Las auroras que iluminan los polos de la Tierra son uno de los espectáculos naturales más impresionantes de nuestro planeta. Pero en Júpiter ocurre algo aún más extraordinario. El gigante gaseoso produce las auroras más potentes del sistema solar, alimentadas no solo por el viento solar, sino también por la interacción con sus propias lunas. Ahora, gracias al Telescopio Espacial James Webb, los científicos han podido observar este fenómeno con un nivel de detalle nunca antes alcanzado.
Un nuevo vistazo a las auroras del gigante gaseoso
Las observaciones fueron realizadas por un equipo internacional liderado por la investigadora Katie Knowles, con la participación de científicos de la Universidad de Northumbria.
Utilizando el Telescopio Espacial James Webb (JWST), los investigadores observaron durante 22 horas las auroras que rodean los polos de Júpiter. Los resultados fueron publicados en la revista científica Geophysical Research Letters.
El objetivo principal era estudiar las llamadas huellas aurorales, unas marcas luminosas que aparecen en la atmósfera del planeta cuando ciertas lunas interactúan con su campo magnético. Por primera vez, los científicos pudieron medir con precisión la temperatura y la densidad de la atmósfera superior en estas regiones.
Cómo se forman las auroras en Júpiter

Las auroras se producen cuando partículas cargadas de alta energía penetran en la atmósfera de un planeta cerca de sus polos magnéticos y chocan con los gases presentes allí. En la Tierra, este proceso está impulsado principalmente por el viento solar.
En Júpiter, en cambio, el fenómeno es mucho más complejo. Además del viento solar, el planeta cuenta con una magnetosfera gigantesca y con cuatro grandes satélites conocidos como lunas galileanas: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. Estas lunas interactúan constantemente con el campo magnético del planeta, generando corrientes eléctricas que desencadenan auroras adicionales.
El resultado es un sistema auroral cientos de veces más energético que el terrestre.
Ío y su papel en el fenómeno
Entre todas las lunas de Júpiter, Ío desempeña un papel clave. Este satélite es el objeto más volcánico del sistema solar. Sus volcanes expulsan alrededor de 1.000 kilogramos de material por segundo al espacio. Ese material se ioniza y forma una nube gigantesca llamada toro de plasma de Ío, una estructura en forma de rosquilla que rodea al planeta.
Cuando Ío atraviesa esta nube mientras orbita Júpiter, se generan corrientes eléctricas que viajan por las líneas del campo magnético del planeta y terminan impactando en su atmósfera. El resultado es una especie de mini-aurora que marca la posición orbital de la luna.
El descubrimiento inesperado: puntos fríos en la aurora
Las nuevas observaciones revelaron algo que sorprendió a los científicos. Dentro de la huella auroral asociada a Ío, el telescopio Webb detectó un “punto frío” con condiciones muy diferentes a las del resto de la aurora. Mientras que la aurora principal de Júpiter alcanzaba temperaturas cercanas a 766 Kelvin (493 °C), esa región mostraba valores de apenas 538 Kelvin (265 °C).
Al mismo tiempo, la densidad de partículas cargadas era hasta tres veces mayor que en otras zonas. En algunos momentos, los investigadores observaron variaciones de densidad de hasta 45 veces dentro de la misma región.
Cambios que ocurren en cuestión de minutos
Otro aspecto sorprendente fue la rapidez con la que cambiaban las condiciones físicas. Los datos muestran que las variaciones de temperatura y densidad podían producirse en cuestión de minutos. Esto indica que el flujo de electrones de alta energía que impacta la atmósfera de Júpiter puede variar extremadamente rápido.
Para los científicos, este comportamiento revela que la interacción entre el campo magnético del planeta, su plasma circundante y las lunas es mucho más dinámica de lo que se pensaba.
Un laboratorio natural para estudiar atmósferas planetarias

El sistema auroral de Júpiter ofrece a los investigadores un escenario único para estudiar cómo interactúan magnetosferas, atmósferas y satélites. Este tipo de procesos también podría ocurrir en otros planetas gigantes del sistema solar.
Los científicos mencionan especialmente a Encélado, una luna de Saturno que expulsa chorros de material al espacio y que podría generar fenómenos aurorales similares. Comprender estas interacciones ayuda a descifrar la dinámica de los sistemas planetarios y a interpretar fenómenos que también podrían existir en exoplanetas gigantes.
El siguiente paso en la investigación
Para entender mejor la frecuencia y las causas de estos cambios extremos, el equipo de investigación planea continuar observando las auroras jovianas. Knowles ya ha obtenido más de 32 horas adicionales de observación con el telescopio infrarrojo de la NASA en Hawái.
Estas nuevas sesiones permitirán seguir la evolución de las huellas aurorales mientras rotan junto al planeta. Porque, como muestran estas primeras imágenes del James Webb, las auroras de Júpiter no son solo un espectáculo luminoso: son una ventana directa a los procesos más energéticos que ocurren en el sistema solar.