Durante más de un siglo, las ecuaciones de Albert Einstein han permitido explicar cómo funciona la gravedad, desde el movimiento de los planetas hasta la existencia de los agujeros negros. Sin embargo, dos físicos acaban de demostrar que esas mismas ecuaciones contienen una propiedad que había pasado inadvertida: las conexiones matemáticas de los campos gravitatorios pueden romperse y reorganizarse bajo determinadas condiciones.
El fenómeno recibe el nombre de reconexión gravitatoria y podría abrir una nueva manera de estudiar algunos de los acontecimientos más violentos del universo, especialmente las colisiones entre agujeros negros y las deformaciones extremas del espacio-tiempo.
El descubrimiento fue realizado por Luca Comisso, investigador de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, y Felipe A. Asenjo, de la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile. Sus resultados fueron publicados el 28 de octubre en la revista científica Physical Review D. Lo interesante es que los investigadores no necesitaron modificar la teoría de Einstein. Encontraron esta posibilidad al reinterpretar matemáticamente sus ecuaciones.
La gravedad podría comportarse de forma parecida a los campos magnéticos del Sol

Para comprender el descubrimiento, primero hay que observar qué sucede en el Sol. En su atmósfera, las líneas de campo magnético pueden deformarse, estirarse y reorganizarse. Cuando ocurre una reconexión magnética, parte de la energía almacenada se transfiere al plasma, lo que puede contribuir a producir enormes erupciones solares.
Comisso y Asenjo descubrieron que existe una relación matemática sorprendente entre ese fenómeno y la gravedad. Según explicaron en un comunicado de Columbia, las ecuaciones de Einstein pueden expresarse mediante variables que presentan similitudes con las utilizadas para estudiar los plasmas.
La diferencia fundamental está en las dimensiones. Mientras que las líneas de campo magnético se representan en un espacio de tres dimensiones, la relatividad general describe un espacio-tiempo de cuatro dimensiones, que incluye el tiempo. Por eso, los científicos trabajan con estructuras denominadas láminas de campo gravitatorio, superficies matemáticas cuyas conexiones pueden conservarse o cambiar durante la evolución del espacio-tiempo.
Cuando se rompen las condiciones ideales que mantienen esas conexiones, podría producirse una reconexión gravitatoria. Y aquí aparece uno de los resultados centrales del trabajo: ese proceso modifica el intercambio de energía y momento entre el campo gravitatorio y la materia.
Un fenómeno oculto en las ecuaciones de Einstein podría explicar eventos cósmicos extremos

El descubrimiento parte de una investigación anterior publicada en Physical Review Letters, en la que los científicos identificaron restricciones matemáticas que determinan cómo pueden evolucionar las estructuras del campo gravitatorio.
El nuevo trabajo va un paso más allá: establece qué sucede cuando dejan de cumplirse las condiciones que mantienen conectadas esas estructuras y desarrolla herramientas matemáticas para describir el proceso. Estas relaciones podrían resultar útiles para estudiar situaciones en las que la gravedad alcanza intensidades extraordinarias, como los alrededores de agujeros negros o las fusiones de objetos compactos.
Actualmente, los astrofísicos utilizan simulaciones realizadas con supercomputadoras para investigar estos acontecimientos. Los cálculos permiten anticipar las ondas gravitacionales, pequeñas perturbaciones del espacio-tiempo que instrumentos como LIGO pueden detectar.
La reconexión gravitatoria podría aportar herramientas adicionales para comprender cómo se reorganizan los campos gravitatorios y cómo cambia el intercambio de energía en estos sistemas. Sin embargo, existe una distinción fundamental: los científicos todavía no han observado directamente una reconexión gravitatoria en el universo.
El trabajo presenta un marco teórico derivado de la relatividad general, no una demostración experimental de que el espacio-tiempo se fracture físicamente. Tampoco significa que las ecuaciones de Einstein fueran incorrectas. Al contrario, el descubrimiento muestra que todavía contienen propiedades matemáticas capaces de aportar nuevas perspectivas sobre la gravedad.
El próximo desafío será aplicar esta teoría a escenarios astrofísicos concretos y determinar si produce efectos medibles, especialmente en las señales de ondas gravitacionales. Más de cien años después de su formulación, la relatividad general sigue ofreciendo resultados inesperados. Esta vez, la sorpresa no llegó de un telescopio ni de una nueva observación espacial, sino de una forma diferente de leer las ecuaciones con las que Einstein describió el universo.