Durante la Segunda Guerra Mundial, numerosos ejércitos construyeron réplicas de ciudades, puentes y fábricas para preparar bombardeos. Ocho décadas después, China parece haber llevado esa práctica a una escala mucho mayor.
En diferentes campos de entrenamiento han aparecido reproducciones de portaaviones y destructores estadounidenses, cazas, bases navales de Japón y Taiwán e incluso edificios gubernamentales situados en el centro de Taipéi.
No se trata únicamente de siluetas dibujadas sobre la arena. Algunas estructuras tienen dimensiones similares a los objetivos reales, incorporan instrumental de medición, se desplazan sobre raíles o muestran señales compatibles con impactos. Para los analistas, estas características permiten estudiar sistemas de detección, guiado y ataque con mayor realismo.
Portaaviones y destructores en mitad del desierto
Una de las instalaciones más conocidas se encuentra en la región de Ruoqiang, dentro del desierto de Taklamakán. Las imágenes difundidas en 2021 mostraron el contorno a escala real de un portaaviones estadounidense y varios objetivos con la forma de destructores de la clase Arleigh Burke.
El complejo también contaba con un blanco de aproximadamente 75 metros colocado sobre una vía de seis metros de ancho. Su movimiento podría permitir que los sistemas chinos practiquen la detección y el seguimiento de embarcaciones que no permanecen estáticas. La zona ya había sido relacionada con pruebas de misiles balísticos antibuque.
Imágenes más recientes muestran una réplica tridimensional de un destructor, además de pistas donde aparecen modelos de cazas F-16, F-22 y F-35. La precisión de estas construcciones sugiere, según el analista geoespacial Damien Symon, que el entrenamiento se concentra en adversarios concretos y no solamente en desarrollar capacidades genéricas.

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Réplicas de bases que participarían en una guerra
China también habría reproducido parcialmente la base naval estadounidense de Yokosuka, situada en Japón y utilizada por la Séptima Flota. Las imágenes muestran barcos simulados dentro del puerto y un cráter próximo a uno de los objetivos, posiblemente producido durante una prueba con misiles.
Otro campo reproduce la base taiwanesa de Su’ao, situada en la costa oriental de la isla. Entre enero y febrero de 2022, un proyectil habría alcanzado parte de su muelle simulado y destruido una estructura utilizada posiblemente para calibrar buscadores de misiles.
La elección de Su’ao resulta significativa porque un ataque desde China continental tendría que superar el relieve montañoso de Taiwán. La réplica permitiría estudiar trayectorias y ángulos de aproximación contra un objetivo más complejo que los puertos de la costa occidental.
Pekín también ha construido una pequeña Taipéi
Las instalaciones no se limitan a objetivos navales. En la base de Zhurihe, en Mongolia Interior, existen reproducciones del Palacio Presidencial taiwanés y de otros edificios del distrito gubernamental de Taipéi.
Un segundo complejo reproduce con mayor precisión calles, manzanas y accesos. El analista de imágenes Sean O’Connor considera que podría utilizarse para que las tropas practiquen movimientos urbanos como si estuvieran dentro de la capital taiwanesa. En 2015, la televisión estatal china ya mostró a soldados avanzando hacia una de estas construcciones durante unas maniobras.
El Ministerio de Defensa de Taiwán confirmó que vigila estas instalaciones y aseguró que prepara respuestas para diferentes escenarios militares. También reconoció que las réplicas muestran la seriedad de la amenaza que afronta la isla.
Entrenamiento y mensaje político
Las maquetas pueden cumplir dos funciones. La primera es práctica: probar misiles, sensores y operaciones terrestres contra blancos reconocibles. La segunda es psicológica.
Mostrar una réplica de Yokosuka advierte a Japón de que sus instalaciones podrían verse implicadas. Copiar barcos estadounidenses señala que una intervención de Washington tendría costes. Reproducir el centro político de Taipéi transmite que China contempla operaciones contra la capital.
La gran revelación no es solamente que Pekín posea más barcos o misiles. Es que lleva años construyendo escenarios detallados para aprender a utilizarlos contra objetivos específicos. Los satélites comerciales han convertido esos preparativos, antes ocultos en regiones remotas, en una parte observable de su estrategia militar.