Mientras las mujeres avanzan en educación, ingresos y autonomía, muchos hombres quedan rezagados, sin herramientas para adaptarse al nuevo mundo. Un experto estadounidense afirma que estamos frente a una generación de hombres «inviables»… y que ignorar este fenómeno puede ser tan peligroso como injusto.
¿Qué está pasando con los hombres jóvenes?

El profesor Scott Galloway, de la Universidad de Nueva York, ha dedicado los últimos años a estudiar este fenómeno. Con datos en mano, alerta sobre una realidad difícil de ignorar: los hombres jóvenes tienen cuatro veces más probabilidades de suicidarse, tres veces más de ser adictos y doce veces más de acabar en prisión.
Pero el problema va más allá de las estadísticas. Es una cuestión de viabilidad. Muchos chicos no están encontrando un lugar funcional en el mundo adulto. No acceden a trabajos estables, se sienten desconectados, evitan relaciones profundas y recurren a distracciones como los videojuegos o el consumo de pornografía. En palabras de Galloway: “Estamos criando a la generación más obesa, ansiosa y deprimida de la historia”.
La situación es particularmente grave si se compara con la evolución de las mujeres jóvenes, que hoy superan a los hombres en ingresos, educación y propiedad de vivienda en varios centros urbanos de EE.UU.
Lejos de sugerir que las mujeres deben frenar su progreso, Galloway defiende lo contrario: “Ellas se merecen cada avance logrado”. Pero advierte que si no se eleva también a los hombres, habrá consecuencias sociales profundas para todos.
Amor, pareja y desigualdad emocional

En las relaciones de pareja, la brecha entre géneros también se está ampliando. Las mujeres jóvenes ya no están dispuestas a conformarse con vínculos donde cargan con todo. Hoy, muchas superan económicamente a sus parejas masculinas, y eso genera tensiones visibles e invisibles.
Según Galloway, una gran parte de las mujeres menores de 30 tiene pareja, mientras que solo uno de cada tres hombres puede decir lo mismo. Muchas mujeres optan por salir con hombres mayores porque no encuentran entre sus pares alguien emocionalmente y económicamente estable.
El problema no es solo financiero: es actitudinal. “Si no aportas económicamente, ¿estás contribuyendo emocional o logísticamente a la relación?”, se pregunta Galloway. Para él, los hombres no están compensando su menor aporte económico con otras formas de cuidado o compromiso.
Las consecuencias de esta descompensación son claras: relaciones rotas, soledad creciente y una generación de mujeres que siente que no obtiene mucho de las relaciones heterosexuales.
¿Qué significa hoy ser “hombre”?

Frente a esta crisis, Galloway propone una redefinición del rol masculino. Lejos de los estereotipos tóxicos o los discursos de odio que circulan en internet, plantea una masculinidad basada en tres pilares: proveedor, protector y procreador.
No se trata de ganar más dinero que la pareja, sino de asumir responsabilidades económicas y emocionales dentro del hogar, incluso reconociendo cuándo es mejor apoyar la carrera de la otra persona. Él mismo vivió esa experiencia cuando su pareja trabajaba en Goldman Sachs: decidió hacerse cargo de la casa y de los hijos.
El “protector” no es solo quien actúa con fuerza física, sino también quien defiende a otros, quien muestra empatía y quien rechaza las injusticias, incluso si no le afectan directamente. Para Galloway, proteger también significa intervenir cuando alguien es acosado, marginado o criticado injustamente.
El tercer pilar, “procreador”, no alude solo a tener hijos, sino a la capacidad de establecer relaciones significativas, construir familia y encontrar sentido en la vida a través del amor y el compromiso. En su experiencia, tener hijos y una pareja estable ha sido lo más gratificante.
¿Y qué pasa con las mujeres?
Algunas mujeres jóvenes sienten que este tipo de discurso puede ser un retroceso, como si el énfasis en los hombres opacara los avances femeninos. Pero Galloway insiste: reconocer el sufrimiento masculino no es un ataque a las mujeres, sino un acto de empatía colectiva.
“La empatía no es un juego de suma cero”, dice. Y pone un ejemplo estremecedor: “Si vas a una morgue y hay cinco personas que se suicidaron, cuatro son hombres”. La solución no es enfrentar a los géneros, sino construir una sociedad donde ambos tengan oportunidades de desarrollarse y apoyarse mutuamente.
La idea no es volver atrás, sino avanzar con más equilibrio. Las mujeres no podrán seguir prosperando si una gran parte de los hombres se queda fuera del juego social. Y los hombres no podrán avanzar si no reconocen sus carencias y buscan ayuda en vez de culpar a los demás.
El reto, entonces, es colectivo. Porque una generación de hombres perdidos no es solo un problema masculino: es un desafío que compromete el bienestar de todos.
[Fuente: BBC]