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Ciencia

Los dinosaurios más grandes del Jurásico comenzaban su vida convertidos en la presa perfecta. Sus crías eran tan abundantes y vulnerables que pudieron sostener a todo un ejército de depredadores

Una reconstrucción de más de 12.000 cadenas alimentarias revela la paradoja de los saurópodos: los adultos eran prácticamente intocables, pero sus descendientes funcionaban como una fuente continua de alimento para Allosaurus, Torvosaurus y otros grandes carnívoros.
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Un Brachiosaurus adulto podía alcanzar decenas de toneladas. Atacarlo suponía acercarse a unas patas capaces de aplastar a un depredador y a una cola que podía provocar lesiones graves. Sin embargo, incluso aquellos colosos tuvieron que salir alguna vez de un huevo de apenas unos 30 centímetros.

Durante sus primeros años, los saurópodos todavía no poseían el tamaño que terminaría convirtiéndolos en algunos de los animales terrestres más formidables de la historia. Eran pequeños, relativamente lentos, carecían de armaduras y probablemente tenían que desenvolverse sin una protección parental prolongada. Para los grandes carnívoros del Jurásico tardío, podían ser algo parecido a una comida abundante y de bajo riesgo.

Un estudio encabezado por el paleontólogo Cassius Morrison, de University College London, ha reconstruido las relaciones alimentarias del yacimiento de Dry Mesa, en Colorado. El modelo contiene más de 12.000 cadenas tróficas posibles y sitúa a las crías y juveniles de saurópodos en el centro de uno de los ecosistemas prehistóricos más diversos conocidos.

Dry Mesa conserva un mundo donde convivían demasiados gigantes

Hace unos 150 millones de años, el paisaje del actual oeste de Estados Unidos estaba formado por llanuras atravesadas por ríos, estanques estacionales y bosques abiertos de coníferas, helechos, cícadas y equisetos. Todavía no existían las plantas con flores que dominan buena parte de los ecosistemas modernos.

Los fósiles utilizados en la investigación proceden de Dry Mesa Dinosaur Quarry, dentro de la célebre Formación Morrison. El depósito reúne organismos acumulados durante un intervalo de hasta unos 10.000 años y permite observar mucho más que las especies más espectaculares: contiene desde pequeños reptiles, mamíferos primitivos y peces hasta algunos de los dinosaurios más grandes del planeta.

En este mismo espacio convivieron al menos seis tipos de saurópodos: Diplodocus, Apatosaurus, Brachiosaurus, Camarasaurus, Supersaurus y Haplocanthosaurus. También había cinco dinosaurios carnívoros de tamaños muy distintos, entre ellos Allosaurus, Torvosaurus, Ceratosaurus, Marshosaurus y Stokesosaurus.

Para comprender cómo se relacionaban, el equipo no se limitó a colocar depredadores y herbívoros en una pirámide. Combinó estimaciones de masa corporal, anatomía y biomecánica con huellas microscópicas y señales químicas conservadas en los dientes. También tuvo en cuenta contenidos estomacales fosilizados y otras pruebas directas de alimentación cuando estaban disponibles. Después introdujo todos esos vínculos potenciales en cheddar, un paquete informático empleado para analizar redes ecológicas.

Un saurópodo adulto era una fortaleza; una cría, el bocado más sencillo del Jurásico

Los dinosaurios más grandes del Jurásico comenzaban su vida convertidos en la presa perfecta. Sus crías eran tan abundantes y vulnerables que pudieron sostener a todo un ejército de depredadores
© Pixabay / soundset.

El análisis mostró que los saurópodos tenían muchas más conexiones con plantas y depredadores que otros grandes herbívoros, como los ornitisquios. No solo modificaban el paisaje al consumir enormes cantidades de vegetación: sus diferentes etapas de crecimiento ofrecían recursos a animales de casi todos los tamaños.

Los adultos sanos quedaban fuera del alcance habitual de la mayoría de los cazadores. Incluso actuando en grupo (un comportamiento que todavía se discute en Allosaurus), derribar a un saurópodo plenamente desarrollado habría exigido coordinación, energía y mucha suerte. Un paso lateral o un golpe de cola podía bastar para matar o incapacitar al atacante.

Sus descendientes representaban el extremo opuesto, explica Reuters. Los saurópodos producían huevos pequeños en comparación con su tamaño adulto y necesitaban años para alcanzar la fase en la que su volumen funcionaba como defensa. La evidencia disponible sugiere que las crías no recibían unos cuidados comparables a los de las aves modernas y que muchas debían sobrevivir solas poco después de nacer.

Esto no significa que los investigadores hayan encontrado una escena fosilizada de cada carnívoro devorando bebés de Diplodocus. Se trata de una reconstrucción probabilística basada en tamaños, capacidades físicas y evidencias dietéticas. Sin embargo, el resultado indica que los saurópodos jóvenes fueron probablemente la presa más común y accesible para numerosos depredadores de Dry Mesa.

La muerte de miles de crías pudo ser precisamente lo que permitió sobrevivir a los gigantes

La estrategia reproductiva de los saurópodos parece haber privilegiado la cantidad. No era necesario que sobrevivieran todas las crías: bastaba con que una proporción muy pequeña alcanzara un tamaño en el que prácticamente dejara de tener enemigos naturales.

La enorme mortalidad juvenil no habría sido, por tanto, una anomalía del sistema. Formaba parte de su funcionamiento. Las crías transformaban la vegetación consumida por los saurópodos en carne disponible para los depredadores y conectaban la base vegetal del ecosistema con sus grandes cazadores.

Esta abundancia de presas relativamente seguras, explica Reuters, incluso podría explicar cómo sobrevivían algunos carnívoros después de sufrir lesiones graves. Se conocen fósiles de Allosaurus con heridas curadas, incluidas lesiones compatibles con enfrentamientos contra las colas con púas de Stegosaurus. Un depredador debilitado tenía muchas más posibilidades de recuperarse cazando juveniles que intentando abatir a otro herbívoro armado.

Los autores también plantean que este escenario pudo contrastar con el Cretácico tardío. En ecosistemas con menos saurópodos disponibles, depredadores como Tyrannosaurus rex tuvieron que enfrentarse a presas adultas mucho más peligrosas, como Triceratops. La idea de que esa presión favoreciera mandíbulas más potentes, mayor tamaño y sentidos más desarrollados es sugerente, aunque debe entenderse como una hipótesis evolutiva y no como una conclusión directa del modelo de Dry Mesa.

El estudio cambia así la imagen clásica del Jurásico. Su equilibrio no dependía únicamente de duelos entre monstruos adultos. Bajo las patas de los gigantes existía una multitud de crías cuya vulnerabilidad alimentaba a los cazadores y mantenía conectada toda la red ecológica. La grandeza de los saurópodos se construyó, paradójicamente, sobre incontables descendientes que nunca llegaron a ser grandes.

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