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Ciencia

Llevamos años llamando “muertas” a las galaxias rojas porque casi no fabrican estrellas. Euclid acaba de mostrar que muchas quizá nunca murieron: simplemente envejecen muchísimo más despacio

Una nueva clasificación basada en datos de Euclid sugiere que cerca del 70% de las galaxias analizadas no apaga bruscamente su formación estelar. La mayoría parece envejecer poco a poco durante miles de millones de años.
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En astronomía existe una expresión particularmente definitiva: “red and dead”, rojas y muertas. Se utiliza para describir galaxias dominadas por estrellas antiguas, con colores rojizos y muy poca formación estelar. La explicación tradicional parece sencilla. Las galaxias azules contienen estrellas jóvenes, grandes y extremadamente luminosas; cuando dejan de producirlas, esas estrellas viven poco tiempo y desaparecen, mientras permanecen las más longevas y rojizas.

La galaxia pasa del azul al rojo. Y decimos que ha muerto. El problema es que quizá estemos confundiendo un cambio de color con un certificado de defunción.

Un estudio de la colaboración Euclid publicado en Astronomy & Astrophysics propone observar la evolución de las galaxias de otra manera. En lugar de dividirlas simplemente entre activas y pasivas, los investigadores compararon cuántas estrellas habían formado durante dos ventanas temporales diferentes: los últimos 100 millones y 1.000 millones de años.

El resultado dibuja un universo en el que las galaxias parecen morir bastante menos de lo que pensábamos.

Casi siete de cada diez galaxias simplemente están envejeciendo

Llevamos años llamando “muertas” a las galaxias rojas porque casi no fabrican estrellas. Euclid acaba de mostrar que muchas quizá nunca murieron: simplemente envejecen muchísimo más despacio
© ESA/Euclid/Euclid Consortium/NASA, image processing by J.-C. Cuillandre, E. Bertin, G. Anselmi.

El equipo construyó tres categorías. Las galaxias “ageing” continúan evolucionando gradualmente; las “quenched” muestran señales de haber sufrido recientemente un frenazo importante en su formación estelar; y las “retired” están dominadas por poblaciones antiguas y producen muy pocas estrellas.

Entre las galaxias cercanas estudiadas por Euclid, aproximadamente entre el 68% y el 72% pertenece al primer grupo. Solo entre un 8% y un 17% presenta señales de un apagado relativamente reciente, mientras que alrededor del 14%-19% entra en la categoría de retiradas. Es una diferencia importante.

Una galaxia puede ponerse roja simplemente porque la proporción de estrellas extremadamente jóvenes se vuelve diminuta. No necesita haber sufrido un acontecimiento catastrófico que detenga por completo su producción estelar.

La transición visual, además, puede ser mucho más brusca que la transformación física. Una galaxia podría llevar miles de millones de años reduciendo tranquilamente su actividad y, al cruzar determinado umbral, pasar rápidamente de nuestra casilla “azul” a nuestra casilla “roja”. Lo repentino sería entonces nuestra etiqueta, no necesariamente su evolución.

Es como dividir a toda la población humana entre jóvenes y ancianos colocando la frontera en los 50 años. Habría muy poca gente en la categoría intermedia si esta fuese extremadamente estrecha, pero nadie habría envejecido de golpe durante la noche de su cumpleaños.

Para matar realmente una galaxia hay que quitarle el combustible

Llevamos años llamando “muertas” a las galaxias rojas porque casi no fabrican estrellas. Euclid acaba de mostrar que muchas quizá nunca murieron: simplemente envejecen muchísimo más despacio
© ESA/Euclid/Euclid Consortium/NASA, image processing by J.-C. Cuillandre, E. Bertin, G. Anselmi.

Eso no significa que las galaxias sean inmortales. Para fabricar estrellas necesitan gas frío, y existen varios mecanismos capaces de privarlas de él.

Un agujero negro supermasivo activo puede liberar suficiente energía como para calentar el gas, impedir que colapse para formar nuevas estrellas o incluso expulsarlo de la galaxia. El entorno también puede intervenir: una galaxia que atraviesa a enorme velocidad el gas caliente de un cúmulo puede sufrir ram-pressure stripping, una especie de viento cósmico que le arranca su propio material.

El resultado puede producir objetos espectaculares como las llamadas galaxias medusa, que dejan largas colas de gas detrás de ellas mientras atraviesan el cúmulo. ESO 137-001 es uno de los ejemplos más conocidos. Sin combustible, la formación estelar sí puede desplomarse.

Precisamente por eso el nuevo método intenta separar una galaxia que se está apagando de verdad de otra que simplemente ha ido disminuyendo su actividad durante miles de millones de años.

Euclid puede convertir esta discusión en un problema de millones de galaxias

El estudio utiliza la primera gran liberación de datos de Euclid. Esa entrega cubrió unos 63 grados cuadrados de cielo y contiene alrededor de 30 millones de objetos; solo en sus tres campos profundos el telescopio detectó unos 26 millones de galaxias. Y eso es apenas el comienzo.

La misión de la ESA está diseñada para observar miles de millones de galaxias y reconstruir cómo cambió el universo a lo largo de unos 10.000 millones de años. Eso permitirá comprobar si el envejecimiento gradual domina realmente la historia de las galaxias o si los apagados violentos son más importantes en determinadas masas, épocas y entornos.

La diferencia puede parecer semántica, pero cambia la historia que contamos sobre el universo. Quizá la mayoría de las galaxias rojas no sean cementerios estelares cuyos motores se apagaron de repente. Quizá sean simplemente galaxias muy viejas que todavía se niegan a dejar de fabricar estrellas por completo.

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