Es posible que Nintendo esté teniendo una estrategia en terreno móvil que es, como mínimo dudosa. Es posible que esté ahora mucho más anquilosada y con menos ideas de lo que estaba hace, por ejemplo, una década. Pero todavía sabe hacer juegos con un estilo indiscutible, y Mario Party 10 es la mejor prueba de ello.

No quiero decir con eso que Mario Party 10 sea excepcionalmente bueno (tampoco es malo), pero sí que respira esa mezcla extraña entre diversión sin más y entretenimiento sin miramientos que, para un público acostumbrado a dejarse los pulgares en títulos como Bloodborne (me he ido a un extremo, lo sé) puede ser bastante refrescante.

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Lo diré de una vez: no es el mejor Mario Party de la historia pero sí se encuentra, con el permiso de Mario Kart y de Super Smash Bros (todos son de Nintendo), entre los mejores título cooperativo que hay ahora mismo para jugar en consolas. Sin más.

Vayamos primero por lo que cambia. Mario Party 10, en su modo principal y comparado con entregas anteriores de la saga ahora es mucho más lineal, los personajes se mueven todos juntos aunque por turnos y la frecuencia con la que aparecen los minijuegos se ha reducido bastante Eso es lo malo. Lo bueno es que, básicamente, acaba por no importarte.

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El objetivo es una vez más conseguir la mayor cantidad de puntos posible, en forma de miniestrellas, antes de llegar al final del tablero. Y hay tal cantidad de atajos, cambios, robos de estrellas, accidentes y eventos entre medias que es perfectamente posible ir primero toda la partida y acabar segundo o incluso tercero en los últimos compases (duele, creedme).

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Dicho de otro modo, la única manera de ganar de manera consistente es ser extraordinariamente bueno en los minijuegos que dependan de tu habilidad, el resto es relativamente aleatorio. Para algunos eso es malo, es posible que por más que se esfuercen un giro desafortunado de dados al final puede que te haga perder la mitad de los puntos. Para mí, en concreto, es más o menos lo que un juego de mesa debería ser y además refuerza el aire casual que tiene el juego. El objetivo no es ganar, sin más, es pasárselo lo mejor posible por el camino.

En esta ocasión se añaden además otros dos modos extra: el Bowser Mode, que aprovecha las posibilidades del mando de la Wii U y el Amiibo Mode, que permite jugar y experimentar con Amibos.

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En el primero, el jugador con el gamepad se pone en la piel de Bowser y tiene que ir persiguiendo al resto de jugadores por el tablero. Si lo consigue, minijuego al canto. Es divertido, y probablemente el modo más original que ha visto la saga en bastante tiempo pero los ajustes que evitan que o bien los personajes no avancen demasiado o bien Bowser no se los encuentre a cada poco no están muy afinados. El resultado son partidas donde o los jugadores van todo el rato por delante y apenas caen un par de minijuegos o Bowser se los come todo el rato y acaban por morir antes de alcanzar la Estrella final.

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Con el modo Amiibo pasa algo parecido. Requiere, cada poco tiempo y para cada jugador, tocar el Amiibo contra la esquina NFC del gamepad y estar pasando el mismo entre jugadores. Al cabo de un tiempo es directamente aburrido.

Ah, y si estás aburrido o directamente no te apetece tragar las esperas entre minijuegos de los otros modos, pueden jugarse uno detrás de otro escogiendo la opción en el menú principal.

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Con Mario Party 10 no hay un término medio claro, entretendrá sin complejos a los más pequeños y divertirá al grupo de adultos informal que esté buscando un título asequible, fácil de entender y sin pretensiones. El juego que sale a relucir en un evento con amigos o con la familia. Para el resto, si es que están buscando algo más arcade y exigente, probablemente se quede algo corto. Cuesta algo más barato que un triple AAA, $40 dólares/40€ aunque puede encontrarse más barato en sitios como Amazon.

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