Lo que iba a ser un proyecto de modernización se ha transformado en una pesadilla diaria. Las obras para soterrar la entrada a Madrid por la A-5 no solo han multiplicado los atascos, también han convertido el asfalto en un trazado repleto de curvas cerradas, desniveles y muros de hormigón. Con un accidente mortal reciente y vecinos cada vez más hartos, el plan del Ayuntamiento empieza a parecer más un riesgo que una solución.
Un trazado improvisado
El Ayuntamiento prometió que el soterramiento sería compatible con la circulación. Pero nadie explicó cómo se mantendrían las conexiones hacia barrios como Aluche o Lucero. La solución fue un laberinto de desvíos con curvas en S, estrechamiento de carriles y salidas insertadas en medio de giros bruscos. Desde el volante, la sensación es la de estar en un circuito urbano improvisado.

Curvas que asustan
Algunas zonas combinan curvas ciegas con cambios de rasante, muros de hormigón y hasta cruces regulados por semáforos. El caso más extremo está en Campamento, donde se ubica una doble curva en S justo al lado de una salida de gasolinera y de la carretera de Boadilla. Allí falleció un motorista arrollado a principios de septiembre. La peligrosidad es tal que la velocidad máxima se ha limitado a 20 km/h.
Señales pequeñas, riesgos grandes
Otra de las quejas más repetidas es la señalización. Los carteles aparecen solo en la misma salida, con un tamaño insuficiente y sin avisos previos. A esto se suma un agravante: el trazado puede variar de una semana a otra, lo que sorprende a conductores poco habituales. El resultado son giros tardíos, maniobras bruscas y un aumento del riesgo de accidentes.
Vecinos atrapados en la obra
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Más allá del tráfico, las obras golpean la vida cotidiana de los barrios colindantes. Cortes de luz, agua e Internet sin previo aviso, ruido constante de excavadoras y el paso incesante de camiones han convertido el proyecto en un tormento para miles de residentes. Incluso servicios como Bicimad o la red móvil colapsaron por fallos derivados de los trabajos.
¿Solución o problema en aumento?
El Ayuntamiento estudia eliminar algunas curvas para reducir riesgos, pero la desconfianza crece. Lo que debía ser una mejora en la movilidad madrileña se percibe hoy como una improvisación peligrosa que ha dejado un “circuito” urbano en plena entrada a la capital. Entre atascos, accidentes y malestar vecinal, el soterramiento de la A-5 enfrenta su curva más cerrada: recuperar la confianza de los ciudadanos.
Fuente: Xataka.