Vale una aclaración sobre el momento de este hallazgo: aunque la noticia sigue circulando, el estudio se publicó originalmente el 25 de marzo de 2026 en la revista Nature, bajo el título Correlaciones superlumínicas en conjuntos de singularidades de fase óptica. El trabajo estuvo liderado por el físico Ido Kaminer, del Technion, el Instituto Tecnológico de Israel, con la colaboración de investigadores del MIT, Harvard, Stanford, el ICFO de Barcelona, la Universidad de Milán-Bicocca y el SIOM de China: ocho instituciones repartidas en cuatro continentes.
El fenómeno que el equipo logró medir directamente ya había sido predicho en la década de 1970 por los físicos John Nye y Michael Berry, pero hasta ahora nadie había conseguido comprobarlo de forma experimental.
Qué son exactamente estos puntos de oscuridad
El nombre técnico del fenómeno es singularidades de fase óptica: puntos dentro de una onda de luz donde su amplitud cae exactamente a cero. Según explicó Tomer Bucher, uno de los integrantes del equipo, esos puntos cero son literalmente lugares de oscuridad completa incrustados dentro del propio campo de luz. Se trata de vórtices, un fenómeno común en la naturaleza que también aparece en olas del mar, en corrientes de aire, o al revolver una taza de café.
Para poder observarlos con la precisión necesaria, el equipo no trabajó con haces de luz propagándose en el vacío, sino que buscó estas singularidades dentro de láminas de nitruro de boro hexagonal, un material bidimensional de apenas un átomo de espesor. En ese material, las ondas de luz viajan en forma de polaritones, entidades híbridas que surgen de la interacción entre el campo eléctrico de un fotón y los electrones del propio material, y que se desplazan mucho más lento que la luz en el vacío, algo clave para poder filmarlas en detalle.
Cómo lograron filmar algo tan rápido y tan pequeño
El equipo utilizó avances recientes en microscopía electrónica ultrarrápida para registrar, en tiempo real, cómo nacían, se movían y finalmente se aniquilaban estas singularidades dentro del material. Del total de puntos de oscuridad rastreados, el 29% superó la velocidad de la luz, con una velocidad promedio de aproximadamente 1,04 veces esa velocidad límite, un resultado que confirmó de manera directa la predicción teórica planteada medio siglo atrás.
Por qué esto no rompe la teoría de la relatividad
La clave para entender por qué esto no contradice a Einstein está en qué es exactamente lo que se mueve. Estas singularidades son vacíos, ausencias puntuales dentro de un patrón de onda: no contienen materia, ni energía, ni información, por lo que no están sujetas al límite cósmico de velocidad que impone la relatividad. La teoría de Einstein prohíbe que la materia, la energía o la información viajen más rápido que la luz, precisamente porque eso rompería la relación de causa y efecto; pero un patrón, una sombra o una proyección puede desplazarse a cualquier velocidad sin que ningún objeto físico haya recorrido realmente esa distancia.
Un ejemplo cotidiano ayuda a entenderlo: si apuntás con un láser hacia la Luna y movés apenas la muñeca, el punto de luz sobre la superficie lunar puede recorrer cientos de miles de kilómetros en una fracción de segundo, superando técnicamente la velocidad de la luz. Pero ningún fotón individual hizo ese viaje: cada fotón que sale del láser sigue viajando exactamente a la velocidad de la luz. Lo que se desplaza tan rápido es apenas el punto de impacto, una proyección, no un objeto físico. Las singularidades ópticas del estudio funcionan bajo el mismo principio.
Qué utilidad tiene más allá de la curiosidad
Kaminer remarcó que la técnica de microscopía desarrollada para este experimento podría permitir estudiar procesos ocultos en física, química y biología, revelando por primera vez cómo se comporta la naturaleza en sus instantes más rápidos y esquivos. Según los propios investigadores, el mismo enfoque podría aplicarse para mapear defectos topológicos a escala nanométrica en superfluidos, superconductores, ondas acústicas y otros sistemas ondulatorios, mucho más allá del campo específico de la óptica.