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Ciencia

Los e-fuels quieren resolver el gran problema de la aviación y el transporte marítimo

La electrificación con baterías funciona bien en autos y transporte ligero, pero no escala igual en aviones de largo alcance ni grandes buques. Los e-fuels aparecen como una alternativa para reducir emisiones sin cambiar por completo motores, turbinas, depósitos ni redes de distribución ya existentes.
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El problema de las baterías en aviones y grandes buques

La electrificación directa ha avanzado con rapidez en automóviles, motos y transporte urbano, pero encuentra una barrera mucho más difícil de superar cuando se intenta aplicar a la aviación comercial de largo alcance o al transporte marítimo pesado. En estos sectores, la relación entre peso, volumen y cantidad de energía disponible es determinante, porque un avión intercontinental o un gran portacontenedores necesitarían baterías de dimensiones enormes para almacenar la energía suficiente para completar sus trayectos.

Ese peso adicional reduciría de forma drástica la capacidad disponible para pasajeros y mercancías, haciendo que la solución resulte poco práctica con la tecnología actual. Por eso, la industria busca alternativas que permitan conservar una de las grandes ventajas de los combustibles líquidos: almacenar mucha energía en poco espacio y con un peso relativamente reducido.

Los e-fuels quieren resolver el gran problema de la aviación y el transporte marítimo
© Magnific

Hidrógeno verde y CO₂ para fabricar combustible

Los e-fuels, también conocidos como electrocombustibles, se producen utilizando principalmente hidrógeno verde y dióxido de carbono capturado. El proceso comienza con electricidad procedente de fuentes renovables, que se utiliza para separar el hidrógeno presente en el agua mediante electrólisis. Ese hidrógeno puede combinarse después con CO₂ capturado de procesos industriales o directamente de la atmósfera para producir nuevos hidrocarburos sintéticos.

A través de procesos químicos como la síntesis Fischer-Tropsch es posible obtener combustibles con propiedades similares a las del queroseno, el diésel o la gasolina convencionales. La idea es crear un ciclo de carbono más cerrado, ya que el CO₂ liberado posteriormente durante la combustión procede, al menos en parte, del carbono que fue capturado previamente durante el proceso de fabricación. El beneficio climático, sin embargo, depende de que la electricidad utilizada sea realmente renovable y de cómo se obtenga ese CO₂.

Su gran ventaja: funcionan con la infraestructura actual

Una de las características más atractivas de los e-fuels es que pueden desarrollarse como combustibles denominados “drop-in”, es decir, productos capaces de utilizarse en motores y turbinas existentes con pocas o ninguna modificación importante. Para la aviación esto supone una ventaja enorme, porque permite seguir utilizando aeronaves, depósitos, sistemas de transporte y redes de repostaje ya instaladas en los aeropuertos.

Algo similar ocurre en el transporte marítimo, donde renovar completamente la flota mundial implicaría inversiones extraordinarias y varias décadas. Los combustibles sintéticos permiten una transición más progresiva, ya que pueden mezclarse con combustibles fósiles tradicionales e introducirse en porcentajes cada vez mayores sin necesidad de sustituir de inmediato toda la infraestructura logística.

Los e-fuels quieren resolver el gran problema de la aviación y el transporte marítimo
© Magnific

El verdadero desafío está en el precio y la escala

El principal problema de los e-fuels sigue siendo la cantidad de energía necesaria para producirlos. Primero hay que generar electricidad renovable, después convertirla en hidrógeno, capturar dióxido de carbono y finalmente transformar ambos elementos en un combustible líquido. Cada una de esas etapas implica pérdidas energéticas, por lo que el resultado final es menos eficiente que utilizar directamente la electricidad en una batería.

Esto explica por qué los e-fuels continúan siendo mucho más caros que los combustibles fósiles convencionales. Aun así, regulaciones como ReFuelEU Aviation y FuelEU Maritime están empezando a impulsar su utilización mediante objetivos obligatorios para combustibles sostenibles, especialmente en aquellos sectores donde existen pocas alternativas reales.

El reto será conseguir plantas de producción mucho más grandes, electricidad renovable abundante y barata y tecnologías de captura de carbono más eficientes. Si ese proceso logra escalar, los e-fuels podrían convertirse en una herramienta especialmente importante para descarbonizar precisamente los sectores más difíciles de electrificar: los vuelos de larga distancia y el transporte marítimo intercontinental.

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