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Ciencia

Hace 60.000 años, los neandertales encendían hogueras en un refugio de Barcelona. Los arqueólogos analizaron 640 restos de carbón y encontraron pistas sobre cómo organizaban sus hogares

En un yacimiento de Barcelona, los arqueólogos analizaron 640 fragmentos de carbón dejados por los neandertales. Su distribución revela posibles zonas de actividad y nuevas pistas sobre cómo organizaban sus campamentos.
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Hace decenas de miles de años, grupos de neandertales encontraron refugio bajo un enorme abrigo rocoso situado en lo que hoy es Barcelona. Allí encendieron hogueras, prepararon herramientas, procesaron alimentos y dejaron pequeños residuos que terminaron enterrados bajo nuevas capas de sedimento. Ahora, los arqueólogos han analizado 640 diminutos fragmentos de carbón recuperados en ese lugar y han encontrado pistas sobre algo que parecía imposible de reconstruir: cómo distribuían sus actividades dentro del campamento y qué hacían con los restos de las hogueras.

La investigación, publicada el 26 de octubre en el Journal of Paleolithic Archaeology, fue desarrollada por especialistas del IPHES-CERCA y otras instituciones. Su protagonista es el Abric Romaní, un yacimiento ubicado en Capellades, a unos 60 kilómetros de Barcelona, que conserva una extraordinaria secuencia de ocupaciones neandertales.

Los arqueólogos estudiaron 640 fragmentos de carbón y descubrieron que no estaban distribuidos al azar

Hace 60.000 años, los neandertales encendían hogueras en un refugio de Barcelona. Los arqueólogos analizaron 640 restos de carbón y encontraron pistas sobre cómo organizaban sus hogares
Arqueólogos trabajando en el yacimiento del Abric Romaní, en Capellades, Barcelona. Dos investigaciones publicadas en octubre de 2026 encontraron nuevas pistas sobre la organización de los campamentos neandertales a partir de restos de carbón y antiguas hogueras. © IPHES-CERCA.

Los investigadores examinaron materiales recuperados entre 2019 y 2022 en el nivel arqueológico Ra del Abric Romaní. Cada fragmento de carbón fue registrado mediante coordenadas tridimensionales, lo que permitió reconstruir su posición dentro del antiguo espacio habitado.

La mayoría de los restos procedía de madera de pinos de montaña. Aproximadamente el 75% correspondía a árboles del tipo Pinus sylvestris, mientras que una proporción mucho menor pertenecía al género Prunus, que incluye especies como el endrino. Las dimensiones de los fragmentos eran diminutas: entre 3 y 13 milímetros, con un promedio de apenas 6 milímetros. Sin embargo, su posición resultó mucho más reveladora que su tamaño.

El análisis espacial del estudio encontró diferencias entre dos sectores del refugio. En la zona norte, las concentraciones de carbón coincidían con antiguos hogares, lo que sugiere que buena parte de aquellos residuos permaneció donde se había quemado la madera. En el sector sur apareció un patrón diferente. Allí se identificaron pequeñas acumulaciones alejadas de las estructuras de combustión.

Una explicación posible es que los neandertales desplazaran restos de las hogueras para mantener determinadas áreas del campamento. Es decir, podrían haber realizado actividades de limpieza o reorganización del espacio.

Pero hay una precisión fundamental: los investigadores no han demostrado que esas acumulaciones sean producto de una limpieza deliberada. El movimiento de agua, los procesos de conservación del sedimento o una combinación de factores también podrían explicar parte de la distribución observada.

Otro estudio del mismo refugio sugiere que los neandertales distinguían dónde descansar y dónde realizar actividades colectivas

Hace 60.000 años, los neandertales encendían hogueras en un refugio de Barcelona. Los arqueólogos analizaron 640 restos de carbón y encontraron pistas sobre cómo organizaban sus hogares
Detalle de una superficie de excavación del Abric Romaní durante la campaña de 2019. Los registros arqueológicos de este refugio permiten estudiar la distribución de hogueras, objetos y actividades de las poblaciones neandertales. © IPHES-CERCA.

La investigación sobre el carbón coincide con un segundo trabajo publicado el 28 de octubre en la misma revista científica, que analizó la distribución de estructuras de combustión en diferentes niveles arqueológicos del Abric Romaní, correspondientes aproximadamente al periodo comprendido entre 60.000 y 54.000 años atrás.

En este caso, los especialistas estudiaron cómo se ubicaban las hogueras respecto de la pared posterior del abrigo rocoso. Encontraron que su distribución no era aleatoria: algunas estructuras se concentraban cerca de la pared, mientras que otras aparecían en sectores más abiertos del refugio.

Los autores interpretan que esa organización podría reflejar distintas funciones. Los hogares situados junto a las paredes se relacionarían con zonas de descanso, mientras que los espacios centrales habrían concentrado actividades colectivas, como la preparación de alimentos o el trabajo con materiales.

La distribución muestra semejanzas con patrones documentados en campamentos de grupos cazadores-recolectores más recientes. Eso refuerza la idea de que los neandertales podían organizar sus espacios de manera compleja y adaptable. No obstante, identificar una posible zona de descanso no equivale a haber encontrado una cama o un dormitorio prehistórico. Las interpretaciones se basan en la posición de las hogueras, sus características y los materiales arqueológicos asociados.

El Abric Romaní ya había proporcionado evidencias excepcionales sobre el uso de madera, la fabricación de herramientas y la ocupación prolongada de refugios. Una investigación publicada en Science Advances en octubre de 2026 documentó incluso cientos de impresiones de antiguos objetos de madera preservadas por depósitos minerales.

Los nuevos trabajos añaden otra pieza a ese retrato. Lejos de limitarse a encender fuego donde podían, aquellos grupos pudieron distinguir áreas de descanso y trabajo, reutilizar determinados lugares y reorganizar sus campamentos según las necesidades.

La conclusión es fascinante: pequeños restos de carbón, prácticamente invisibles entre los sedimentos, están ayudando a reconstruir decisiones cotidianas tomadas por seres humanos que habitaron Europa hace decenas de miles de años.

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