Foto: Johannes Plenio (Pexels)

La abundancia de hormigón en las grandes ciudades tiende a subir varios grados la temperatura, lo que se conoce como efecto isla de calor. Pero los edificios urbanos tienen otro efecto sorprendente: la formación de nubes.

De acuerdo con un nuevo estudio publicado por la revista Climate and Atmospheric Science, las ciudades prolongan de forma sistemática los cielos nublados. El hallazgo es contradictorio, pues la falta de vegetación tiende a secar el ambiente y reducir la humedad disponible, lo que debería llevar a una menor evaporación de agua y dificultar la formación de nubes.

Lo que ocurre es que el calor retenido por los edificios durante el día impulsa una turbulencia de aire que alimenta la humedad de las nubes a última hora de la tarde. Los investigadores realizaron mediciones a largo plazo en Londres y París, y concluyeron que ambas ciudades suelen estar más nubladas por la tarde y por la noche que las áreas rurales cercanas.

“Aunque hay menos humedad disponible en la superficie y la atmósfera es más seca, las nubes bajas pueden persistir durante más tiempo en el área urbana, al mantenerse la mezcla vertical de la humedad disponible por un periodo más largo de tiempo en la transición de la noche”, escriben.

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Este hallazgo sugiere que el impacto de las ciudades en el clima se extiende más allá de las temperaturas. Sin embargo, la prolongación de las nubes sobre las ciudades durante la noche podrían empeorar aún más el efecto isla de calor al irradiarse menos energía solar de vuelta al espacio. En otras palabras, si no puedes aguantar el calor de la ciudad, múdate al campo

[Climate and Atmospheric Science vía Science]