La placenta ha pasado de ser un residuo hospitalario a una tendencia viral impulsada por influencers y celebridades. Lo que antes se desechaba en silencio, hoy se consume, se encapsula o incluso se convierte en arte. En este artículo exploramos el origen, los mitos y los riesgos de esta práctica que divide opiniones y despierta más preguntas que respuestas.

Influencers, escándalos y viralidad: el nuevo rostro de la placenta
Todo comenzó con un video. El influencer argentino Lucas Gago se volvió viral al publicar cómo consumía la placenta de su hija tras un parto domiciliario. Las redes estallaron con reacciones que iban del horror a la fascinación. Aunque parezca un simple intento de generar atención, el gesto reabrió un debate que ya llevaba tiempo dando vueltas en internet: ¿es saludable consumir placenta?
La popularidad de esta práctica no es nueva. Figuras como Kim Kardashian la pusieron en el centro de la conversación tras admitir haberla ingerido en cápsulas para evitar la depresión posparto. Desde entonces, se multiplicaron los testimonios de personas que afirman experimentar beneficios físicos y emocionales. Pero, ¿qué dice la ciencia?
Placentofagia: ¿herencia cultural o invento moderno?
Aunque muchos defienden esta práctica como ancestral, las investigaciones no respaldan esa idea. Un estudio etnográfico que examinó 179 culturas tradicionales no halló evidencia de que comer placenta fuera una costumbre extendida entre humanos. En cambio, en el reino animal sí se observa esta conducta en diversas especies mamíferas. ¿El motivo? Podría tener efectos analgésicos y fomentar el cuidado materno, aunque los expertos no han confirmado su utilidad en humanos.
Lo que la ciencia advierte (y las redes ignoran)
La comunidad médica sigue siendo clara: no hay pruebas sólidas de que la ingesta de placenta aporte beneficios a la salud. Instituciones como Mayo Clinic y Cleveland Clinic han advertido sobre los riesgos asociados, desde infecciones hasta la transmisión de toxinas. La doctora Oluwatosin Goje subraya que consumir placenta —ya sea cruda, cocida o en cápsulas— puede reintroducir bacterias peligrosas al cuerpo, especialmente en mujeres lactantes.

Más allá del plato: usos simbólicos y artísticos
No todos optan por comerla. Algunas personas encuentran en la placenta un valor simbólico. Desde plantarla junto a un árbol —como hizo la influencer Violeta Mangriñán— hasta incorporarla en proyectos artísticos, el órgano ha sido resignificado fuera del ámbito clínico. Ejemplo de ello es el documental American Afterbirth, que explora el uso cultural y gastronómico de la placenta en EE. UU.
Entre lo natural y lo nocivo: una línea difusa
La placenta se ha convertido en un símbolo polémico entre lo ancestral, lo estético y lo viral. Aunque la idea de reaprovechar lo que el cuerpo genera puede sonar atractiva, la ciencia insiste: no hay evidencia de sus beneficios, pero sí de sus peligros. En tiempos donde lo íntimo se transforma en contenido, conviene pensar dos veces antes de seguir cualquier tendencia.
Fuente: Xataka.