rápidamente, el suelo refleja mayor cantidad de radiación solar y se enfría. Este proceso puede favorecer sistemas de alta presión sobre Siberia y modificar la circulación atmosférica.
En determinadas circunstancias, esas alteraciones pueden propagarse hacia la estratosfera e influir sobre el vórtice polar, una gran circulación de vientos que rodea el Ártico.
Si el vórtice se debilita, aumentan las posibilidades de que masas de aire extremadamente frío alcancen latitudes más bajas.

Un estudio de 47 inviernos revela una sorpresa
Aunque la teoría parecía prometedora, los datos históricos cuentan una historia diferente. Un análisis de 47 inviernos, comprendidos entre 1979 y 2025, encontró que la relación entre el avance otoñal de la nieve y el comportamiento posterior de la oscilación ártica acertó solamente en 25 ocasiones.
En los otros 22 inviernos, la señal no coincidió con lo esperado.
Esto equivale a una tasa de acierto cercana al 53%, apenas superior a la que podría obtenerse por azar. La diferencia resulta todavía más llamativa al analizar los años posteriores a 2011: de 15 inviernos examinados, solamente seis respondieron a la predicción.
Los resultados sugieren que utilizar exclusivamente la nieve siberiana para anticipar el comportamiento invernal resulta poco fiable.
Dos inviernos completamente diferentes con la misma señal
Los ejemplos históricos permiten comprender mejor esta incertidumbre.
Durante octubre de 2009, la nieve avanzó rápidamente por Siberia y posteriormente Europa experimentó un invierno particularmente frío.
Sin embargo, en 2019 ocurrió algo similar con la nieve, pero el invierno siguiente fue uno de los más cálidos registrados en numerosas regiones europeas.
Esta diferencia demuestra que otros factores atmosféricos y oceánicos pueden modificar completamente el resultado.
In the U.S, we tend to focus on northern Canada for the annual rebuilding of cold air in the Fall, but Siberia is the true cold air factory, and it's producing a surplus right now. Much colder than normal air has spread all the way to, and beyond, the Mongolia & China border. pic.twitter.com/HXmgIpnD3y
— FLXweather-Dave (@FXweather26823) October 27, 2026
El Niño y el vórtice polar serán fundamentales este invierno
Para la temporada 2026-2027, los especialistas también están observando la evolución de El Niño, el fenómeno climático asociado con el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial.
La NOAA confirmó en octubre que El Niño continúa intensificándose y considera probable que alcance una intensidad fuerte o muy fuerte durante los próximos meses. Su interacción con la circulación atmosférica y el comportamiento del vórtice polar podría influir en las condiciones meteorológicas de Europa, aunque no permite anticipar por sí sola temperaturas concretas.
Por ahora, la conclusión es clara: que Siberia se cubra rápidamente de nieve no significa necesariamente que Europa vaya a congelarse.
El invierno dependerá de una compleja combinación de factores, y las próximas semanas serán fundamentales para conocer cómo evolucionará la circulación atmosférica del hemisferio norte.