Resulta difícil destacar la importancia de la próxima misión Artemis 2 de la NASA. Es que por primera vez en más de 50 años los astronautas volarán junto a la luna en la primera prueba tripulada del cohete y la nave espacial que eventualmente permitirán que la humanidad logre el ansiado regreso a la superficie lunar.
Pero la Artemis 2 de la NASA no solo pondrá a prueba los sistemas y el hardware del vuelo espacial, sino que también probará la ciencia en el espacio. Durante los 10 días en que orbitarán en torno a la luna, la tripulación llevará a cabo investigaciones observando regiones del lado oculto de la luna que nadie nunca ha podido ver a ojo desnudo.
“Me entusiasma mucho este vuelo de prueba”, le dijo a Gizmodo Jacob Richardson, jefe adjunto de ciencia lunar de la Artemis 2. “Hay en mi corazón un lugar especial para la Artemis 2 y la tripulación que se ha volcado por completo a formar parte de nuestro equipo de ciencias en esta misión”.
El lado oculto bajo una nueva luz
La última vez que unos astronautas viajaron a la Luna fue durante el programa Apolo de la NASA, que envió nueve misiones a la Luna entre 1968 y 1972. Todas, excepto una, entraron en la órbita lunar y en seis de ellas los astronautas pisaron la superficie de la Luna.
La NASA lanzó cada una de esas misiones a la Luna para que llegaran con la luz de sol al amanecer cuando las temperaturas de la superficie eran manejables y las sombras podían ayudarles a maniobrar el alunizador.
La parte menos ventajosa de esa estrategia era que había grandes porciones de la superficie – en especial en la cara oculta – que quedaban envueltas en la oscuridad o no tenían iluminación suficiente como para que los astronautas de las misiones Apolo pudieran observar ese lado a ojo desnudo desde la órbita. Además, orbitaban a baja altitud, a unos 110 kilómetros sobre la superficie.
Los astronautas de la Artemis 2 – Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch de la NASA y Jeremy Hansen de la Agencia Espacial de Canadá – no se encontrarán con las mismas limitaciones. Su nave espacial Orion pasará junto a la luna a una distancia mínima de 6.900 km, y si la misión se lanza en febrero – algo que parece posible – casi toda la cara oculta de la luna estará iluminada.
“Serán los primeros humanos en ver a simple vista todo el lado oculto”, dijo Richardson. Desde allí podrán observar y comparar características de la superficie de un lado y el otro, dos lados que están a miles de kilómetros el uno del otro, como nunca antes se logró.
Características misteriosas que se podrán observar
La tripulación dedicará un día a la observación de la superficie de la Luna. Richardson y sus colegas del equipo de ciencia lunar les brindaron capacitación sobre cómo buscar características, cómo fotografiarlas o filmarlas, y describir en detalle y por escrito lo que están viendo.
Hasta ese momento los astronautas no tendrán una idea precisa de qué características del lado oculto podrán observar, dijo Richardson. En sus primeros días de vuelo el equipo ultimará los detalles de la lista de objetivos de observación para que sean prioridad. Entre esas prioridades está el Mare Orientale, una depresión de impacto masivo que se extiende entre la cara visible y la cara oculta de la luna, según Richardson. Los humanos nunca han podido mirar la parte oculta de este Mare. Es la depresión por impacto multi-anillos más reciente y mejor preservada de la superficie lunar, con lo que constituye un laboratorio natural para investigar la historia de impactos de la Luna y cómo se forman los cráteres de anillos.
También, los astronautas podrán observar una de las características más misteriosas de la superficie lunar: la depresión Aitken del polo sur, un cráter de impacto en la cara oculta que se extiende a lo largo y a lo ancho de 2.500 km, y que los científicos creen que es el cráter de impacto más antiguo aunque no se ha podido calcular su antigüedad.
“Sabemos que ese fue el evento masivo que sacudió a la luna y que en todo el sistema solar ha habido eventos similares. Por eso las observaciones van a ayudarnos a entender esta zona del sur de la luna, tan interesante”, afirmó Richardson.
Los objetivos primarios de la tripulación incluyen observar la variación de color y albedo en las porciones iluminadas del lado oculto, buscando también rayos de impacto, que son fogonazos producidos cuando los meteoroides impactan contra la superficie.
La misión ofrecerá una vista sin precedentes del terreno más enigmático de la luna, brindando a los científicos aquí en la Tierra nueva información sobre su historia y las fuerzas que siguen influyendo en nuestra vecina celestial más cercana.
“Espero que con las misiones Artemis hoy, en 2026, los científicos queden como tontos… y que se crean grandes oportunidades para descubrir cosas que hagan que tengamos que cambiar los libros de texto”, dijo Richardson.