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Ciencia

La Tierra podría esconder hasta 20 millones de especies de insectos y ni siquiera les hemos puesto nombre. Un gigantesco estudio de ADN acaba de triplicar la estimación clásica

Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences estima que podrían existir entre 14 y 20 millones de especies de insectos en la Tierra. La cifra surge de un análisis masivo de ADN realizado con más de 1,6 millones de ejemplares recolectados en el Área de Conservación Guanacaste, en Costa Rica, uno de los inventarios tropicales más completos del planeta.
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Durante décadas, la cifra más aceptada era tan enorme que parecía suficiente: alrededor de seis millones de especies de insectos en la Tierra. El problema es que incluso ese número, repetido durante años como una referencia prudente, podría haberse quedado corto. Muy corto.

Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences eleva la estimación global a entre 14 y 20 millones de especies de insectos, más del doble y hasta más del triple de la cifra que se manejaba habitualmente. Según detalla Cornell Chronicle, el cálculo parte de información genética de más de 1,6 millones de insectos tropicales, un censo profundo de avispas parasitoides en Costa Rica y varios modelos estadísticos diseñados para estimar lo que todavía no hemos visto.

La parte más inquietante no es solo el número. Es lo que implica: si la estimación es correcta, la mayoría de los insectos del planeta siguen existiendo sin nombre científico, sin descripción formal y, en muchos casos, sin que sepamos si ya están desapareciendo.

Un censo imposible que empezó en Costa Rica

Para construir la estimación, los investigadores se concentraron en el Área de Conservación Guanacaste, una zona protegida de unas 169.000 hectáreas en el noroeste de Costa Rica. No fue una elección casual. Se trata de uno de los inventarios de biodiversidad tropical más intensivos del mundo, con décadas de trabajo acumulado y muestreos en ecosistemas muy distintos.

Según explica Cornell Chronicle, el equipo usó trampas Malaise (estructuras parecidas a tiendas de campaña que capturan insectos voladores) y otros métodos de recolección para cubrir zonas de bosque seco, bosque nuboso y selva húmeda. Solo el conjunto principal de 15 trampas capturó más de 1,6 millones de ejemplares, todos analizados mediante código de barras genético, una técnica que secuencia un fragmento breve de ADN para diferenciar especies. Ese trabajo permitió identificar cerca de 54.000 especies de insectos en el muestreo principal.

El método es importante porque contar insectos no se parece en nada a contar mamíferos o aves. Muchos son diminutos, se parecen demasiado entre sí y pueden vivir en áreas extremadamente reducidas. A simple vista, dos ejemplares pueden parecer iguales; genéticamente, pueden pertenecer a especies distintas.

Las avispas que ayudaron a estimar lo invisible

La Tierra podría esconder hasta 20 millones de especies de insectos y ni siquiera les hemos puesto nombre. Un gigantesco estudio de ADN acaba de triplicar la estimación clásica
© Daniel H. Janzen.

El paso decisivo vino con un grupo muy particular: las Microgastrinae, una subfamilia de avispas parasitoides. Son pequeñas, hiperdiversas y tienen una vida bastante brutal: ponen sus huevos dentro de orugas y, cuando las larvas nacen, se alimentan del huésped desde dentro.

De acuerdo con Cornell, los investigadores usaron tres fuentes para estudiar estas avispas: las trampas principales, trampas periféricas y ejemplares obtenidos al criar orugas para ver qué parasitoides emergían de ellas. En total, detectaron 1.414 especies de Microgastrinae en el Área de Conservación Guanacaste. Luego aplicaron modelos estadísticos para calcular cuántas especies de ese grupo podían seguir sin observarse.

Ese ratio entre especies detectadas y especies potencialmente ocultas fue la pieza que permitió estimar la diversidad total de insectos en Guanacaste. El resultado: cerca de 333.000 especies de insectos solo en esa área protegida.

A partir de ahí, los autores compararon esa riqueza local con otros grupos mejor estudiados, como árboles, anfibios, aves y polillas satúrnidas, para extrapolar la cifra al resto del planeta. La conclusión fue la horquilla de 14 a 20 millones de especies de insectos en todo el mundo.

Apenas hemos descrito una pequeña parte

La cifra golpea por contraste. Según Cornell Chronicle, la ciencia ha descrito formalmente alrededor de 1,2 millones de especies de insectos hasta ahora. Es decir, especies que tienen nombre, descripción y una identidad taxonómica reconocible para que otros investigadores puedan identificarlas.

Si el nuevo cálculo es correcto, eso significa que todavía queda una enorme mayoría por conocer. Y no hablamos de una pequeña corrección estadística, sino de millones de especies que probablemente nunca han sido estudiadas en detalle.

Laura Melissa Guzman, profesora de Entomología en Cornell y autora correspondiente del trabajo, lo resumió con una advertencia sencilla: no se puede proteger lo que ni siquiera sabemos que existe. Según dijo a Cornell Chronicle, este tipo de estimaciones son necesarias para dimensionar la biodiversidad real del planeta y entender el alcance de los declives actuales de insectos.

El hallazgo llega en medio del “apocalipsis de los insectos”

El estudio aparece en un momento incómodo. Desde hace años, numerosos trabajos alertan sobre caídas en poblaciones de insectos asociadas a la pérdida de hábitat, la intensificación agrícola, el uso de pesticidas, las especies invasoras y el cambio climático. Por eso, descubrir que podría haber millones de especies más no hace que el problema sea menor. Al contrario: lo vuelve más difícil de medir.

Tal como señaló Guzman a Gizmodo, el nuevo cálculo ofrece una base para entender cuánto falta por aprender y para dimensionar mejor los declives actuales. La propia investigadora advierte que podrían existir muchas especies en retroceso que todavía ni siquiera han sido descubiertas.

Ese es el punto más incómodo del estudio. La Tierra podría ser mucho más rica en insectos de lo que creíamos, pero también podríamos estar perdiendo parte de esa riqueza antes de llegar a nombrarla. En un planeta donde los insectos polinizan plantas, reciclan nutrientes, sostienen cadenas alimentarias y regulan ecosistemas enteros, el desconocimiento no es un detalle menor. Es una forma de ceguera.

El trabajo no cierra la pregunta sobre cuántos insectos existen. Pero sí cambia la escala de la discusión. Ya no se trata solo de completar un catálogo naturalista, sino de entender que una parte enorme de la vida terrestre sigue escondida en hojas, troncos, suelos, trampas y frascos de laboratorio. Y, quizá, desapareciendo antes de que sepamos que estaba ahí.

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