Saltar al contenido
Ciencia

Los astrónomos intentaban medir los vientos de varios mundos extremos. Lo que terminaron encontrando fue la evidencia más sólida hasta ahora de campos magnéticos en planetas fuera del Sistema Solar

Las observaciones realizadas con algunos de los telescopios más potentes del planeta revelaron un comportamiento inesperado en siete exoplanetas gigantes. La explicación más convincente apunta a algo que hasta ahora nadie había conseguido medir con fiabilidad: su magnetismo.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Los campos magnéticos desempeñan un papel fundamental en la historia de los planetas. En la Tierra ayudan a proteger la atmósfera frente al viento solar, desvían partículas energéticas procedentes del espacio y contribuyen a crear las condiciones que hacen posible la vida tal como la conocemos. Sin embargo, cuando los astrónomos observan mundos situados a cientos o miles de años luz de distancia, detectar algo tan invisible como un campo magnético se convierte en un desafío enorme.

Por eso, durante más de una década, los científicos sospecharon que muchos exoplanetas poseían magnetismo propio sin disponer de una forma clara de demostrarlo. Ahora, un equipo internacional cree haber encontrado la evidencia más sólida hasta la fecha. Y lo hizo mientras buscaba algo completamente distinto.

Todo comenzó con una investigación sobre vientos extremos

Los investigadores utilizaron dos de los instrumentos astronómicos más avanzados del mundo: el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral y el telescopio Gemini North.

El objetivo era estudiar la velocidad de los vientos en siete exoplanetas gigantes gaseosos similares a Júpiter. Pero no se trataba de mundos corrientes. Todos ellos orbitan extremadamente cerca de sus estrellas y están acoplados gravitacionalmente a ellas. Eso significa que siempre muestran la misma cara hacia su estrella anfitriona, del mismo modo que la Luna siempre muestra la misma cara a la Tierra.

La consecuencia es brutal. Un hemisferio permanece permanentemente expuesto a temperaturas abrasadoras, mientras el lado opuesto permanece mucho más frío. Esa diferencia térmica genera algunas de las corrientes atmosféricas más violentas conocidas.

Vientos que superan los 25.000 kilómetros por hora

Las mediciones revelaron velocidades impresionantes. En algunos casos, los vientos alcanzaban más de 25.000 kilómetros por hora. Incluso los más lentos de la muestra superaban ampliamente cualquier fenómeno atmosférico conocido en nuestro Sistema Solar.

Para ponerlo en perspectiva, los vientos más rápidos observados en Júpiter rondan los 1.500 kilómetros por hora. Con semejantes diferencias de temperatura, los investigadores esperaban encontrar una relación sencilla: cuanto más caliente fuera el planeta, más rápidos deberían ser sus vientos. Pero ocurrió exactamente lo contrario.

El patrón que no tenía sentido

Al comparar los resultados, apareció una tendencia inesperada. Los planetas más calientes mostraban vientos más lentos. La observación desconcertó al equipo porque desafiaba las expectativas de los modelos atmosféricos convencionales. En teoría, una mayor cantidad de energía debería acelerar el movimiento de la atmósfera, no frenarlo.

Según explicó Vivien Parmentier, coautor del estudio y profesor del Laboratorio Lagrange, algo debía estar actuando como un freno invisible. La pregunta era qué.

La explicación apunta directamente al magnetismo

Tras analizar diferentes posibilidades, los investigadores concluyeron que la explicación más consistente era la presencia de campos magnéticos planetarios. En estos mundos extremadamente calientes, las altas temperaturas pueden ionizar parte de los gases atmosféricos, generando partículas eléctricamente cargadas.

Cuando esas partículas interactúan con un campo magnético, su movimiento puede verse alterado o ralentizado. Es un fenómeno conocido desde hace tiempo en física, pero nunca había sido utilizado con éxito para estimar el magnetismo de exoplanetas.

Los cálculos sugieren que los campos detectados tendrían intensidades comparables a las observadas en algunos planetas gigantes de nuestro propio Sistema Solar. En algunos casos serían aproximadamente cuatro veces más intensos que el campo magnético de Saturno y alrededor de la mitad de la intensidad observada en Júpiter.

Una nueva herramienta para estudiar mundos lejanos

La importancia del descubrimiento va mucho más allá de estos siete planetas. Hasta ahora, medir directamente el magnetismo de exoplanetas era una de las tareas más difíciles de la astronomía moderna. Los científicos dependían principalmente de modelos teóricos o de indicios indirectos. Este nuevo método ofrece una vía completamente diferente.

Por primera vez, los investigadores pueden utilizar el comportamiento atmosférico de mundos lejanos para estimar sus propiedades magnéticas. Y eso tiene implicaciones enormes. Los campos magnéticos influyen en la capacidad de un planeta para conservar su atmósfera, proteger el agua superficial y resistir la erosión provocada por la radiación estelar.

Una pieza más en la búsqueda de mundos habitables

Aunque los planetas estudiados en esta investigación son gigantes gaseosos extremadamente hostiles para la vida, la técnica podría aplicarse en el futuro a otros tipos de exoplanetas.

Según Julia Seidel, autora principal del trabajo publicado en Nature Astronomy, este avance abre una nueva ventana para comprender cómo evolucionan los mundos fuera del Sistema Solar. La razón es sencilla: conocer el magnetismo de un planeta significa entender mejor sus posibilidades de supervivencia a largo plazo.

Los astrónomos comenzaron esta investigación intentando medir vientos. Lo que terminaron encontrando fue una forma completamente nueva de estudiar algunos de los rasgos más importantes de planetas situados a años luz de distancia. Y quizá, con el tiempo, esa herramienta ayude a identificar cuáles de esos mundos tienen condiciones capaces de sostener atmósferas estables, agua líquida e incluso vida.

Compartir esta historia

Artículos relacionados