El mayor parque marino de Europa, Marineland Antibes, cerró sus puertas tras 54 años de actividad. Ahora enfrenta el desafío de realojar a 4.000 animales, incluidas dos orcas cuya reubicación resulta especialmente complicada. Conoce las razones de este cierre y las opciones que se barajan para el futuro de estos ejemplares.
Un adiós tras más de medio siglo
Marineland, ubicado en la turística ciudad de Antibes, en la Costa Azul, ofreció su último espectáculo este domingo, marcando el fin de una era que comenzó en 1970. Sin embargo, la combinación de la ley que prohíbe los espectáculos con cetáceos a partir de 2026 y la notable caída en el número de visitantes, de 1,2 millones anuales a 425.000 en una década, motivaron esta decisión.
El parque reconoció que el 90% de sus visitantes acudían principalmente por los espectáculos de orcas y delfines, lo que hizo inviable su continuidad bajo la nueva normativa.
El destino de las orcas: un dilema

Entre los animales que requieren reubicación, destacan dos orcas: Wikie, de 23 años, y su hijo Keijo, de 11. La opción de liberarlas en el mar fue descartada debido a que no podrían sobrevivir en su hábitat natural tras años de vida en cautiverio.
Inicialmente, se planteó trasladarlas a un parque en Japón, pero el Ministerio de Transición Ecológica francés rechazó esta propuesta, argumentando el estado frágil de las orcas y los riesgos asociados al largo viaje. Además, señaló que los estándares de protección de los cetáceos en Japón no son comparables a los europeos.
Posibles alternativas
El Ministerio sugirió la opción de un parque marino en Tenerife, en las Islas Canarias, aunque esta es solo una de las posibilidades en evaluación. Por otro lado, la asociación de protección animal One Voice propuso un santuario natural en Nueva Escocia, Canadá. Sin embargo, este proyecto aún no está operativo, y no existe en la actualidad un santuario global que pueda acoger a las orcas.
Un cambio en la percepción del público
La ministra de Transición Ecológica, Agnés Pannier-Runacher, destacó que el cierre refleja una evolución en la percepción pública hacia los espectáculos con animales. “Es una tendencia que emerge a nivel internacional”, afirmó, resaltando el cambio hacia prácticas más respetuosas con los animales.
Mientras se evalúan las opciones, el futuro de las orcas y los demás animales de Marineland permanece incierto, reflejando un momento clave en la relación entre los seres humanos y la fauna en cautiverio.