Cuando se piensa en la planta más grande del mundo, lo habitual es imaginar una secuoya gigante o un bosque de álamos conectado por las raíces. Pero el récord no está en tierra firme. Está bajo el agua, en la bahía Shark, en la costa oeste de Australia, y a simple vista no parece una sola planta, sino una extensa pradera de pastos marinos.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Australia Occidental y la Universidad Flinders demostró que esa pradera es, en realidad, un único individuo. El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, no es nuevo: se dio a conocer en junio de 2022, pero vuelve a circular cada tanto por lo extraordinario de sus cifras. Se extiende a lo largo de unos 180 kilómetros y tendría al menos 4.500 años.
Buscaban diversidad y encontraron un solo individuo

La especie es Posidonia australis, un pasto marino que forma praderas en aguas poco profundas del sur de Australia. Los investigadores no estaban buscando un récord. Su objetivo era estudiar la diversidad genética de las praderas de la bahía para decidir qué plantas usar en proyectos de restauración.
Para eso recolectaron brotes en distintos puntos de la bahía, que tiene condiciones muy variables de temperatura, salinidad y luz, y analizaron unos 18.000 marcadores genéticos de cada muestra. Esperaban encontrar muchas plantas diferentes. La autora principal del estudio, Jane Edgeloe, resumió la sorpresa con una frase: había una sola.
Según los investigadores, las praderas de esta especie que ocupan unos 200 kilómetros cuadrados de la bahía parecen haberse expandido a partir de una única semilla que colonizó la zona hace miles de años. Desde entonces, la planta creció copiándose a sí misma: sus tallos subterráneos, llamados rizomas, se extienden por el fondo marino y generan nuevos brotes genéticamente idénticos. La edad se estimó a partir de la velocidad con la que crecen esos rizomas y la distancia que llegaron a cubrir.
Un genoma duplicado

Esa duplicación tiene un costo y una ventaja. Las plantas poliploides suelen ser estériles, y de hecho esta pradera no ha logrado producir semillas con éxito. Pero también pueden ser más resistentes. La bahía Shark es un ambiente exigente, con temperaturas que van de 17 a más de 30 °C y zonas donde el agua tiene hasta el doble de sal que el mar abierto. Según los investigadores, el genoma duplicado podría explicar por qué esta planta prospera en condiciones que serían difíciles para otras de su especie.
Los autores usan una expresión llamativa para describir este tipo de organismos: monstruos esperanzadores, un término de la biología evolutiva para referirse a individuos con cambios genéticos drásticos que, contra lo esperable, logran prosperar.
Más grande que otros gigantes conocidos

Hasta ahora, uno de los ejemplos más citados de organismo gigante era Pando, un bosque de unos 40.000 álamos temblones en Utah, Estados Unidos, que comparten un mismo sistema de raíces y son genéticamente idénticos. La pradera de Shark Bay lo supera ampliamente en extensión. Aun así, la investigadora Elizabeth Sinclair, autora sénior del trabajo, reconoció que podría existir otra planta más grande todavía sin descubrir.
Un gigante vulnerable al calentamiento del océano
A pesar de su resistencia, la pradera no es invulnerable. Entre 2010 y 2011, una ola de calor marina elevó la temperatura del agua hasta 5 °C en algunas zonas costeras de Australia Occidental. Según un estudio publicado en Nature Climate Change, el 36% de las praderas marinas de la bahía Shark resultó dañado, y la pérdida pudo haber liberado entre 2 y 9 millones de toneladas de dióxido de carbono que estaban almacenadas en los sedimentos.
Ese dato muestra por qué estas praderas importan más allá del récord. Los pastos marinos capturan y guardan carbono, protegen las costas de la erosión y sirven de refugio para muchas especies. Un organismo que sobrevivió miles de años de cambios ahora enfrenta un océano cada vez más cálido.