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Ciencia

El río Colorado se queda sin agua y siete estados de EEUU no logran ponerse de acuerdo

El río Colorado abastece a más del 10% de la población de Estados Unidos, pero su cuenca atraviesa una sequía extrema y sus principales embalses están en mínimos históricos. El problema se agrava porque las reglas actuales de reparto vencen en 2026 y los siete estados implicados siguen sin alcanzar un acuerdo.
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Un río clave para el oeste de Estados Unidos

El río Colorado recorre unos 2.333 kilómetros y atraviesa buena parte del suroeste de Estados Unidos antes de llegar a México. De sus aguas dependen millones de personas, grandes ciudades, cultivos y centrales hidroeléctricas.

Sin embargo, la situación actual es crítica. Tras años de sequía, temperaturas excepcionalmente altas y nevadas muy bajas, alrededor del 95% de la cuenca se encuentra bajo condiciones de sequía.

Los dos grandes embalses del sistema, Lake Mead y Lake Powell, permanecen en niveles muy bajos, lo que amenaza tanto el suministro de agua como la generación eléctrica.

Siete estados y ningún acuerdo

El gran problema es que las reglas que determinan cómo se reparte el agua del río expiran a finales de 2026. Los siete estados involucrados —California, Arizona, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México y Wyoming— no han logrado acordar cómo repartir los recortes necesarios.

Los estados de la cuenca baja, especialmente California, Arizona y Nevada, han aceptado reducciones importantes. Los de la cuenca alta, en cambio, sostienen que históricamente han utilizado menos agua y que los principales excesos se producen aguas abajo.

Ante la falta de consenso, el Gobierno federal ya ha avanzado con un marco propio de gestión, una decisión que provocó nuevas disputas legales.

La agricultura consume la mayor parte del agua

Uno de los puntos centrales del problema está en el uso agrícola.

Aproximadamente el 74% del agua consumida del río Colorado se destina a la agricultura. Una proporción muy importante termina además en cultivos destinados a alimentar ganado, como la alfalfa y otros forrajes.

Esto genera una enorme presión sobre un sistema diseñado hace décadas, cuando el caudal del río era mucho mayor y las condiciones climáticas eran diferentes.

A ello se suma un sistema histórico de derechos de agua basado en la llamada “apropiación previa”, que otorga prioridad a quienes obtuvieron derechos sobre el agua primero. En muchos casos, esos derechos se remontan al siglo XIX.

Ciudades y agricultores ya empiezan a reducir el consumo

Ante la crisis, distintas ciudades han puesto en marcha medidas para reducir el uso de agua.

Las Vegas ha eliminado grandes superficies de césped ornamental, Phoenix impulsa sistemas de reciclaje y reutilización, y diferentes localidades de Utah han aumentado las tarifas para los consumidores que superan determinados niveles de uso.

También existen programas para pagar a los agricultores por dejar tierras temporalmente sin cultivar y proyectos destinados a mejorar la eficiencia del riego. El problema es que estas medidas todavía representan pequeños recortes frente al volumen total de agua que necesita ahorrar la cuenca.

Qué puede pasar si el río sigue bajando

Si los estados no logran alcanzar un acuerdo, el Gobierno federal podría imponer nuevas restricciones al uso del río Colorado. Otra posibilidad es que el conflicto termine definitivamente en los tribunales, lo que podría prolongar durante años la incertidumbre sobre el reparto.

Mientras tanto, los embalses continúan perdiendo agua. Uno de los escenarios más preocupantes afecta a Lake Powell, cuya central hidroeléctrica podría llegar a tener problemas para generar electricidad si el nivel del embalse sigue descendiendo.

La crisis del Colorado ya no es únicamente una consecuencia de la sequía. También expone un problema más profundo: un sistema de reparto diseñado para un río que tenía mucha más agua de la que tiene hoy.

Fuente: Xataka.

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