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Ciencia

Durante casi 150 años, el Diplodocus parecía un gigante exclusivo de Norteamérica. 14 vértebras encontradas en Teruel acaban de demostrar que también llegó a Europa y cambian lo que sabíamos sobre sus viajes por el Jurásico

Un fósil de 150 millones de años hallado en Teruel ha sido identificado como el primer Diplodocus conocido fuera de Norteamérica. El descubrimiento apunta a antiguas rutas que permitieron a estos gigantes pasar de un continente a otro.
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Durante casi siglo y medio, Diplodocus tenía una dirección bastante concreta en los libros de paleontología: Norteamérica. Desde que el género fue descrito a finales del siglo XIX, todos sus fósiles confirmados procedían de la Formación Morrison, una gigantesca secuencia de rocas jurásicas que atraviesa buena parte del oeste de Estados Unidos.

Ahora hay que ampliar el mapa unos 8.000 kilómetros. Un equipo de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis ha identificado como Diplodocus un conjunto de fósiles recuperados en La Tejería, un yacimiento de El Castellar, en Teruel. Son restos de un animal que vivió hace aproximadamente 150 millones de años y que habría alcanzado unos 25 metros de longitud. El estudio, publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, lo convierte en el primer registro confirmado del género fuera de Norteamérica. Y quizá la pregunta más interesante ya no sea qué hacía un Diplodocus en España, sino cómo demonios consiguió llegar hasta allí.

No encontraron el dinosaurio completo. Bastaron 14 vértebras de su enorme cola

Durante casi 150 años, el Diplodocus parecía un gigante exclusivo de Norteamérica. 14 vértebras encontradas en Teruel acaban de demostrar que también llegó a Europa y cambian lo que sabíamos sobre sus viajes por el Jurásico
© Fossil Atlas.

El fósil no es un esqueleto espectacular con cuello, cráneo y extremidades todavía conectados. El material estudiado incluye 14 vértebras caudales excepcionalmente conservadas y varios chevrones, unos huesos situados bajo las vértebras de la cola. Pero esas piezas conservaban suficientes pistas anatómicas.

Los paleontólogos encontraron grandes cavidades neumáticas dentro de las vértebras, profundos surcos longitudinales en su cara inferior, cuerpos vertebrales alargados y chevrones bifurcados con características muy concretas. Después compararon esos rasgos con otros saurópodos y realizaron análisis filogenéticos mediante diferentes métodos estadísticos. El resultado colocó al animal dentro de Diplodocus y particularmente cerca de Diplodocus hallorum.

Los autores, sin embargo, fueron deliberadamente prudentes. Como únicamente disponen de vértebras de las zonas media y posterior de la cola y faltan rasgos suficientes para asignarlo inequívocamente a una especie concreta, lo han clasificado simplemente como Diplodocus sp.

Su tamaño tampoco habría sido modesto. Las proporciones de los huesos son comparables a ejemplares norteamericanos y permiten estimar unos 25 metros de longitud, aproximadamente el tamaño de dos autobuses colocados uno detrás del otro.

El hallazgo sugiere que estos gigantes pudieron cruzar un Atlántico que apenas estaba naciendo

Durante casi 150 años, el Diplodocus parecía un gigante exclusivo de Norteamérica. 14 vértebras encontradas en Teruel acaban de demostrar que también llegó a Europa y cambian lo que sabíamos sobre sus viajes por el Jurásico
© Fundación Dinópolis.

Hace 150 millones de años, Europa no se parecía demasiado al continente actual. Era un mosaico de islas y tierras emergidas, mientras el proto-Atlántico continuaba abriéndose tras la fragmentación de Pangea.

Los investigadores creen que durante periodos de descenso del nivel del mar pudieron aparecer conexiones terrestres temporales o cadenas de territorios emergidos que facilitaran movimientos de fauna entre Norteamérica y Europa. El nuevo Diplodocus constituye, según el propio estudio, una de las evidencias más sólidas hasta ahora de ese intercambio. Y no habría viajado solo.

El registro fósil ya había mostrado géneros presentes a ambos lados del antiguo océano, entre ellos Allosaurus, Ceratosaurus, Torvosaurus, Stegosaurus y Supersaurus. Lo extraordinario es que Diplodocus, uno de los dinosaurios más estudiados y reconocibles del Jurásico, había permanecido como una excepción norteamericana.

Los fósiles llevaban años en Teruel. Lo nuevo es que ahora sabemos exactamente qué eran

Durante casi 150 años, el Diplodocus parecía un gigante exclusivo de Norteamérica. 14 vértebras encontradas en Teruel acaban de demostrar que también llegó a Europa y cambian lo que sabíamos sobre sus viajes por el Jurásico
© Fundación Dinópolis.

La historia tiene además un giro curioso. Los restos de La Tejería no acaban de salir de la tierra: Dinópolis llevaba años exhibiendo material de este yacimiento e identificándolo como perteneciente a un diplodócido muy parecido a Diplodocus. Una publicación de la propia fundación de hace años ya describía varias vértebras caudales procedentes del lugar. Lo que cambia ahora es la identificación científica formal. Los nuevos análisis permiten ir más allá de “un pariente europeo de Diplodocus” y situar el fósil directamente dentro del género.

Los huesos permanecen expuestos en el Museo Aragonés de Paleontología de Dinópolis, lo que significa que una de las pruebas que acaba de modificar la distribución conocida de uno de los dinosaurios más famosos del planeta llevaba bastante tiempo a la vista del público.

Durante generaciones, los mapas dibujaron al Diplodocus como un gigante del oeste norteamericano. Catorce huesos de una cola enterrada en Teruel durante 150 millones de años acaban de demostrar que su mundo era bastante más grande.

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