Viajar en avión implica compartir espacio, aire y tiempo con cientos de desconocidos. Durante la pandemia, la preocupación por la calidad del aire a bordo creció como nunca antes, alimentando dudas sobre riesgos invisibles. ¿Respiramos realmente aire seguro cuando volamos? ¿Qué microbios están presentes en la cabina? Un estudio reciente decidió averiguarlo utilizando una herramienta inesperada: las mascarillas usadas por pasajeros y personal médico.
Un muestreo poco convencional: mascarillas como captura de aire
Investigadores de Northwestern buscaban medir los microbios presentes en aeronaves, pero el costo de retirar filtros HEPA resultó prohibitivo. La solución fue simple y brillante: usar mascarillas reales, usadas durante vuelos y turnos hospitalarios. Estas actúan como “redes biológicas”, atrapando partículas inhaladas y exhaladas a lo largo del día.
El equipo recolectó mascarillas de vuelos nacionales e internacionales, junto con otras utilizadas en hospitales. Luego extrajeron ADN para identificar microorganismos presentes en su superficie exterior. Como la técnica detecta ADN y no ARN, el análisis se centró en bacterias más que en virus, aunque los investigadores señalan que la carga viral suele ser menor en interiores comparada con bacterias asociadas a la piel.
Qué encontraron: más diversidad de la esperada, pero pocas malas noticias
Los resultados revelaron 407 especies microbianas distintas, con perfiles sorprendentemente parecidos entre aviones y hospitales. La mayoría provenía de bacterias inofensivas asociadas a la piel humana, más que del entorno físico.
Los patógenos aparecieron en cantidades mínimas, sin señales de actividad infecciosa. Además, se detectaron genes vinculados a resistencia antibiótica, un dato no alarmante pero sí relevante para monitoreo futuro.

Para la investigadora Erica M. Hartmann, esto confirma que la mayor fuente microbiana somos nosotros mismos:
“Despedimos microbios dondequiera que vayamos. Lo llamamos aura microbiana”.
Qué significa para los pasajeros
El estudio respalda la idea de que el aire en aviones —filtrado constantemente— es más seguro de lo que imaginamos. Aun así, los autores recuerdan que el contagio no depende solo del aire: el contacto con superficies y personas cercanas sigue siendo clave, por lo que el lavado de manos continúa siendo una estrategia efectiva.
Los científicos imaginan un futuro con sensores que analicen la calidad microbiana del aire en tiempo real y activen ventilación automática o alertas sanitarias.
Fuente: Infobae.