Durante años, los robots humanoides se han vendido como trabajadores del futuro: máquinas para fábricas, almacenes, aeropuertos o tareas peligrosas. UBTech quiere probar otro camino. Según informó Reuters, la compañía china presentó una nueva línea de humanoides ultrarrealistas pensados para compañía y apoyo emocional, capaces (según la empresa) de reconocer y responder a distintos estados emocionales humanos.
El robot se llama UWorld U1 y llega en tres versiones: Lite, Pro y Ultra. De acuerdo con South China Morning Post, los precios van desde 119.800 yuanes hasta 990.000 yuanes, es decir, desde el entorno de los 15.000 euros al cambio hasta una cifra que puede superar ampliamente los 120.000 euros en la versión más avanzada. El modelo se ofrece en versión masculina, de 183 centímetros, y femenina, de 168 centímetros.
Más que un chatbot con piernas

La parte llamativa no es solo que tenga forma humana, sino el tipo de relación que UBTech quiere vender. Según el comunicado de la compañía difundido por PR Newswire, el U1 incorpora 88 grados de libertad, una columna cervical biomimética de doble pivote y un modelo de lenguaje “consciente de emociones” diseñado para compañía a largo plazo. UBTech afirma que su sistema puede reconocer más de 20 estados emocionales con una precisión superior al 90%.
La empresa también asegura que el robot puede mantener memoria de largo plazo, responder sin palabra de activación en determinados contextos y procesar datos con una arquitectura que prioriza el funcionamiento local, con menor dependencia de la nube. South China Morning Post añade que el U1 integra un modelo de IA emocional ejecutado localmente sobre un procesador Rockchip RK3588 y que los datos del usuario se almacenan en el dispositivo, no en la nube.
Dicho de otra forma: UBTech no lo presenta como un asistente doméstico que limpia, cocina o transporta objetos, sino como una presencia. Un robot que conversa, mira, recuerda y adapta su comportamiento. Ahí está la promesa comercial, pero también el punto más incómodo.
La compañía como producto

El contexto ayuda a entender por qué este lanzamiento apunta a algo más que una rareza tecnológica. En su propio comunicado, UBTech cita más de 90 millones de adultos que viven solos en China y 118 millones de personas mayores cuyos hijos ya no viven con ellas. La empresa presenta el U1 como parte de una iniciativa de “acompañamiento humano-robot” y afirma que donará 100 unidades personalizadas en 2026 para programas de apoyo psicológico y bienestar emocional.
La cifra más sorprendente está en la demanda inicial. Reuters informó que UBTech asegura haber recibido 13.361 pedidos de la serie U1 y que pretende completar las entregas durante este año. La propia compañía también situó esa cifra por encima de las 13.000 unidades en su lanzamiento oficial.
La pregunta, claro, es qué significa “compañía” cuando se vende en forma de humanoide. UBTech habla de apoyo emocional, cuidado de mayores, asistencia social, educación, turismo, recepción y servicios domésticos premium. Pero también introduce una posibilidad más delicada: robots personalizados con reconstrucción facial 3D y tecnologías de replicación de identidad basadas en voz para recrear “personas designadas”, según su propio comunicado.
No hace falta exagerar mucho para ver el dilema. Un robot que recuerda conversaciones ya plantea preguntas sobre privacidad. Un robot que puede imitar rostros o voces concretas abre otra puerta: la de convertir la ausencia, el duelo o la nostalgia en producto tecnológico.
China pisa fuerte, pero el mercado aún no está resuelto
El U1 también encaja dentro de una carrera mucho más amplia. China quiere liderar la robótica humanoide, y no solo en demostraciones. Associated Press informó recientemente que el país tenía más de 140 fabricantes de humanoides y más de 330 modelos en 2025, según el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información chino. También citó datos de Barclays según los cuales los robots humanoides chinos representaron alrededor del 85% del total global el año pasado.
Pero una cosa es fabricar robots y otra muy distinta es que encajen en la vida real. En el mismo análisis, Associated Press recogía advertencias de expertos sobre un problema evidente: muchos humanoides siguen siendo más performativos que funcionales, caros de producir y frágiles en entornos poco controlados. La robótica doméstica, con casas desordenadas, personas imprevisibles y expectativas emocionales altísimas, es incluso más difícil que una línea de montaje.
Ahí está la tensión central del U1. Sobre el papel, promete una categoría nueva: robots de compañía producidos en masa, con apariencia humana y una IA emocional persistente. En la práctica, todavía falta comprobar si esos robots pueden conversar con naturalidad, moverse con seguridad, ser útiles durante años y no quedarse en una mezcla cara de demostración tecnológica y objeto inquietante.
UBTech no está vendiendo solo hardware. Está vendiendo una idea de futuro: que la soledad, el cuidado y la presencia puedan automatizarse. Puede que dentro de unos años miremos al U1 como el primer paso torpe hacia una nueva industria doméstica. O puede que lo recordemos como otra promesa demasiado humana para una máquina que todavía no sabe serlo.