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Ciencia

La sorprendente razón por la que los humanos caminamos de una forma que otros primates evitan

Durante millones de años, nuestra especie desarrolló una forma de caminar que parece sencilla, pero que esconde una ventaja evolutiva extraordinaria y también un importante coste.
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Hay algo que hacemos todos los días y que rara vez nos detenemos a analizar: caminar. Lo hacemos para ir al trabajo, recorrer una ciudad, buscar alimento o simplemente desplazarnos de un lugar a otro. Sin embargo, detrás de cada paso existe una combinación de músculos, huesos y articulaciones que evolucionó durante millones de años. Ahora, un estudio ha puesto el foco en un detalle aparentemente insignificante de nuestra pisada y ha descubierto que podría ser una de las claves de nuestra extraordinaria capacidad para recorrer largas distancias.

La pista está en la manera en que el pie entra en contacto con el suelo. Y, aunque pueda parecer un gesto cotidiano sin mayor importancia, nos diferencia de algunos de nuestros parientes vivos más cercanos.

Un detalle de nuestra pisada que pasó desapercibido

En 1975, Akira Kurosawa estrenó Dersu Uzala, una película ambientada en los paisajes de Siberia que narra la relación entre un capitán ruso y un experimentado cazador de la etnia hezhen. El protagonista posee una habilidad extraordinaria para interpretar las huellas que encuentra en la naturaleza.

En una de las escenas, Dersu examina unas marcas en la nieve y consigue deducir características de la persona que las dejó. La profundidad de las huellas le proporciona pistas sobre su edad y su manera de desplazarse.

La escena resulta interesante por una razón inesperada: la ciencia moderna ha descubierto que la forma de apoyar el pie puede contar mucho más de lo que imaginábamos.

Un equipo de investigadores decidió comparar directamente la forma de caminar de humanos y chimpancés, nuestros parientes vivos más cercanos. Para hacerlo, analizaron a 12 personas y 11 chimpancés mientras caminaban sobre una plataforma capaz de registrar cómo distribuían el peso en cada paso.

También utilizaron cámaras para seguir el movimiento de las articulaciones mediante pequeños marcadores reflectantes colocados sobre el cuerpo.

El resultado permitió observar una diferencia muy concreta. Mientras los chimpancés presentan una pisada más variable, los humanos mostramos una tendencia mucho más constante: el talón desempeña un papel protagonista al comenzar cada paso.

Y ahí aparece una de las claves de nuestra particular evolución.

evolucion humana
© frank60 – shutterstock

Caminar gastando menos energía tuvo un precio

Según los investigadores, los primeros antepasados humanos probablemente no caminaban exactamente como nosotros. Su forma de desplazarse habría sido más parecida a la de los chimpancés, con apoyos que podían producirse sobre la punta del pie, el pie completo o el talón de manera menos uniforme.

Con el tiempo, nuestra especie habría desarrollado una mecánica mucho más especializada.

Una de las consecuencias más importantes está relacionada con el gasto energético. Al analizar el consumo de oxígeno durante la marcha, los investigadores estimaron que el patrón característico de los humanos, incluido el apoyo del talón, permite ahorrar aproximadamente entre un 26 % y un 41 % de energía frente a determinadas formas alternativas de caminar.

Puede parecer una diferencia pequeña, pero desde el punto de vista evolutivo resulta enorme.

Para nuestros antepasados, desplazarse durante horas para encontrar alimento, seguir a una presa o regresar al refugio suponía una inversión considerable de energía. Cualquier modificación anatómica que permitiera recorrer mayores distancias consumiendo menos recursos podía convertirse en una ventaja decisiva.

La eficiencia, sin embargo, no salió gratis.

Cuando los investigadores analizaron las fuerzas producidas al apoyar el talón, descubrieron que la carga sobre las articulaciones aumentaba considerablemente. En los chimpancés, el impacto podía ser un 138 % mayor al utilizar este tipo de apoyo, mientras que en los humanos llegaba hasta aproximadamente un 162 %.

En otras palabras, nuestra manera eficiente de caminar también genera más estrés mecánico.

La evolución hizo una apuesta sorprendente

La explicación podría estar en que el cuerpo humano tuvo que adaptarse para soportar esas fuerzas.

Los investigadores señalan que características como unos huesos del talón más robustos y articulaciones de rodilla y tobillo de mayor tamaño pudieron contribuir a absorber las cargas producidas durante la marcha. La evolución, en lugar de evitar completamente el impacto, habría encontrado una forma de soportarlo a cambio de obtener una ventaja energética.

Los chimpancés parecen haber seguido otra estrategia.

Cuando caminan sobre dos piernas, suelen utilizar apoyos más suaves y variables. Es una manera de reducir la velocidad con la que el peso se transmite al suelo. Una comparación sencilla ayuda a entenderlo: caminar sobre la punta de los pies puede parecerse a intentar atravesar un suelo de madera sin provocar ruidos. El movimiento resulta menos brusco, aunque también puede requerir un mayor esfuerzo.

Nuestra especie tomó un camino diferente.

La combinación entre postura erguida, piernas extendidas y una pisada dominada por el talón terminó convirtiéndonos en auténticos especialistas en caminar durante largas jornadas. Esa capacidad pudo ser especialmente importante para las estrategias de caza y recolección, cuando conseguir alimento exigía recorrer enormes distancias.

El descubrimiento también abre una pregunta que todavía no tiene respuesta definitiva. Durante miles de años caminamos sobre tierra, arena, piedra y otros terrenos naturales. Hoy, gran parte de nuestra vida transcurre sobre superficies artificiales como el hormigón y el asfalto.
¿Hasta qué punto esas superficies están modificando la manera en que caminamos?

Los investigadores plantean la cuestión como una posible línea para futuros estudios. Quizá la historia de nuestra pisada todavía tenga otro capítulo por contar.

Y todo podría haber empezado con algo tan sencillo como apoyar el talón en el suelo.

 

[Fuente: La Razón]

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