Foto: Pixabay

Si te invitaran a echar una partida con unos dados de la antigua Roma seguramente pondr√≠as el grito en el cielo. Irregulares, sin orden en los n√ļmeros, cargados... Un desastre en t√©rminos de probabilidad. Sin embargo, en aquella √©poca no les importaba y la raz√≥n es muy curiosa: no cre√≠an en el azar.

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Un equipo de investigadores holandeses ha realizado un fascinante estudio de las caracter√≠sticas y uso de 100 dados fabricados en los √ļltimos 2.000 a√Īos. El resultado aporta nuevas claves no ya sobre la fabricaci√≥n de dados, sino sobre c√≥mo han evolucionado nuestras propias creencias.

El arque√≥logo Jelmer Eerkens, coordinador del estudio, explica que los dados llegaron a Holanda pocos siglos despu√©s de Cristo, pero no eran los cubos perfectos de seis caras que conocemos hoy. La mayor parte eran irregulares y por tanto las posibilidades de que salga un n√ļmero u otro no son las mismas.

Los romanos tenían los conocimientos suficientes como para tallar un tetraedro regular en hueso, madera o incluso metal. No es una cuestión de conocimiento técnico. Sencillamente no les importaba.

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Los pocos documentos de la época que hablan de los dados y otros juegos de azar sugieren que la razón de que no les importase la probabilidad era que no creían en la probabilidad, sino en el destino. Los dados eran una forma de pedir el favor de los dioses, y si ese favor era concedido poco importaba que el dado fuera regular o no. Probablemente tenían más fe que conocimientos sobre probabilidad.

Dados de la época romana, la edad media y el renacimiento. Foto: Acta Archaeologica

Los dados desaparecieron durante siglos y volvieron a aparecer en torno al a√Īo 1100. La raz√≥n de la desaparici√≥n es un misterio, pero lo que es a√ļn m√°s enigm√°tico es que, cuando regresaron, lo hicieron con un orden de los n√ļmeros completamente diferente.

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En la √©poca romana, los dados segu√≠an una distribuci√≥n llamada de sietes. Cada n√ļmero sumaba siete con el n√ļmero de su cara opuesta (1-6, 2-5, 3-4). Cuando reaparecieron, lo hicieron c0n una distribuci√≥n llamada de primos (1-2, 3-4 y 5-6). Los historiadores no est√°n seguros de por qu√© cambi√≥. En esta √©poca tambi√©n se hicieron m√°s peque√Īos (la religi√≥n de la √©poca en Europa no era muy tolerante con el juego) e hicieron su aparici√≥n los primeros dados trucados con n√ļmeros iguales en varias caras.

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A partir del siglo XIII, todo cambió. Los eruditos de la época comenzaron a estudiar los dados desde el punto de vista de las matemáticas. Se desarrolló el estudio de la probabilidad y pronto comenzó a calar la idea de que los dados debían ser perfectamente regulares si realmente se pretendía que el juego fuera justo. El azar sustituyó a la fe, pero no está muy claro qué fue primero, si el conocimiento de la probabilidad o la pérdida de la fe en el favor divino.

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A d√≠a de hoy seguimos encomend√°ndonos a fuerzas sobrenaturales al hacer una tirada. Es un peque√Īo juego dentro de otro juego en el que el √ļnico favor lo otorgan las matem√°ticas. [Acta Archaeologica v√≠a The Atlantic]