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Ciencia

La Península Ibérica tenía los mismos dinosaurios que Norteamérica hace 150 millones de años. El océano no los detuvo

Allosaurus, Stegosaurus y quizá Diplodocus cruzaron un Atlántico recién nacido. Pero no todos los paleontólogos están convencidos
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Si un paleontólogo de Estados Unidos camina por los acantilados de Lourinhã, en Portugal, puede tener una sensación extraña: muchos de los fósiles que aparecen allí le resultan familiares. Son parientes cercanos, y a veces del mismo género, que los dinosaurios que se excavan desde hace más de un siglo en el oeste norteamericano. Con un océano de por medio, la pregunta es inevitable: ¿cómo llegaron los mismos animales a ambos lados?

Dos yacimientos, un mismo elenco

Formacion Morrison
© By Transferred from en.wikipedia to Commons.; originally from http://www.cr.nps.gov/museum/treasures/html/Q/h020.html, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3970352

A finales del período Jurásico, hace unos 150 millones de años, en lo que hoy es el oeste de Estados Unidos se depositaron las rocas de la Formación Morrison, una de las más famosas del mundo. De allí salieron algunos de los dinosaurios más conocidos: el depredador Allosaurus, el Stegosaurus con sus placas en el lomo y el enorme Diplodocus de cuello largo.

Al otro lado del Atlántico, en Portugal, la Formación Lourinhã guarda rocas de la misma época. Y desde hace décadas los paleontólogos notan que su fauna se parece muchísimo a la de Morrison. Allí aparecieron restos de Allosaurus, Ceratosaurus y Torvosaurus, tres grandes carnívoros también presentes en Norteamérica, además de fósiles atribuidos a Stegosaurus.

En algunos casos, los parientes europeos terminaron siendo especies propias. En 2014, los paleontólogos Christophe Hendrickx y Octávio Mateus describieron en la revista PLOS ONE a Torvosaurus gurneyi, a partir de restos hallados en Lourinhã. Lo presentaron como el mayor depredador terrestre descubierto hasta entonces en Europa, emparentado con el Torvosaurus tanneri de Estados Unidos, pero distinto de él.

Un Atlántico todavía estrecho

La explicación está en la geografía de la época. A fines del Jurásico, el océano Atlántico recién empezaba a abrirse a medida que se separaban los continentes. Era mucho más angosto que hoy, y la Península Ibérica estaba bastante más cerca de Norteamérica. Según los especialistas, entre ambas regiones había mares poco profundos y, en ciertos momentos, conexiones terrestres temporales que habrían permitido el paso de animales.

Con el tiempo, cuando el océano se ensanchó, esas poblaciones quedaron aisladas a cada lado y empezaron a evolucionar por separado. Los autores del estudio sobre Torvosaurus gurneyi interpretaron justamente eso: un caso de especies que divergieron cuando el Atlántico separó a sus ancestros comunes.

El último en sumarse: un posible Diplodocus en Teruel

Diplodocus
© Por Charles R. Knight – http://www.miketaylor.org.uk/dino/history/extras.html#1, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2088931

La evidencia más reciente llegó desde Teruel, en el este de España. En septiembre de 2026, un equipo de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis publicó en el Journal of Vertebrate Paleontology el análisis de 14 vértebras de la cola halladas en el yacimiento de La Tejería, en El Castellar. Según los autores, las comparaciones y los análisis filogenéticos ubican al animal dentro del género Diplodocus, lo que lo convertiría en el primer registro de este dinosaurio fuera de Norteamérica.

Para el paleontólogo José Ignacio Canudo, de la Universidad de Zaragoza, la conexión entre ambos continentes ya se había propuesto antes con carnívoros como Allosaurus, pero esta sería la primera vez que se demuestra con un saurópodo, el grupo de los grandes herbívoros de cuello largo.

El debate: ¿es realmente un Diplodocus?

No todos los expertos están convencidos. En declaraciones recogidas por el Science Media Centre de España, varios paleontólogos que no participaron en el estudio valoraron la calidad de la investigación, pero discreparon sobre la identificación. Fabien Knoll, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, considera que el material todavía no basta para confirmar que sea un Diplodocus y no otro saurópodo emparentado o incluso un género nuevo. Canudo, por su parte, cree que los restos son demasiado fragmentarios para asignarlos a ese género, aunque piensa que la conclusión sobre la conexión entre continentes se sostiene igual.

Otros, como Pedro Mocho, de la Universidad de Lisboa, consideran que la atribución a Diplodocus es razonablemente segura. Todos coinciden en algo: hacen falta más fósiles para cerrar la discusión.

Gigantes ibéricos propios

Que la Península Ibérica compartiera fauna con Norteamérica no significa que no tuviera sus propias estrellas. También en Teruel, en la localidad de Riodeva, apareció Turiasaurus riodevensis, un saurópodo descrito en 2006 en la revista Science y considerado entonces el dinosaurio más grande hallado en Europa, con una longitud estimada de entre 30 y 37 metros. Cada nuevo hallazgo confirma que, hace 150 millones de años, el rincón suroeste de Europa era una de las regiones más interesantes del planeta para entender cómo se movían los dinosaurios entre continentes.

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