El plástico también ha llegado hasta las nubes
Los microplásticos han aparecido prácticamente en todos los ambientes estudiados y la atmósfera no es una excepción.
Partículas liberadas por neumáticos, textiles, residuos degradados y superficies plásticas pueden ser levantadas por el viento y transportadas durante grandes distancias. Incluso el océano puede devolver partículas plásticas a la atmósfera mediante aerosoles generados por las olas.
Una vez suspendidas, algunas alcanzan altitudes donde se forman las nubes.
Ya existen pruebas directas. Investigadores encontraron microplásticos en agua de nubes recogida en el monte Tai, en China, con una concentración media de 463 partículas por litro de agua de nube. Otros estudios los detectaron en nubes sobre montañas japonesas situadas hasta casi 3.800 metros de altitud.
Pero encontrarlos allí era solo el comienzo.

– Youtube.
Algunos pueden ayudar a formar hielo
Las nubes no están compuestas únicamente por vapor de agua.
Para generar gotas y cristales, las moléculas de agua suelen necesitar pequeñas partículas sobre las que condensarse o congelarse. Polvo mineral, sales marinas, hollín y partículas biológicas cumplen normalmente esa función.
Los microplásticos podrían incorporarse a esa lista.
Experimentos publicados en Nature Communications comprobaron que partículas de polietileno, polipropileno, poliestireno y PET pueden favorecer la condensación de agua y actuar como núcleos para la formación de hielo bajo determinadas condiciones atmosféricas.
Otro estudio encontró que algunos microplásticos permitían que las gotas comenzaran a congelarse alrededor de los −20 a −23 °C, temperaturas más altas que las necesarias para que agua extremadamente pura se congele espontáneamente.
Cuanto más envejecen, más complicada se vuelve la historia
Una partícula de plástico recién fabricada no es igual a otra que lleva meses o años expuesta al ambiente.
La radiación solar, el ozono y otros procesos modifican químicamente su superficie. Pueden aparecer grietas, poros y nuevos grupos químicos capaces de alterar la forma en que el agua interactúa con el plástico.
Y aquí los resultados son complejos.
Algunos experimentos han observado que determinado envejecimiento atmosférico reduce la capacidad de ciertos plásticos para nuclear hielo. Otros muestran que la fragmentación, formación de nanoporos y transformación química pueden aumentarla considerablemente.
Un estudio publicado en 2025 en Journal of the American Chemical Society estimó que la fragmentación de microplásticos podría llegar a incrementar hasta un orden de magnitud la concentración de cristales de hielo asociada a estas partículas bajo determinadas condiciones modelizadas.
Scientists have detected #microplastics in clouds above mountains, which could affect cloud formation and #weather. Read more: https://t.co/zviqMxOCQx @EnvSciTech @ACSPublications #Chemistry #Research pic.twitter.com/VlzQBJbrph
— American Chemical Society (@AmerChemSociety) November 26, 2023
¿Eso significa más tormentas?
Aquí es donde hay que ser especialmente prudentes. Modificar la cantidad de cristales de hielo dentro de una nube puede afectar su duración, sus precipitaciones y la cantidad de radiación solar que refleja, todos ellos procesos relevantes para el clima.
Sin embargo, todavía no se ha demostrado que los microplásticos estén provocando lluvias torrenciales o inundaciones a escala global.
Su concentración atmosférica sigue siendo mucho menor que la de otros aerosoles naturales y antropogénicos, y los científicos todavía necesitan determinar cuánto contribuyen realmente frente al polvo, las sales marinas, el hollín o las partículas biológicas.
Lo que sí sabemos es que el plástico ya participa en un lugar del planeta donde hasta hace pocos años apenas se lo tenía en cuenta: el interior de las propias nubes.
Y descubrir hasta qué punto esas partículas están modificando la formación de hielo, la lluvia y el balance energético de la atmósfera se ha convertido en una nueva pieza del enorme problema global de los microplásticos.