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Ciencia

Los humanos de la Edad de Hielo no cazaban mamuts al azar: el ADN de 521 ejemplares revela que iban a buscar específicamente a las hembras

Durante casi dos siglos, los científicos discutieron si las enormes pilas de huesos de mamut halladas en Europa se formaron por causas naturales o por la mano humana. Un análisis genético a gran escala acaba de inclinar la balanza, y de paso reveló algo que nadie esperaba: los cazadores del Pleistoceno no elegían presas al azar, tenían una preferencia clara y sostenida por las hembras
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Los mamuts lanudos fueron uno de los objetivos de caza preferidos de los humanos de la Edad de Hielo en Eurasia y Norteamérica. Un solo ejemplar aportaba grandes cantidades de carne y grasa, su piel servía para confeccionar ropa, y sus colmillos y huesos se usaban para fabricar armas, herramientas, objetos artísticos e incluso como material de construcción para refugios.

Desde el siglo XIX, los arqueólogos se preguntaban si las enormes acumulaciones de huesos de mamut halladas en distintos yacimientos reflejaban mortalidad natural o una explotación deliberada por parte de los humanos. Un estudio publicado el 30 de julio de 2026 en la revista Current Biology zanjó buena parte de ese debate.

El ADN de 521 mamuts que resolvió el debate

Un equipo internacional liderado por Hannah Moots, del Centro de Paleogenética de la Universidad de Estocolmo, analizó datos genéticos de 521 mamuts que vivieron a lo largo de los últimos 50.000 años en Eurasia y Norteamérica. De ellos, 100 provenían de 11 yacimientos con acumulaciones de huesos vinculadas a actividad humana, en Polonia, Austria, República Checa, Alemania y Rusia, mientras que los 421 restantes correspondían a mamuts hallados en entornos naturales sin relación con la caza.

El contraste fue contundente: en los yacimientos vinculados a la actividad humana, el 70% de los mamuts analizados eran hembras y el 30% machos. En los entornos naturales, la proporción se invertía casi exactamente: 66% de machos frente a 34% de hembras. David Díez del Molino, coautor del estudio, señaló que gracias a esta comparación ahora se puede inferir que la actividad humana fue el principal factor detrás de estas acumulaciones de huesos.

Por qué elegían hembras y no los machos más grandes

Un macho adulto de mamut podía pesar hasta 6 toneladas y medir 3,4 metros de altura, frente a las 4 toneladas y los 2,9 metros de una hembra adulta. Aunque resulta tentador asumir que los cazadores apuntaban a las hembras simplemente por ser más pequeñas, Moots advirtió que la explicación real podría ser más compleja.

Tanto en mamuts como en elefantes modernos, los machos adultos son más solitarios y suelen recorrer territorios mucho más extensos. Si los mamuts lanudos vivían en manadas lideradas por hembras, como ocurre con los elefantes actuales, esos grupos podrían haberse desplazado de forma más predecible y estacional, lo que habría facilitado que los pueblos de la Edad de Hielo localizaran repetidamente a las mismas manadas.

Las manadas matriarcales y las tácticas de caza

Todo indica que las manadas eran matriarcales, formadas por hembras adultas y crías de ambos sexos. Love Dalén, coautor del estudio, planteó otra hipótesis complementaria: podría haber sido más fácil acorralar a una manada con crías, donde las hembras se mostrarían más reacias a huir para proteger a sus cachorros.

Los cazadores probablemente aprovechaban también el propio relieve del terreno, guiando a los animales hacia trampas naturales como acantilados o zonas pantanosas. Díez del Molino imaginó a los grupos usando el barro o las ciénagas para inmovilizar a los animales antes de atacarlos con lanzas, dardos o flechas.

El hallazgo genético inesperado: un mamut con síndrome de Turner

Entre los 521 genomas analizados, el equipo identificó un caso particular en la isla de Wrangel, frente a la costa de Siberia: un mamut que no era genéticamente XX (hembra) ni XY (macho), sino que presentaba una combinación conocida como mosaicismo X0/XX, en la que algunas células tienen una sola copia del cromosoma X y otras tienen dos. En humanos, esa misma condición se conoce como síndrome de Turner, y esta fue la primera vez que se documentó en una especie extinta.

Precisamente en Wrangel sobrevivió la última población conocida de mamuts lanudos, aislada y con altos niveles de endogamia, hasta su desaparición definitiva hace unos 4.000 años, mucho después de que el resto de la especie se extinguiera al calentarse el clima y transformarse los pastizales abiertos donde se alimentaban en bosques y tundra húmeda.

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