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Ciencia

Las crías del T. Rex no eran más grandes que un gato doméstico, pero ya eran letales

Con el inusual hallazgo de fósiles de las crías finalmente puede llenarse el enorme vacío que había en el estudio del ciclo de vida de este dinosaurio.
Por Matthew Phelan Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Los paleontólogos saben muy poco acerca de las crías de Tyrannosaurus rex. Como desde hace tanto tiempo estos emblemáticos carnívoros han ocupado la imaginación del público, sorprende enterarse de que fue recién en 2021 que se pudo confirmar en literatura revisada por expertos que se habían hallado restos fosilizados de un embrión perteneciente a la familia de los tiranosaurios.

Es una pena que no supiéramos esto antes (y Spielberg lo lamentará, seguramente) pero resulta que el T. rex bebé era ya un peligrosísimo adversario para cualquiera, apenas salía del cascarón. Un nuevo trabajo de investigación que se publicó este mes en Biology analizó fósiles de dos crías de tiranosáuridos, algunas del clásico T. rex y otras de su primo hermano Gorgosaurus libratus. Los investigadores hallaron que las dos especies exhibían evidencia convincente dental y vascular de que la progenie en su infancia ya era activa y bastante letal. Además, su tamaño era reducido: con 2,5 kg el bebé T. rex era pequeño como un gato.

“Los tiranosaurios eran peligrosos, más allá de su tamaño”, dijo Eric Snively, coautor del trabajo y profesor de anatomía de la Universidad Estatal de Oklahoma. “Los bebés dejaban el nido muy pronto y comenzaban a matar presas”.

“Las crías rompían con sus dientes los huesos de sus presas, igual que los gigantes adultos”, según Snively, cuyo trabajo aplica ingeniería biomédica e imágenes 3D para entender mejor la anatomía de grupos tan diversos como los dinosaurios y los atletas humanos.

El infante terrible

Snively y sus colegas trabajaron con los metatarsos fosilizados de T. rex y G. libratus, que son los huesos largos que se encuentran en el pie y los dedos del pie. Nicholas Longrich, paleontólogo y colega de Snively, había encontrado los primeros fósiles metatarsales de una crías de T. rex olvidados en la colección del Centro de Descubrimiento del Museo Royal Saskatchewan de Canadá

“Los metatarsales de un tiranosaurio bebé pueden decirnos si los bebés cazaban desde el principio o pasaban más tiempo en el nido”, explicó Snively. “Encontramos canales en el hueso que indican que dejaban el nido muy pronto y ya corrían”.

Snively y sus colegas usaron una versión sofisticada de tomografía computarizada, la microtomografía computarizada por sincrotrones, y confirmaron las edades relativas y el estilo de vida de estos dinosaurios. El metatarsal del T. rex no tenía anillos de crecimiento, lo que confirmó que el fósil pertenecía a un miembro casi recién nacido de la especie. Las imágenes mostraban también una red densa e intrincada de vasos sanguíneos en el hueso, indicación de que el espécimen crecía rápidamente.

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© Longrich, et al., Biology (2026)

También estudiaron los dientes fosilizados de estos tiranosáuridos y encontraron evidencia de desgaste y rayado, como esmalte desgastado, que indica el daño dental de rutina que se ve en los fósiles de los adultos de estas especies.

Basándose en esto y en comparaciones con la conducta de los cocodrilos jóvenes u otras aves emparentadas, los investigadores concluyeron que los bebés de T. rex y G. libratus “aparentemente dejaban el nido poco después de salir del cascarón, y probablemente también cazaran”.

Las crías

La evidencia fósil con que se cuenta, en combinación con los hallazgos del equipo , sugieren que el T. rex ponía entre 20 y 30 huevos cada vez. Longrich, autor principal del trabajo, cree que esa cantidad ofrece indicios de la forma en que el dinosaurio se ocupaba de sus crías.

“Como los animales tienen limitaciones respecto de lo que pueden invertir en la siguiente generación, pueden o bien invertir en tener muchos, o invertir mucho de sí en pocas crías. No pueden hacer las dos cosas”, dijo Longrich, investigador de la Universidad de Bath, Inglaterra.

“El tamaño reducido del tiranosaurio sugiere que se trataba de lo primero: tenían muchas crías y no podían ocuparse mucho de su crianza”, dijo Longrich.

“Probablemente sí se ocupaban de proteger el nido y guiar durante un tiempo a las crías como lo hacen los cocodrilianos y las aves terrestres grandes como los avestruces, pero los bebés ya tenían que arreglárselas por sí mismos poco después de salir del cascarón”, añadió.

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