En los últimos diez años, la cantidad de satélites activos en órbita terrestre se multiplicó por nueve. Megaconstelaciones de cientos o miles de satélites operan simultáneamente para proveer internet, observación de la Tierra o comunicaciones militares. Cada satélite lanzado es también, eventualmente, un futuro desecho en órbita. El resultado es que hoy hay 1,2 millones de objetos de entre 1 y 10 centímetros distribuidos en las distintas órbitas terrestres, equivalentes a 16.200 toneladas de material que viaja a 27.000 kilómetros por hora. La mayoría cae en océanos o zonas despobladas cuando reingresa a la atmósfera. Pero la probabilidad de que alguno caiga en área habitada aumenta con cada lanzamiento, y en América Latina el problema se hizo presente en Viedma, Puerto Tirol y Armstrong. La Universidad Nacional de La Plata decidió hacer algo al respecto.
MIRA: el primer sistema latinoamericano de monitoreo de reingresos atmosféricos

El Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales de la UNLP, dependiente de las Facultades de Ingeniería y Ciencias Jurídicas y Sociales, presentó MIRA como el primer sistema regional de esta clase. El objetivo declarado es brindar evidencias científicas, generar alertas tempranas y diseñar herramientas para la formulación de políticas públicas de sostenibilidad espacial en la región. Su director general, Juan Cruz González Allonca, detalló a Página 12 el alcance del problema: «La basura espacial está creciendo de forma exponencial. Aunque puedan parecer pequeños o inofensivos, en el espacio estos objetos viajan a 27 mil kilómetros por hora, lo que los convierte en proyectiles letales para cualquier satélite o estación espacial».
El sistema integra información de fuentes abiertas para clasificar objetos en órbita según tipo, altitud y nivel de riesgo. A partir de esos datos, genera modelos propios para simular trayectorias, reingresos y escenarios de riesgo, estimando probabilidades, masas supervivientes y métricas de exposición territorial. De los 1,2 millones de objetos catalogados, solo los 44.000 que superan los 10 centímetros de tamaño pueden ser monitoreados con los sistemas actuales. El resto es invisible para el seguimiento en tiempo real.
El problema creció: en el último lustro cayeron más objetos sobre América Latina que en los 15 años anteriores

Los reingresos suponen riesgos en múltiples dimensiones. Para la aviación, porque los fragmentos durante la caída pueden colisionar con aeronaves en las fases de descenso no controlado sobre rutas activas. Para las zonas habitadas, porque los objetos de mayor masa como tanques de combustible o estructuras metálicas pueden alcanzar la superficie. Y para la atmósfera: al desintegrarse en las capas altas, los objetos liberan gases y metales, especialmente aluminio en forma de óxidos y partículas, en una zona extremadamente sensible donde pequeñas alteraciones en la composición química pueden afectar el ozono estratosférico.
Ingenieros y abogados trabajando juntos: el modelo interdisciplinario de MIRA
El equipo de MIRA combina deliberadamente especialistas en ingeniería espacial y ciencia de datos con expertos en derecho y política del espacio. La lógica es que los ingenieros modelan las trayectorias y los riesgos, pero las decisiones sobre cómo gestionar esos riesgos son decisiones políticas y jurídicas. Abogados y profesionales de las ciencias sociales transforman la información técnica en conocimiento útil para la toma de decisiones, la planificación y el desarrollo normativo, incluyendo la implementación de tratados internacionales sobre uso del espacio.
El CIEE también forma parte de la Zero Debris Charter, la iniciativa liderada por la Agencia Espacial Europea que convoca a agencias, empresas y organizaciones a promover la sostenibilidad a largo plazo del espacio. La basura espacial es, por definición, un problema que no respeta fronteras: los objetos lanzados por cualquier país pueden caer en cualquier lugar del mundo, y las soluciones requieren coordinación internacional.