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Ciencia

Lo que revela la ciencia sobre los perros “adictos” a sus juguetes: cuándo el juego deja de ser diversión y se convierte en un problema de comportamiento

Un estudio de universidades suizas y austriacas mostró que algunos perros pueden desarrollar una fijación tan intensa con sus juguetes que ignoran la comida o el contacto humano. La investigación, publicada en Scientific Reports, abre un debate sobre el bienestar y la salud mental canina.
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Un perro que ignora la comida, esquiva el contacto y busca desesperadamente su pelota preferida ya no es solo una anécdota curiosa: podría ser un signo de una conducta adictiva.
Investigadoras de Suiza y Austria detectaron por primera vez comportamientos en perros que se asemejan a la adicción conductual humana, en los que el juego deja de ser un pasatiempo saludable para transformarse en una obsesión.

El estudio, publicado en la revista Scientific Reports y liderado por la veterinaria Alja Mazzini, de la Universidad de Berna, analizó cómo ciertos juguetes —especialmente las pelotas o lanzadores— pueden generar una respuesta compulsiva.
Las conclusiones ponen sobre la mesa un tema poco explorado: la salud mental de los perros y el papel del entorno humano en la formación de conductas compulsivas.


Cuando el juego deja de ser juego

El equipo interdisciplinario suizo-austríaco, que también incluyó a la especialista Stefanie Riemer, buscó comprender si el apego extremo a los juguetes cumple los criterios de una adicción conductual.
Los resultados fueron contundentes: de 105 perros analizados, 33 mostraron signos compatibles con comportamientos adictivos, priorizando el juguete por encima del alimento, el descanso o la interacción social.

Según explicó Mazzini a Infobae, algunos perros “muestran gran anticipación y perseverancia ante ciertos objetos, al punto de llegar al agotamiento o la frustración”.
La investigadora advierte que “los juguetes diseñados para estimular la persecución rápida o el juego repetitivo pueden actuar como imanes motivacionales que desbordan la capacidad de autorregulación del animal”.

El fenómeno recuerda los mecanismos de recompensa observados en humanos: la dopamina, neurotransmisor asociado al placer y la expectativa, también participa en los comportamientos repetitivos de los perros, reforzando su deseo de seguir jugando sin parar.

Lo que revela la ciencia sobre los perros “adictos” a sus juguetes: cuándo el juego deja de ser diversión y se convierte en un problema de comportamiento
© FreePik

El experimento: de la pelota al laboratorio

Para el estudio, los investigadores seleccionaron perros de distintas razas con alto impulso lúdico, entre ellos pastores belgas Malinois, Border Collies y Labradores.
Cada animal eligió su propio juguete favorito antes de las pruebas. Luego se evaluó su reacción ante diferentes escenarios: acceso libre al objeto, retirada repentina y exposición a estímulos alternativos, como comida o contacto humano.

Los resultados sorprendieron al equipo. Algunos perros mostraron ansiedad evidente al retirar el juguete: inquietud, vocalizaciones persistentes y una atención fija hacia el lugar donde lo habían visto por última vez.
Incluso después de 15 minutos sin el objeto, muchos no lograban relajarse ni redirigir su atención.

Este comportamiento fue comparado con criterios clínicos de adicción conductual, como la incapacidad para detener una actividad placentera, la pérdida de interés por otras recompensas y la alteración del bienestar general.


Qué juguetes pueden ser un riesgo (y cuáles ayudan)

Según Mazzini, la clave no está en eliminar los juguetes, sino en repensar cómo se diseñan y se utilizan.
“La industria debería revisar los productos que fomentan el juego repetitivo sin fin. Lo ideal sería priorizar juegos cooperativos o de desafío mental, como tirar de una cuerda o buscar objetos, que promuevan la conexión con el tutor y no la fijación individual”, señaló.

También recomienda alternar estímulos:

  • Usar el juguete solo en sesiones cortas y controladas.

  • Introducir rompecabezas de comida o actividades de olfato.

  • Incorporar pausas de “enfriamiento” para reducir la excitación.

Por seguridad, advierte que los niños nunca deben intentar quitarle un juguete favorito a un perro, ya que la frustración o sobreexcitación pueden provocar reacciones impulsivas.

Lo que revela la ciencia sobre los perros “adictos” a sus juguetes: cuándo el juego deja de ser diversión y se convierte en un problema de comportamiento
© FreePik

Un debate sobre bienestar animal y salud mental

Para la psicóloga argentina Mariana Bentosela, especialista del Conicet, el estudio “confirma que el juego es, en sí mismo, una fuente de placer, pero puede adquirir rasgos adictivos cuando se vuelve exclusivo o excesivo”.
Junto con la veterinaria Laura Rial, Bentosela destacó que los resultados deben interpretarse con cautela: los perros analizados pertenecían a razas seleccionadas por su alta motivación de juego, lo que no representa a toda la población canina.

Ambas expertas coinciden en que en animales no humanos no se puede hablar de “adicción” en sentido estricto, sino de patrones de conducta comparables.
En la mayoría de los casos, disfrutar intensamente de un juguete no es problemático mientras el perro conserve interés por comer, dormir y relacionarse.

El verdadero signo de alerta surge cuando el juguete desplaza todas las demás actividades, y el animal muestra ansiedad o frustración en su ausencia.


Equilibrio y vínculo, la clave del juego saludable

El hallazgo abre una nueva línea de investigación sobre la psicología del juego en animales domésticos, un campo poco explorado que cruza la etología, la neurociencia y la empatía humana.

Para Mazzini, el mensaje central es claro: “Los juguetes son una herramienta maravillosa para crear vínculo y estimular al perro. Pero su uso debe favorecer una interacción sana, sin caer en la repetición ni en la dependencia”.

Al igual que en las personas, el equilibrio es la clave. Jugar sí, pero con pausas, variedad y conexión. Porque incluso en el mundo animal, la felicidad no está en la obsesión, sino en la armonía.

Fuente: Infobae.

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