La caída del cabello es uno de los efectos más visibles de algunos tratamientos contra el cáncer. Aunque generalmente es temporal, para muchos pacientes puede convertirse en una parte especialmente difícil del proceso, no solo por el cambio físico, sino porque vuelve visible una enfermedad que hasta entonces podían decidir cuándo compartir con los demás.
La tecnología ofrece hoy dos caminos muy diferentes para enfrentar esa situación. Por un lado, existen sistemas capaces de enfriar el cuero cabelludo durante la quimioterapia para intentar conservar parte del pelo. Por otro, la industria de las pelucas ha desarrollado modelos específicamente pensados para personas con alopecia derivada de tratamientos médicos.
Ambas soluciones pueden ayudar, pero tienen algo en común: su acceso depende en gran medida del dinero disponible.
Enfriar la cabeza para que llegue menos quimioterapia al cabello
Los sistemas de scalp cooling mantienen el cuero cabelludo a temperaturas que pueden situarse entre los 2 °C y los 5 °C durante determinadas sesiones de quimioterapia.
El principio es relativamente sencillo. El frío provoca que los pequeños vasos sanguíneos de la zona se contraigan temporalmente, reduciendo el flujo de sangre y, por tanto, la cantidad de medicamento que alcanza los folículos capilares. Al mismo tiempo, disminuye la actividad de las células del folículo, haciéndolas potencialmente menos vulnerables al tratamiento. Equipos automatizados como DigniCap, Paxman o Amma utilizan una máquina conectada mediante tubos a una cubierta especial que se coloca alrededor de la cabeza.
El procedimiento comienza antes de administrar la quimioterapia y continúa durante un tiempo después de terminarla, por lo que también puede prolongar considerablemente cada sesión.

Puede funcionar, pero no evita completamente la caída
Los resultados dependen mucho del medicamento utilizado y del tipo de cáncer.
En un estudio realizado en Monterrey con 76 pacientes que utilizaron DigniCap entre 2016 y 2020, alrededor del 74% consiguió conservar suficiente cabello como para no necesitar una peluca. En determinados esquemas de quimioterapia, esa proporción puede acercarse incluso al 90%. Eso no significa que el cabello permanezca intacto. Puede seguir produciéndose una caída parcial y algunas zonas responden mejor que otras.
Además, la tecnología no está indicada para todos los pacientes. En cánceres hematológicos, como algunas leucemias, el enfriamiento capilar no forma parte de las opciones recomendadas.
México tuvo esta tecnología antes que Estados Unidos
DigniCap comenzó a utilizarse en México alrededor de 2010, varios años antes de recibir autorización de la FDA estadounidense.
El sistema había llegado al país después de que Susana Valdez, fundadora de Celeritas Trading and Consulting, conociera la tecnología desarrollada en Suecia y comenzara el proceso para introducirla y obtener su registro sanitario. En Estados Unidos, la FDA autorizó DigniCap en diciembre de 2015 inicialmente para mujeres con cáncer de mama.
Desde entonces, la tecnología también evolucionó. Las versiones más recientes utilizan sistemas de enfriamiento más flexibles que mejoran el contacto con la cabeza y pueden trabajar a temperaturas inferiores.
El verdadero problema es cuánto cuesta
Un equipo DigniCap puede costar alrededor de 906.000 pesos mexicanos más impuestos, mientras que una sesión en algunos centros donde se ofrece el servicio ronda los 4.500 pesos mexicanos.
El gasto total depende de cuántas sesiones de quimioterapia necesite cada paciente, ya que el sistema debe utilizarse desde el comienzo y repetirse en cada aplicación.
A esto se suma que muchas aseguradoras no cubren el procedimiento porque todavía lo consideran de carácter estético, pese a que quienes trabajan con esta tecnología sostienen que su objetivo es reducir un efecto secundario del tratamiento.
Las pelucas también se convirtieron en tecnología médica
Cuando conservar el cabello no es posible, las pelucas siguen siendo una alternativa, pero las destinadas a pacientes oncológicos pueden ser muy diferentes de un modelo convencional. Algunas utilizan bases ultraligeras, tul, monofilamentos, zonas de silicón y sistemas especiales de ajuste para evitar irritaciones y desplazamientos sobre un cuero cabelludo sensible. También existen modelos en los que cada cabello se coloca individualmente para conseguir un aspecto más natural.
Estas piezas suelen comercializarse como pelucas de “grado médico”, aunque el término no corresponde a una certificación sanitaria universal.
Su precio también puede variar enormemente: en establecimientos especializados de México aparecen opciones desde unos 1.800 hasta 46.000 pesos, dependiendo de los materiales, el cabello utilizado y el nivel de personalización.
La tecnología ya permite reducir la caída del cabello o hacer mucho más llevadera su pérdida durante la quimioterapia. El desafío ahora no parece ser únicamente conseguir mejores soluciones, sino lograr que estas alternativas dejen de depender de cuánto puede pagar cada paciente.