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Ciencia

La Tierra podría esconder más agua de la que vemos en sus océanos. Un nuevo estudio cambia lo que sabemos sobre el origen del planeta

Una investigación sugiere que enormes cantidades de agua quedaron atrapadas en el interior profundo de la Tierra durante su formación. El hallazgo apunta a que el manto podría albergar volúmenes comparables a los océanos actuales, reescribiendo la historia temprana del planeta.
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Una pregunta, simple y compleja a la vez, ha perseguido a la ciencia planetaria: ¿de dónde salió toda el agua de la Tierra?

Los modelos clásicos sostenían que los océanos llegaron tarde, transportados por asteroides y cometas tras la violenta formación del planeta. Pero un nuevo estudio propone un escenario mucho más intrigante: la Tierra podría haber nacido húmeda.

Según la investigación, publicada por un equipo de la Academia de Ciencias de China, gran parte del agua no llegó desde el espacio exterior, sino que quedó atrapada desde el inicio en el interior profundo del planeta, sellada en sus minerales mientras la superficie aún era un océano de magma incandescente.

Un depósito invisible bajo nuestros pies

El trabajo, liderado por el geofísico Wenhua Lu, se centra en una región inaccesible para cualquier perforación humana: el manto inferior, situado entre los 660 y los 2.900 kilómetros de profundidad.

Allí se encuentra la bridgmanita, el mineral más abundante del planeta. Aunque rara vez aparece en la superficie, constituye cerca del 40 % del volumen total de la Tierra.

Durante años se sospechó que este mineral podía almacenar pequeñas cantidades de hidrógeno. Lo que nadie imaginaba era cuánto.

Los nuevos experimentos indican que, bajo las condiciones extremas de presión y temperatura del manto primitivo, la bridgmanita tenía la capacidad de absorber enormes volúmenes de hidrógeno —y, por extensión, de agua— directamente dentro de su estructura cristalina.

Cómo se recreó el interior de la Tierra primitiva

La Tierra podría esconder más agua de la que vemos en sus océanos. Un nuevo estudio cambia lo que sabemos sobre el origen del planeta
© Scott Webb

Para comprobarlo, los científicos utilizaron celdas de yunque de diamante, uno de los pocos instrumentos capaces de reproducir presiones de millones de atmósferas.

Las muestras minerales fueron calentadas con láser hasta temperaturas superiores a los 3.000 grados, similares a las del planeta recién formado.

El resultado fue revelador.

A medida que el océano de magma comenzaba a solidificarse, el hidrógeno no escapaba hacia la atmósfera, como se pensaba, sino que quedaba atrapado dentro de la bridgmanita en formación.

Cuanto mayor era la temperatura, mayor era su capacidad de almacenamiento. En la Tierra primitiva —mucho más caliente que hoy— ese efecto habría sido masivo.

Océanos que nacieron desde el interior

Este mecanismo cambia por completo la narrativa tradicional. En lugar de un planeta seco que recibió agua desde el espacio, el estudio propone una Tierra que absorbió agua desde dentro hacia afuera.

A medida que el planeta se fue enfriando durante cientos de millones de años, la capacidad de los minerales para retener hidrógeno disminuyó. El agua comenzó entonces a liberarse lentamente mediante volcanismo profundo.

No habría sido un evento súbito, sino un goteo constante. Un suministro prolongado que, con el tiempo, habría alimentado los océanos superficiales.

Según las estimaciones del estudio, el volumen total de agua almacenado en el manto podría ser comparable —o incluso superior— al de todos los océanos actuales combinados.

Un impacto profundo en la geología del planeta

La Tierra podría esconder más agua de la que vemos en sus océanos. Un nuevo estudio cambia lo que sabemos sobre el origen del planeta
© Ben Jackson.

El hallazgo no solo afecta al origen del agua. La presencia de hidrógeno en el manto inferior modifica la viscosidad de las rocas, altera los flujos de convección y condiciona el movimiento de las placas tectónicas. En otras palabras, influye directamente en cómo funciona la Tierra por dentro.

Esto ayuda a explicar por qué nuestro planeta mantiene actividad tectónica durante miles de millones de años, algo clave para la estabilidad climática y la habitabilidad a largo plazo.

Un manto hidratado no es solo un depósito químico: es parte del motor que mantiene viva la geodinámica terrestre.

Un planeta más complejo de lo que creíamos

Si estas conclusiones se confirman, la Tierra no sería una excepción fortuita en el Sistema Solar, sino un mundo con una capacidad extraordinaria para retener agua desde su nacimiento.

Y eso tiene implicaciones que van mucho más allá de nuestro planeta.

Comprender cómo los minerales profundos pueden capturar y liberar agua permite refinar los modelos sobre la habitabilidad de otros mundos rocosos, desde Marte hasta supertierras orbitando otras estrellas.

Puede que el agua no sea solo una cuestión de impactos cósmicos, sino también de geología profunda. Bajo nuestros pies, a miles de kilómetros de profundidad, la Tierra podría seguir guardando un secreto colosal: un océano invisible que ha acompañado al planeta desde el primer día.

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