Chichen Itz√°, en la actualidad.
Photo: John Romkey / Flickr

El colapso del imperio maya sigue siendo un misterio. Entre las hip√≥tesis que se barajan parta explicar el s√ļbito y brutal declive de esta civilizaci√≥n est√° la sequ√≠a y la deforestaci√≥n. Un nuevo estudio no solo confirma este √ļltimo punto, sino que da una idea de hasta qu√© punto los mayas destrozaron el medio ambiente.

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En alg√ļn momento de los siglos octavo o noveno de nuestra era, cuando la civilizaci√≥n maya estaba en su esplendor (lo que se denomina periodo maya cl√°sico en arqueolog√≠a). En pocos a√Īos, ese esplendor se vino abajo. Los Mayas abandonaron ciudades enteras, muchas de las cuales a√ļn siguen ocultas bajo la selva, y se desplazaron al norte.

Cuando hoy pensamos en la civilizaci√≥n maya, a menudo imaginamos sus ciudades rodeadas de densa vegetaci√≥n y frondosos √°rboles, pero en realidad no es as√≠. Esos √°rboles crecieron en los siglos siguientes a su colapso. La cruda realidad es que las ciudades mayas crecieron sin ning√ļn tipo de control y la tala de √°rboles a la que sometieron su entorno fue tan descontrolada que cuando lleg√≥ la sequ√≠a el medio ambiente que les daba de comer estaba da√Īado de manera irreparable.

La ciudad de Calakmul no estaba rodeada de vegetación como ahora.
Photo: Philipp N / CC

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La teor√≠a de la deforestaci√≥n se viene barajando desde hace a√Īos, pero nunca hasta ahora se hab√≠a podido cuantificar. Un nuevo estudio geoqu√≠mico publicado en Nature Geoscience¬†ha medido por primera vez la tala provocada por los mayas y es sencillamente brutal. Las selvas sufrieron un destrozo tan intensivo que a√ļn hoy, m√°s de mil a√Īos despu√©s, no se han recuperado por completo.

Sí, los árboles y la vegetación que hoy rodean a las pirámides y ciudades mayas son solo un pálido reflejo de lo que había antes. El geoquímico y principal autor del estudio Peter Douglas ha llegado a esa conclusión tras analizar la huella de carbono que la vegetación deja en el suelo.

Las plantas absorben el CO2 del aire y lo transfieren a sus tejidos y al suelo, donde sigue presente durante miles de a√Īos. Analizando la cantidad y antig√ľedad de las mol√©culas de di√≥xido de carbono en diferentes estratos del suelo, Douglas ha podido determinar que la cantidad de CO2 que el suelo absorbi√≥ durante el auge del imperio maya descendi√≥ abruptamente entre un 70 y un 90%. Semejante ca√≠da solo se explica si la vegetaci√≥n se elimina de manera sistem√°tica y extensiva.

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El estudio no solo tiene implicaciones arqueológicas. También aporta datos muy interesantes sobre nuestro propio futuro. Douglas explica que la destrucción de bosques contribuye a incrementar la huella de C02 a escala global y la reforestación puede no ser un remedio suficiente si no se aplica lo bastante rápido y el suelo ya ha perdido su capacidad para retener dióxido de carbono. [Nature Geoscience vía Express]