Un operario de Hanford en 1954
Photo: AP

Harold McCluskey acababa de reincorporarse al trabajo tras una huelga de cinco meses cuando ocurrió el accidente. La planta de acabado de plutonio había estado cerrada todo ese tiempo y el material con el que trabajaba se había vuelto inestable. Eran las 2:45 del 30 de agosto de 1976 cuando vio humo al otro lado de su caja de guantes y trató de escapar. Un instante después, la ventana explotó y Harold inhaló la mayor dosis de radiación jamás registrada en un ser humano. Desde entonces se lo conoce como Atomic Man, el auténtico hombre atómico.

En los 70, el complejo nuclear de Hanford ya hab√≠a entrado en declive. Establecido a orillas del r√≠o Columbia como parte del Proyecto Manhattan, Hanford hab√≠a sido el hogar del primer reactor nuclear a gran escala y el sitio de donde hab√≠a salido el plutonio de la primera arma nuclear y de la bomba que se lanz√≥ sobre Nagasaki. Hoy se lo conoce como ‚Äúel lugar m√°s t√≥xico de Am√©rica‚ÄĚ, pero ning√ļn accidente ha sido tan grave como el de Harold McCluskey.

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Harold McCluskey tras el accidente y una vista aérea de Hanford

Ocurri√≥ cuando el operador qu√≠mico de 64 a√Īos vigilaba una columna de intercambio i√≥nico en el ala 242-Z. Para extraer el americio, un elemento artificial 50 veces m√°s radiactivo que el plutonio, Harold ten√≠a que bombear √°cido n√≠trico muy concentrado a trav√©s de una capa de resina. Era un hombre cauteloso y sab√≠a que la resina hab√≠a estado desatendida demasiado tiempo, pero su jefe le pidi√≥ que procediera. Hab√≠a una gruesa ventana de vidrio de plomo para ver lo que ocurr√≠a en el interior de la columna y guantes especiales para manipular el intercambio. Al agregar el √°cido desde lo alto de una escalera, Harold oy√≥ un silbido desconocido y se qued√≥ petrificado. Cuando el silbido se intensific√≥, grit√≥: ‚Äú¬°esta cosa va a explotar!‚ÄĚ.

La sala donde ocurrió el accidente

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Un destello de luz azul ilumin√≥ la sala y una fuerte explosi√≥n hizo que todo saltara por los aires. El cuerpo de Harold qued√≥ cubierto de sangre, fragmentos de metal radioactivo y vidrio de plomo. La explosi√≥n le hab√≠a arrancado el respirador y el √°cido n√≠trico le hab√≠a quemado la cara. Hab√≠a material radiactivo incrustado en su piel y vapores de americio en sus pulmones. Harold acababa de absorber la mayor dosis de radiaci√≥n jam√°s registrada en un t√©cnico nuclear, 500 veces superior a lo que una persona podr√≠a recibir sin sufrir ning√ļn da√Īo irreparable en su organismo.

Los sensores de radiactividad hicieron saltar las alarmas en todo el edificio. M√©dicos y auxiliares acudieron al lugar del accidente con respiradores y ropas especiales para socorrerlo. Harold fue llevado al centro de descontaminaci√≥n mientras murmuraba ‚Äúno puedo ver‚ÄĚ. El √°cido lo hab√≠a dejado temporalmente ciego y el estallido hab√≠a da√Īado su audici√≥n. Encerrado en un tanque de acero y hormig√≥n, estuvo tres semanas sin contacto con nadie por miedo a que la radiaci√≥n contaminara a otras personas. √Čl mismo explic√≥ a la revista People que lo monitorizaban como a un extraterrestre, con respiradores y ropa protectora; pero no pod√≠a ver ni entender claramente a las enfermeras. Pas√≥ un mes hasta que su familia pudo acercarse a menos de 10 metros, rescord√≥ su esposa en la entrevista.

Harold siendo tratado por los médicos tras el accidente

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De nueve m√©dicos, cuatro pensaron que ten√≠a un 50% de probabilidad de sobrevivir. ‚ÄúEl resto simplemente negaba con la cabeza‚ÄĚ, dijo. Pero vivi√≥. Durante cinco meses le inyectaron 600 vacunas DTPA de zinc, un f√°rmaco que se une a los metales radiactivos. Las enfermeras lo lavaban y afeitaban todos los d√≠as, tirando las toallas y el agua de sus ba√Īos en un vertedero de residuos nucleares. Era tal la cantidad de americio que hab√≠a en su cuerpo que cada exhalaci√≥n disparaba el contador de Geiger.

Sin embargo, el tratamiento funcion√≥ y su nivel de radiactividad cay√≥ un 80% tras casi medio a√Īo de aislamiento. Harold pudo volver a casa, donde tuvo problemas de otro tipo. En la entrevista de People record√≥ c√≥mo sus amigos lo llamaba por tel√©fono y le dec√≠an algo parecido a: ‚ÄúHarold, me caes bien, pero nunca podr√© volver a tu casa‚ÄĚ. Tambi√©n confes√≥ que iba rotando de peluquer√≠a para ‚Äúno arruinar el negocio de nadie‚ÄĚ. En la prensa lo llamaban el hombre at√≥mico, que sonaba como el apodo de un superh√©roe, pero su vida se parec√≠a m√°s a la de un hombre solitario con una enfermedad mortal y contagiosa.

Tras el accidente, Harold sufri√≥ una infecci√≥n renal, cuatro ataques cardiacos y un trasplante de c√≥rnea, pero nunca se desanim√≥. Los gastos m√©dicos fueron pagados por el Departamento de Energ√≠a de Estados Unidos, que tambi√©n le ofreci√≥ una cuantiosa indemnizaci√≥n. Muri√≥ de una insuficiencia card√≠aca congestiva en 1987, a la edad de 75 a√Īos, mientras visitaba a su hija. No parece que hubiera un v√≠nculo entre su muerte y la radiaci√≥n, lo que dej√≥ perplejos a los cient√≠ficos. En Hanford, el lugar del accidente pas√≥ a llamarse ‚Äúsala McCluskey‚ÄĚ y permaneci√≥ casi intacto (salvo por alguna limpieza ocasional) hasta que fue demolido en 2017 como parte de un trabajo de limpieza que borrar√° del mapa la antigua planta.