Es muy probable que la vida fuera muy difícil para Shanidar A, un neandertal que vivió hace unos 75.000 años. En primer lugar, porque sufrió heridas en el rostro al punto de que se le partió un diente y otros quedaron torcidos. Pero sobrevivió. Luego, una lanza de madera le perforó el omóplato, y tal vez también el pulmón y las arterias. Y entonces, Shanidar A murió.
Sus restos sobrevivieron a las pruebas del tiempo, y permitieron que los investigadores encontraran los huesos de Shanidar A y conocieran su historia. En un trabajo publicado hoy en Scientific Reports los arqueólogos describen las inusuales heridas de Shanidar A, uno de los cinco neandertales sepultados juntos en la Cueva Shanidar de Kurdistán iraquí. Los restos estaban fragmentados, pero lo suficientemente bien preservados como para que el equipo pudiera identificar una mano derecha, dos costillas del lado izquierdo, un fragmento de costilla derecha y siete dientes, algunos de ellos partidos o rotados hacia adentro. Había una escápula (hueso plano y ancho del hombro) con un agüero redondo de unos 15 milímetros, probablemente causado por una lanza. La investigación demostró que las lesiones del rostro ocurrieron cuando todavía vivía, en tanto que la herida del hombro fue probablemente la que causó su muerte.
“Lo más notable es que vemos evidencia de dos facetas contrastantes de la naturaleza humana, el cuidado y la violencia, en un mismo individuo”, le dijo a Gizmodo Emma Pomeroy, autora principal del trabajo y bioantropóloga de la Universidad de Cambridge, Reino Unido.

La vida en las cavernas y su estudio
El arqueólogo de Cambridge Graeme Barker ha estado directamente involucrado en excavaciones en sitios de ocupación humana prehistórica que la arqueología ha estado explorando desde la década de 1950. Barker, también coautor de este nuevo trabajo, le dijo a Gizmodo que en el pasado los académicos e historiadores solían estar en favor de uno de los extremos en lo que se iba conociendo sobre los neandertales. Por un lado los prehistoriadores del siglo XIX describían sus vidas como “salvajismo” sin cultura. Y por otra parte los académicos del siglo XX insistían en que eran “pacíficos que compartían los alimentos en lugar de acumularlos”.
“Es evidente que ambas versiones eran simplistas”, dijo Barker. “Eso no significa que fueran como nosotros, sino que nos demuestra que había otras formas de ser humanos y que no somos únicos en nuestras capacidades de ayudar y también, de herir al otro”.
Añadió que es una de las lecciones de este reciente trabajo. La Cueva Shanidar ha sido central en los debates sobre los neandertales. En este trabajo el equipo identificó dos fases principales de la ocupación neandertal: hace unos 75.000 años, y más tarde otra vez, hace unos 45.000 a 50.00 años. Shanidar A, que tendría unos 45 años al momento de su muerte, estaba sepultado con al menos cuatro individuos más, ubicados tras una roca alta que sugiere “un tratamiento significativo de los muertos”, explicó Pomeroy.

Además, este grupo de huesos incluye los que interpretó Ralph Solecki, arqueólogo estadounidense que encabezó las primeras excavaciones en Shanidar, como individuos sepultados con flores, basándose en la evidencia del polen. Esa relación en particular probablemente sea incorrecta gracias a lo que hoy se sabe, indica Barker,pero la «evidencia combinada” de las excavaciones pasadas y nuevas reenciende el debate de los rituales fúnebres de los neandertales.
¿Buena suerte? ¿O mala?
Shanidar A muestra al mismo tiempo “el costado más violento de la vida neandertal”, y por eso los hallazgos son fascinantes, dijo Pomeroy. El equipo consideró muchas situaciones, como la acción de las raíces, los animales que construyen madrigueras, el daño causado por las excavaciones, para explicar qué fue lo que pudo haber creado un agujero redondo tan perfecto. Los investigadores compararon también ejemplos de heridas causadas por lanzas en escápulas de humanos y animales.
“La ciencia nos lleva al punto de mostrarnos la muerte causada por una lanza. Más allá de las especulaciones, como el haber tropezado y caído sobre la lanza, al ataque de otro neandertal del mismo grupo o uno vecino, hasta una pelea con un Homo sapiens”, concluyó Barker.

En cuanto a la lesión en el rostro, los investigadores ya habían hallado señales de lesiones cicatrizadas en neandertales y humanos modernos, incluyendo heridas físicas pero también artritis, infecciones de huesos o diferencias en el desarrollo. Por lo tanto se puede suponer que cuidaban los unos de los otros cuando era necesario aunque también es posible que “los enfermos o heridos no lograran arreglárselas y su grupo social quizá los marginara y simplemente tolerara su existencia”, dijo Barker.
“Vemos evidencia en todas partes hoy de que la violencia y el cuidado son aspectos de la conducta humana, y lo vemos aquí en Shanidar A también. Los neandertales eran como nosotros en muchos aspectos, lo bueno y lo malo, y este hallazgo destaca que los neandertales no serían hombres y mujeres de las cavernas sin inteligencia. Sus vidas y su conducta eran complejas, como sucede hoy con nosotros”.