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Ciencia

De las ranas a los jaguares: seis señales de que la fauna de Brasil está bajo asedio en todos los frentes al mismo tiempo

No es un solo problema con una sola causa. Es una acumulación de frentes distintos golpeando simultáneamente a especies que van desde una diminuta rana arborícola hasta el jaguar, el mayor felino de América. Sequías más largas, cultivos que se expanden sin control, humedales que desaparecen bajo el avance del mar y una pesquería que llevó a uno de los peces más consumidos de la Amazonía al borde de la veda total
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Un estudio reciente advierte que los anfibios brasileños enfrentan una amenaza creciente por el alargamiento de los períodos de sequía. Según reportó Mongabay Latam, el calentamiento global podría aumentar hasta un 33% la duración de las sequías en los hábitats donde viven ranas, sapos y ranas arborícolas. Como su piel permeable depende de la humedad ambiental para respirar e hidratarse, incluso pequeños cambios en el régimen de lluvias pueden volver inhabitables regiones enteras para estas especies.

El açaí que le está cambiando la cara a la selva de aves

Aves Amazonas
© Dylan Shaw – Unsplash

La creciente demanda mundial de açaí también dejó marca en la Amazonía. Un estudio publicado en la revista Biological Conservation encontró que las zonas donde se intensificó el manejo de las palmeras de açaí registran una reducción del 28% en la diversidad de especies de aves, en comparación con bosques menos intervenidos. Solo un puñado de especies generalistas, como el gran bienteveo, logran beneficiarse de ese cambio en el paisaje, mientras que aves más dependientes del bosque original, como el cuervo frutero de garganta púrpura, resultan las más perjudicadas.

Los humedales costeros que las aves migratorias ya no encuentran

Humedales Amazonas
© Erick Martins – Unsplash

Miles de kilómetros de distancia no son un obstáculo para aves como el playero rojo o el vuelvepiedras rojizo, capaces de recorrer continentes enteros en sus migraciones anuales. El problema es que los sitios donde paran a alimentarse y descansar en la costa brasileña se están reduciendo por el avance del nivel del mar, la erosión costera, la contaminación con basura y la expansión de grandes proyectos energéticos. Los científicos que estudian estos ecosistemas advierten que, de continuar la tendencia actual, esos humedales podrían perder más de la mitad de su superficie en los próximos 50 años.

Una tortuga amazónica que perdió la mitad de su población en 36 años

Podocnemis Sextuberculata
© guentermanaus – Shutterstock

La tortuga de seis tubérculos del río Amazonas (Podocnemis sextuberculata), conocida localmente como cágado-iaçá, fue declarada oficialmente en peligro de extinción en Brasil. Sus poblaciones cayeron más de un 50% en los últimos 36 años, pese a los programas de conservación ya existentes, golpeadas por la pérdida de hábitat, el consumo directo de la especie y el tráfico ilegal de fauna silvestre.

Felinos silvestres expuestos a enfermedades que antes no los alcanzaban

Jaguar Amazonico
© Por USFWS – U.S. Fish and Wildlife Service Digital Library System, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=314152

La fragmentación del hábitat también está exponiendo a jaguares, pumas, ocelotes y gatos de las pampas a un abanico de enfermedades que antes circulaban casi exclusivamente entre animales domésticos: leucemia felina, sida felino, panleucopenia, rabia, moquillo y distintas infecciones parasitarias y fúngicas. A medida que el bosque se fragmenta en parches cada vez más pequeños, estos felinos quedan obligados a compartir territorio con perros y gatos domésticos, lo que multiplica las oportunidades de contagio entre especies que evolucionaron separadas durante millones de años.

El tambaqui, de plato típico a especie vulnerable

Colossoma Macropomum
© Por George Chernilevsky – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3933098

El caso más reciente y con mayor impacto social es el del tambaqui (Colossoma macropomum), también conocido como cachama o gamitana, uno de los peces más consumidos de toda la Amazonía brasileña. El Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil lo incorporó a la lista nacional oficial de especies amenazadas mediante la Ordenanza N.º 1.666, del 27 de abril de 2026, tras una evaluación del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad que proyectó una caída del 43,4% en su población a lo largo de tres generaciones, producto de la pesca intensiva.

La medida no implica una prohibición inmediata: el organismo estableció un plazo de 180 días, hasta el 25 de octubre de 2026, para aprobar un plan de recuperación poblacional. Si ese plan no se concreta a tiempo, la pesca del tambaqui podría prohibirse en todo el territorio brasileño, aunque los ejemplares criados en piscicultura, que ya representan buena parte de la producción de los últimos veinte años, no se verían afectados por la restricción. La medida generó fuerte preocupación entre las comunidades pesqueras artesanales de la cuenca amazónica, que dependen de la especie tanto para su alimentación como para su sustento económico.

Un patrón que se repite

Aunque cada una de estas seis historias tiene su propia causa específica, el patrón de fondo se repite: pérdida y fragmentación de hábitat, sobreexplotación de recursos naturales y un clima cada vez más extremo actuando en simultáneo sobre ecosistemas que ya venían bajo presión. Ranas, aves, tortugas, felinos y peces representan apenas una muestra de un desafío de conservación mucho más amplio que atraviesa hoy a la biodiversidad brasileña.

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