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Ciencia

Los elefantes no solo recuerdan qué funciona: también saben dejar de hacerlo cuando deja de servir. Un experimento en Tailandia acaba de revelar una forma de autocontrol que hasta ahora apenas habíamos podido medir

Dieciséis elefantes asiáticos tuvieron que ignorar una recompensa visible y abandonar estrategias que acababan de aprender. Lo hicieron sorprendentemente rápido, revelando una notable capacidad para controlar sus impulsos.
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Una fruta detrás de una caja transparente parece un problema ridículamente sencillo. Para conseguirla, sin embargo, hay que hacer algo que a muchos animales les cuesta: no intentar ir directamente hacia lo que están viendo. Hay que frenar ese primer impulso, recordar que existe otro camino y actuar en consecuencia.

Eso es precisamente lo que un grupo de investigadores quiso comprobar con 16 elefantes asiáticos en Tailandia. El experimento, publicado en PLOS One, encontró algunas de las primeras evidencias experimentales de control inhibitorio en esta especie: los animales podían abandonar rápidamente una respuesta que acababan de aprender cuando dejaba de funcionar. Y la parte más interesante llegó cuando los científicos decidieron cambiarles las reglas en mitad del juego.

Primero aprendieron una solución. Después los científicos intentaron engañar a sus cerebros

Los participantes eran ocho machos y ocho hembras de entre 4 y 60 años del National Elephant Institute de Lampang, Tailandia. Ninguno había realizado anteriormente esta prueba con una barrera transparente.

El montaje era sencillo: una caja de acrílico de 40 centímetros por lado contenía una recompensa, que podía ser piña, manzana o plátano dependiendo de las preferencias del animal. Primero utilizaron una caja opaca. Solo uno de sus lados estaba abierto, de manera que el elefante tenía que aprender a rodearla con la trompa para llegar hasta la comida. Después apareció la trampa.

Los investigadores reemplazaron la caja negra por otra transparente. Ahora los elefantes podían ver la fruta directamente delante de ellos y además olerla a través de pequeños agujeros frontales. Aun así, intentar alcanzarla desde allí no servía de nada: seguía siendo necesario rodear la barrera y buscar la abertura.

Era una versión de la llamada prueba de desvío, utilizada para estudiar control inhibitorio en animales. El sujeto conoce una solución efectiva, pero un estímulo tentador intenta hacer que responda de una forma más directa y equivocada.

Los elefantes prácticamente ni se inmutaron. El tiempo que tardaban en rodear la caja no aumentó significativamente cuando esta pasó de ser opaca a transparente. Continuaron utilizando la estrategia correcta con rapidez.

Eso podría significar que poseen un control extraordinariamente bueno sobre ese impulso. Aunque los propios autores introducen un matiz importante: también es posible que ver y oler la comida a través del acrílico simplemente no fuera una tentación suficientemente poderosa para ellos. Así que buscaron una prueba mejor.

Entonces cambiaron la abertura de sitio y apareció el verdadero impulso

Los elefantes no solo recuerdan qué funciona: también saben dejar de hacerlo cuando deja de servir. Un experimento en Tailandia acaba de revelar una forma de autocontrol que hasta ahora apenas habíamos podido medir
© PLOS One (2026).

La caja podía abrirse por arriba, abajo, izquierda o derecha. Después de que cada elefante aprendiera que debía introducir la trompa por una determinada dirección, los científicos giraban el dispositivo. La solución que había funcionado unos instantes antes ya no servía.

Esta vez sí ocurrió algo revelador. Cuando cambiaba la orientación, los elefantes tardaban más en encontrar la nueva abertura. Su cerebro intentaba reutilizar la respuesta previamente recompensada. Había aparecido el comportamiento automático que el experimento necesitaba detectar. Pero no persistían demasiado en el error.

Con sucesivos intentos, el tiempo necesario para encontrar la entrada correcta descendía rápidamente. Los animales conseguían suprimir la estrategia anterior y sustituirla por otra, incluso aunque aquella vieja respuesta hubiese funcionado perfectamente apenas unos minutos antes. Eso es control inhibitorio: no consiste simplemente en aprender, sino en reconocer cuándo dejar de hacer lo aprendido.

Los elefantes más viejos dejaron además una pista inesperada

El experimento reveló otra tendencia. La capacidad para abandonar una respuesta previamente aprendida empeoraba con la edad. Los animales mayores mostraban más dificultades cuando la orientación cambiaba. Los investigadores plantean que podría ser una señal de deterioro cognitivo asociado al envejecimiento, aunque 16 ejemplares son demasiado pocos para convertir esa relación en una conclusión general. Y eso resulta especialmente interesante en elefantes, animales longevos que viven en sociedades complejas y en las que los individuos veteranos pueden acumular décadas de conocimiento.

El trabajo tampoco pretende demostrar que los elefantes sean “más inteligentes” que otras especies. Está midiendo algo mucho más concreto. En la naturaleza, un camino puede desaparecer, un alimento puede dejar de estar disponible o una barrera humana puede convertir una estrategia habitual en inútil. Encontrar una solución nueva importa. Pero quizá haya otra habilidad igual de importante: darse cuenta de que la vieja ya no funciona y saber cuándo dejar de insistir.

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