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Ciencia

Los ríos que nacen en los glaciares de Svalbard tienen hasta 425 veces más metano del esperado: viene de rocas de millones de años bajo el hielo

No es el metano del que veníamos hablando hasta ahora. Este estuvo atrapado en piedra durante millones de años, y el agua de deshielo recién ahora encontró la forma de sacarlo a la superficie
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Buena parte de la atención sobre el metano ártico se concentró históricamente en el gas producido por microorganismos o liberado a medida que se descongela el permafrost. Un estudio publicado en Nature Communications encontró que, en Svalbard, buena parte del metano transportado por el agua de deshielo tiene un origen completamente distinto: es metano termogénico, mucho más antiguo, formado a partir de materia orgánica enterrada y transformada durante escalas de tiempo geológicas bajo determinadas condiciones de presión y temperatura, y que se conservaba atrapado en las rocas situadas debajo del hielo.

En la práctica, algunos glaciares del archipiélago noruego funcionan como una enorme cubierta helada sobre terrenos capaces de almacenar hidrocarburos. Mientras el hielo permanece encima, buena parte de ese metano queda aislado; pero el agua de deshielo superficial encuentra grietas y conductos, llega hasta el lecho glaciar y puede terminar arrastrando el gas hacia los ríos.

Cómo lo descubrieron

Svalbard Satelital
© By NASA Earth Observatory images by Joshua Stevens, using Landsat data from the U.S. Geological Survey. Story by Adam Voiland. – https://earthobservatory.nasa.gov/images/147629/a-swirl-of-old-supercontinent-silt?src=eoa-iotd, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=97685979

El equipo, liderado por Gabrielle Kleber, analizó 148 muestras de agua de los ríos que nacen en 19 glaciares de valle del centro de Svalbard. El resultado fue contundente: todos los sistemas estudiados presentaban aguas sobresaturadas de metano, con concentraciones que en los casos más extremos llegaron a ser 425 veces superiores al nivel esperable si el agua estuviera en simple equilibrio con la atmósfera. Para confirmar el origen del gas, los investigadores no se conformaron con medir su concentración: analizaron también su composición isotópica y la presencia de otros hidrocarburos asociados, como etano y propano, cuya combinación apunta con claridad al origen termogénico.

No alcanza con tener las rocas correctas

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que la geología favorable, por sí sola, no garantiza una liberación importante de gas: el estado térmico de la base del glaciar resulta igual de decisivo. Mediante radar de penetración terrestre, el equipo determinó qué proporción del lecho de distintos glaciares se encontraba a temperatura de deshielo (lo que permite que el agua circule y se conecte con el terreno) frente a lechos que permanecen congelados, donde esa comunicación se reduce drásticamente.

Las diferencias resultaron enormes: el glaciar Ragna Mariebreen, asentado sobre geología favorable y con un lecho hidrológicamente activo, alcanzó concentraciones de 1.700 nanomoles de metano por litro cerca de su frente, mientras que otros glaciares sobre formaciones igualmente ricas en hidrocarburos mostraron cifras mucho menores cuando su base estaba más congelada. La geología por sí sola explicó apenas el 52% de la variación observada; al sumar la proporción de hielo basal templado, el modelo pasó a explicar cerca del 75%.

El metano que reaparece río abajo

Contaminacion Aguas Subterraneas
© Por Paz.ar de Wikipedia en español – Transferido desde es.wikipedia a Commons., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1685335

El comportamiento del gas tampoco se agota en el frente del glaciar. Lo habitual sería que la concentración de metano disminuyera río abajo a medida que parte del gas escapa hacia la atmósfera, pero los investigadores detectaron el efecto contrario en numerosos cauces: en el 68% de los ríos estudiados, la concentración máxima de metano apareció lejos del frente glaciar, una señal de que aguas subterráneas provenientes de terreno recién descubierto por el retroceso del hielo también están aportando gas al sistema.

Cuánto gas estamos hablando

Según las estimaciones del equipo, los glaciares terrestres de Svalbard podrían transportar entre 182 y 368 toneladas de metano al año a través de sus aguas de deshielo, aunque los propios autores aclaran que se trata de cálculos aproximados y probablemente conservadores. Esa cifra está lejos de acercarse a las grandes fuentes de emisión humanas, pero el valor científico del hallazgo pasa por otro lado: demuestra la existencia de un mecanismo natural capaz de trasladar carbono geológico atrapado durante millones de años hasta la atmósfera actual.

Una paradoja climática

El hallazgo deja planteada una paradoja interesante sobre cómo podría evolucionar este fenómeno con el avance del calentamiento global. Más deshielo puede, en un primer momento, llevar más agua hasta el lecho glaciar y aumentar el lavado de metano hacia la superficie. Pero a medida que los glaciares de valle de Svalbard se adelgazan y retroceden, sus bases también pueden enfriarse; si terminan congelándose por completo al terreno, la circulación subglacial se reduciría y con ella, probablemente, el transporte de este gas antiguo hacia la atmósfera.

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