En algunos lugares del mundo, la vestimenta sigue siendo un asunto regulado por el Estado. Sin embargo, un país ha llevado esta normativa a un nuevo nivel, utilizando tecnología avanzada para monitorear y castigar a las mujeres que no cumplen con las reglas establecidas.
Drones sobrevolando calles, cámaras de reconocimiento facial en universidades y aplicaciones móviles que permiten a ciudadanos reportar a mujeres que no cumplen con las normas son solo algunas de las herramientas utilizadas en esta estrategia.
Pero esto no es solo una cuestión de tecnología: detrás de estas medidas hay un sistema de represión sistemática que, según Naciones Unidas, ha llevado a detenciones arbitrarias, violencia y restricciones crecientes a las libertades individuales.
¿De qué país estamos hablando? Se trata de Irán, donde las autoridades han intensificado la vigilancia y el castigo contra las mujeres que desafían la ley del hiyab.
Vigilancia con drones, cámaras y aplicaciones móviles

El informe de la Misión Internacional Independiente de Investigación sobre Irán, publicado por la ONU, advierte que el gobierno iraní ha desarrollado un sistema de monitoreo sin precedentes para asegurar el cumplimiento de las leyes de vestimenta.
Entre las herramientas utilizadas se incluyen:
- Drones de vigilancia aérea que monitorean espacios públicos en busca de infracciones.
- Cámaras de reconocimiento facial instaladas en universidades y edificios gubernamentales.
- Aplicaciones de denuncia ciudadana, como Nazer, que permiten a cualquier persona reportar a mujeres sin velo en transporte público o en vehículos privados.
El funcionamiento de Nazer es especialmente preocupante: una vez que un usuario reporta una infracción, la aplicación envía automáticamente un mensaje al propietario del vehículo, alertándole de que ha sido identificado como incumplidor de la ley del hiyab. Si no atiende la advertencia, el automóvil puede ser confiscado.
Desde la implementación de este sistema, más de 8.000 vehículos han sido incautados por la policía.
Consecuencias de la represión
El endurecimiento de estas medidas ha llevado a incidentes graves. En julio de 2024, una mujer que recibió un mensaje de advertencia intentó huir de un retén policial en la región del mar Caspio. Los agentes abrieron fuego contra ella, dejándola paralizada de por vida, según denuncian activistas.
Además de la vigilancia tecnológica, el informe de la ONU denuncia otras tácticas de represión, como ejecuciones simuladas utilizadas para ejercer tortura psicológica sobre detenidos. Manifestantes, incluidos menores de edad, han sido retenidos en condiciones extremas, obligados a presenciar simulacros de ejecución con armas de fuego o sogas al cuello.
Sara Hossain, presidenta de la misión de la ONU, advierte que la represión en Irán se ha vuelto crónica:
«Encontramos una impunidad sistemática para quienes llevan a cabo estas medidas. Las mujeres son vigiladas y sancionadas por algo tan simple como lo que eligen vestir».
Dos años después de Mahsa Amini
El recrudecimiento de la vigilancia ocurre en un contexto de alta tensión social. El 16 de septiembre de 2022, Mahsa Amini, una joven de 22 años, murió en un hospital tras ser detenida por la policía de la moral por presuntamente no llevar correctamente su velo.
Su muerte desató una ola de protestas que duró meses y dejó un saldo de más de 500 muertos y 22.000 detenidos. La brutal represión llevó a que las autoridades redujeran temporalmente la aplicación de la ley del hiyab, pero en abril de 2024, bajo el llamado Plan Noor («Luz»), la vigilancia volvió a intensificarse.
Desde entonces, al menos 618 mujeres han sido arrestadas, según el informe de la ONU.
Un país en crisis
Mientras el gobierno iraní endurece su control sobre las mujeres, enfrenta también una grave crisis económica derivada de las sanciones internacionales. La presión de Estados Unidos por el programa nuclear de Irán ha llevado al presidente Donald Trump a proponer nuevas negociaciones, pero el líder supremo, Ali Jamenei, aún no ha respondido.
El futuro de Irán es incierto. Las tensiones sociales siguen en aumento, y aunque la represión ha logrado reducir las protestas, el malestar entre la población persiste. La pregunta sigue en el aire: ¿hasta cuándo podrá el gobierno mantener este nivel de control antes de que una nueva ola de desobediencia desafíe nuevamente su autoridad?